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Procedente del audiovisual, imparte conferencias, presenta ponencias, escribe artículos e imparte clases. Apasionada de las nuevas tecnologías.

La Casa de Correos, la obra interminable

Un proyecto para modernizar la ciudad que tardó casi dos décadas en hacerse realidad ante una ciudad que nunca entendió
Precioso exterior de la Casa de Correos en la actualidad. M. BARÁ
Precioso exterior de la Casa de Correos en la actualidad. M. BARÁ

En 1908 el ministro de Gobernación, Juan de la Cierva, anunciaba que en breve se haría público un concurso para la construcción y reparación de un edificio destinado a correos y telégrafos en nuestra ciudad. Su plan a nivel nacional era unir todas las poblaciones importantes por medio del teléfono y el telégrafo y reorganizar el servicio de correos "utilizando todos los medios de locomoción que aumenten y aseguren la rapidez de las comunicaciones postales".

En 1910 en Pontevedra ya se buscaba un solar para la construcción del edificio y el marqués de Riestra ofrecía tres opciones: un solar cerca de la Audiencia en la calle marqués de Riestra; un solar entre A Oliva y García Camba; y un gran jardín contiguo a esta última propiedad. Un año después se presentaban oficialmente a la convocatoria, con diferentes solares José Ozores Barcala, Ramón Armada, Marcelino Candendo y el marqués de Riestra.

Entre tanto, durante su mandato como alcalde, Javier Puig Llamas negoció personalmente en Madrid la construcción de la Casa de Correos y Telégrafos con el Director de Comunicaciones, el también pontevedrés Bernardo Mateo Sagasta: "Mucho nos felicitamos de esta nueva mejora para Pontevedra debida á la feliz iniciativa del ilustre hijo de este pueblo Sr. Sagasta y á las afortunadas gestiones que acaba de realizar en Madrid el Sr. Puig".

El Consejo de Ministros aprobó en 1911 un expediente para la construcción y el solar seleccionado fue el ofertado por Riestra que constaba de una casa y una parcela. El solar había pertenecido a Miguel Gay García Camba, un conocido juez que ocupó relevantes cargos en Pontevedra, entre ellos el de presidente del Liceo Casino en 1903. Ese mismo año se firmó un contrato entre el Estado y el ayuntamiento de Pontevedra al que representó el diputado por nuestra ciudad Eduardo Vincenti.

En 1912 el ayuntamiento compró los terrenos al marqués de Riestra y los cedió al Estado, que aportaría el coste del proyecto mediante pagos fraccionados. El solar quedó preparado a la espera del inicio de proyecto y durante este tiempo sucedieron, en la citada finca y cercanías en obras, dos sucesos que conmocionaron a toda la ciudad. El primero fue la desgraciada muerte en una de las zanjas de la calle, que en aquellos momentos estaba llena de agua, de un anciano que apareció ahogado sin que se pudiera hacer nada para salvarle la vida. El otro suceso lo titularon Alarma en la calle de la Oliva, y vaya que si que fue alarmante pues a las siete y media de la tarde "Una niña de doce años decía que se le había acercado un sujeto envuelto en una bufanda encarnada y que a viva fuerza quiso llevarla hasta el pie de obra del Sr. (Manuel) Vázquez (Gil) que se construye en la calle de García Camba. La chiquilla gritó; acudie ron varias personas; el desconocido abandonó a la niña y trepando por uno de los palos del alto aparejo de la obra se ocultó en la paredes de aquella". Acudió la policía, pero el pederasta se había esfumado como por arte de magia.

Volviendo al tema, las bases del concurso de proyectos se hizo pública en 1913 abierta a arquitectos de todo el estado. El solar era un polígono irregular de seis lados con una superficie total de 800 metros cuadrados. El concurso de anteproyectos lo ganó el arquitecto madrileño Carlos Gato Soldevilla con un diseño de corte modernista en competición con otros tres firmados por Antonio Rubio y Luis Mosteiro, Lorenzo Ortíz, Eduardo Rodríguez y Eduardo Lagarte. El jurado consideró que el proyecto de Gato reunía excelentes condiciones con un importe presupuestario a la baja que estableció en 343.910 pesetas; además el ganador se haría cargo de la dirección de obra. Pero la polémica estaba servida ya que el arquitecto establecía unas cláusulas leoninas en su contrato que elevarían el coste de la obra en un plazo de treinta meses.

En 1914 con Andrés Corbal como alcalde se acordó en una sesión que las cantidades transferidas por el Estado para la Casa de Correos debían figurar como ingreso en la caja del Ayuntamiento. Un año después en una sesión del ayuntamiento se adjudicaron las obras al conocido contratista de Xeve Cándido Casalderrey Solla por importe de 339.000 pesetas y ese mismo año comenzaron las obras de desmonte y cimentación.

En 1916 se proyectaron las casas de Correos de Vigo y Ourense. Era ministro del ramo Francos Rodríguez que visitó estas localidades y la obra de Pontevedra pero no se mostró muy contento con la elección del solar. Durante estos años las obras se paralizaron en varias ocasiones por falta de pago del Estado; así, en 1919 el edificio todavía estaba en construcción y en 1923 se paralizaron debido a la deuda acumulada de 200.000 pesetas con el contratista Casalderrey. La prensa de la época ironizaba sobre este asunto: "Poco falta para que la casa de correos se termine; pero a este paso puede que nuestros nietos depositen en ella la correspondencia".

En 1926 los medios daban cuenta de una importante cantidad para finalizar el edificio: "Figuran consignadas 200.000 pesetas para terminar las obras del edificio de Correos y Telégrafos, que desde hace varios años se encuentran paradas. Es de esperar ahora que el magnífico edificio que se levantará en las calle de la Oliva y García Camba, se verá pronto terminado". En julio salieron a subasta de nuevo las obras para terminar el edificio que ganó Modesto Lorenzo presupuestando 2.200 pesetas menos.

Un año después Cándido Casalderrey interpuso una demanda contra el Ayuntamiento por la deuda contraída, que ya ascendía a la enorme cantidad de 300.000 pesetas y que el propio consistorio reconocía. En mayo de 1930 por fin llegaron los muebles para habilitar el interior del edificio que "Lo reclama la comodidad y hasta la salud de los abnegados funcionarios de Correos y Telégrafos que prestan sus servicios en locales viejos, polvorientos, en que se revuelven fatigosamente tragando bacterias y pasando todas las de Cain". Ese mismo año la Comisión municipal permanente anunciaba la subasta urgente de la obra para hacer la acera delante del edificio por un importe de2.921 pesetas.

Pero la historia no acabó aquí porque en diciembre de 1939 todavía no se había resuelto el pago al primer contratista. Su esposa, Margarita Marian García, solicitó al ayuntamiento que "se consignara a su nombre el crédito que figuraba reconocido a favor de su esposo Cándido Casalderrey, por las obra de construcción de la Casa de Correos de esta ciudad". Este es un breve resumen de los que fue en su momento una historia interminable. Un proyecto mal gestionado y plagado de irregularidades.

La Casa de Correos, la obra interminable