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Procedente del audiovisual, imparte conferencias, presenta ponencias, escribe artículos e imparte clases. Apasionada de las nuevas tecnologías.

La familia Maquieira y 'Establecimientos Agustín'

Enrique con su padre, Agustín, su madre y su hermana. FAMILIA MAQUIEIRA
Enrique con su padre, Agustín, su madre y su hermana. FAMILIA MAQUIEIRA

Los MAQUIEIRA fueron una familia de emprendedores que comenzó con una hojalatería en la calle Real. A partir de ahí, hoy tres generaciones de emprendedores forman parte de la historia del comercio local de Pontevedra.

José Maquieira nació en 1870 en Pontevedra y vivió con su familia en la calle Real (después se trasladó al número 12 de O Burgo). Se casó con Filomena Filgueira y tuvieron diez hijos, algunos de los cuales siguieron con los negocios familiares.

José abrió su primer negocio, la Hojalatería Maquieira, en el número 42 de la calle Real y tenía empleados a dos hojalateros que hacían en la trastienda cubos, faroles y contenedores de leche para las lecheras. La hojalata era muy un material al uso en una época en la que no existía el plástico. Con el tiempo José amplió la actividad a la de instalaciones de fontanería, con la que realizaron proyectos para el edificio de Correos y en la Escuela Naval Militar. Tenía un modesto coche para realizar trayectos cortos y así desplazarse a las ferias de los pueblos con la mercancía de la calle Real. Sus hijos continuaron con los negocios: Jesús se dedicó al de la loza y pesca en la calle Real 42; Eladio continuó en Marín con Loza Maquieira; Celestino, que se quedó con la hojalatería y calefacción en la plaza de García Escudero, y Luis Celso, que fue jugador del Pontevedra, abrió un comercio de pinturas. Las mujeres de la familia trabajaban en el comercio de loza de la calle Real. Como era uno de los mayores, Agustín Maquieira Filgueira, hijo de José, se independizó del negocio familiar y en 1942 abrió un almacén dedicado a la hojalatería y loza en la calle Santiña (en la parte posterior del Bar Cuervo), al que llamó Agustín Maquieira. Con la ayuda de su mujer empezó a vender el género por la ferias de los alrededores de Pontevedra: Meis, Moraña, Campo Lameiro, Soutelo de Montes, O Grove, Sanxenxo, Padrón o Redondela. Se casó con Divina Vázquez Cortegoso y tuvieron dos hijos: Enrique y Ana Trinidad.

Al cabo de los años, en 1951, cerró el local de la Santiña y abrió otro en el número 16 de la calle Sierra, frente al Mercado conocido hasta el año 2015 como Establecimientos Agustín, con un enorme almacén que estaba en los bajos del pazo de Mugartegui.

Ya en la tercera generación, el hijo de Agustín, Enrique Maquieira Vázquez, nieto del fundador, estudiaba Comercio en Vigo cuando, en 195,3 falleció su madre en un accidente y su padre, que sufría las secuelas de otro accidente, falleció cuatro años más tarde. Las circunstancias obligaron a Enrique a dejar los estudios con 16 años y ponerse al mando de los negocios familiares, con la responsabilidad que ello conllevaba. "Tenía que mantener los puestos de trabajo", reconoce Enrique, cuya adolescencia no fue nada fácil. Cuando en el año 1955 consiguió el carné de conducir comenzó también a poner un puesto en las ferias. Enrique las recuerda de corrillo: "El lunes en Sanxenxo, martes en Vilagarcía, miércoles en Cambados, jueves en Bueu y viernes en Cangas". Los puestos se ponían con una manta en el suelo y el concello correspondiente les cobraba una pequeña tasa allí mismo.

Compraban mucha mercancía directamente a las fábricas, a las que escribían mediante cartas o pedidos telefónicos, y la mercancía llegaba a Pontevedra en vagones de tren. La recogían los carreteros, que conducían carretas con caballos, desde Campolongo hasta los bajos del pazo para descargar. Enrique recuerda que, al principio, casi todo el género era de barro; viajaban a Breda para comprar tarteras de barro "porque eran de muy buen material", pero con los años la loza fue desplazando este material. Hacia 1955 los viajes, ya con camiones, eran a Valencia para comprar loza y acudían a las ferias locales para vender. Recuerda que tenía una libreta con todos los fabricantes y la referencia de los artículos anotados a mano con los precios en clave: "En vez de tener un ordenador tenía un libro que hacía yo. Y me gustaba, porque así sabía la fecha, la cantidad etc.", explica.

Sus clientes bajaban de los alrededores de Pontevedra a la Plaza de Abastos y Enrique se dio cuenta de la demanda de loza para bodas que había en los alrededores, por lo que decidió ofrecer ese servicio mediante el alquiler de las vajillas. Podían suministrar material para celebraciones de hasta 1.000 comensales, que fue en concreto en el Parador de Cambados. La loza era blanca con una inscripción grabada que ponía "Felicidades". Cuando las bodas se celebraban en casa, los banquetes solían ser de entre 100 y 500 servicios con platos, fuentes, cuchillos, tenedores y copas, llegando a suministrar para dos o tres bodas en la misma semana.

Enrique reconoce que «era un trabajo bastante duro porque hacían también las ferias de los alrededores todos los días de la semana. Si llovía te mojabas y si hacía sol te quemabas». Al volver de las ferias cargaba el coche con la loza de las bodas: entregaba el material dos días antes y lo recogía dos días después para que a los clientes les diera tiempo a lavarlo todo. Cuando lo recogían tenían que contar de nuevo las piezas.

Como los intermediarios se quedaban con mucho dinero, Enrique compraba directamente a las fábricas por toda España, y como en 1960 todavía tenían los coches del año 1937, compraron una furgoneta DKV con matrícula PO-28839. Con ella viajaron a Manises, Segovia, Santander, Vigo (Álvarez), Sevilla (La Cartuja), Lugo (Sargadelos), A Coruña (Porcelanas El Castro) y más tarde compraban en Pontesa. Para hacer el trayecto a Valencia salían de Pontevedra con la furgoneta a las cuatro de la mañana y llegaban a destino sobre las siete de la tarde. "Los botijos de barro blanco que comprábamos en Alicante eran los mejores porque el agua no sabía a barro y cargábamos mil botijos en la furgoneta. Algunos se los vendíamos a la ferretería Silva", explica Enrique.

Carmen Filgueira en el establecimiento de Galerías. FAMILIA MAQUIEIRA

Vendían también lámparas. Enrique sonríe al recordarlo porque también las instalaba y a veces no encendían, pero se arreglaba con un poco de maña. En 1961 se casó con Carmen Filgueira Rodríguez, con la que tuvo dos hijas: Pilar y María del Carmen. Ese mismo año abrieron en el número 20 de las Galerías Oliva otro establecimiento de regalos que regentó su mujer durante 42 años hasta su cierre, en 2003. Para Enrique, su mujer supuso una gran ayuda en el negocio familiar. El declive del comercio de Galerías empezó cuando en las listas de bodas se empezaron a poner cuentas bancarias para hacer los regalos. Hacia finales de los años setenta dejaron de alquilar loza para bodas.

Enrique es una caja de sorpresas porque también fue taxista desde 1969, cuando a su cuñado le concedieron una licencia y se la traspasó. Como no tenía el coche le compró a Cholo, jugador del Pontevedra, un 1.500 de segunda mano. Hasta el año 2002, cuando cerraba la tienda por la noche, se subía al taxi con el número 76, y así durante 32 años. Recuerda haber llevado a Lola Flores, con su marido y su madre, desde el hotel Rías Bajas al aeropuerto de Santiago: "Encantadores", comenta Enrique. Como anécdotas cabe destacar que una mujer dio a luz dentro del taxi y en otra ocasión llevó a su pueblo a una difunta sentada y flanqueada por sus hijas.

Enrique se jubiló recientemente, con 79 años, y Carmen, su mujer, dice que echa de menos el negocio porque el establecimiento de la calle Sierra también era lugar de reunión y tertulias, aunque sigue abierto como Cristaloz Agustín. Por cierto, a Enrique la gente le conoce como Agustín, aunque realmente ese era el nombre de su padre. Gracias a Enrique y su familia por contarnos este pedacito de la historia de nuestra ciudad.

Fuentes: Charla con Enrique Maquieira, Carmen Filgueira Rodríguez y Pilar Maquieira Filgueira.

La familia Maquieira y 'Establecimientos Agustín'
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