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Procedente del audiovisual, imparte conferencias, presenta ponencias, escribe artículos e imparte clases. Apasionada de las nuevas tecnologías.

Melero, cien años en la industria del calzado

Sinforiano Melero fue un emprendedor y político que calzó a cientos de pontevedreses durante casi cien años. El edificio de la fábrica de zapatos y vivienda todavía lo podemos ver en la calle Peregrina
Sinforiano Melero y su mujer Antonia con alguno de sus hijos. FAMILIA MELERO
Sinforiano Melero y su mujer Antonia con alguno de sus hijos. FAMILIA MELERO

Pontevedra, una vez que desapareció el negocio de la pesca que la enriqueció durante siglos, pasó por décadas de trabajo artesanal y retraso hasta que se a finales del s. XIX y principios del s. XX se convirtió en una ciudad de comerciantes e industriales emprendedores entre los que destacaron apellidos como Olmedo, Melero, Varela, Ruibal, Quiroga, Francisco Viñas, Antúnez o Arturo Carrillo que sin duda formaron parte muy activa de la recuperación económica de la ciudad.

Uno de ellos fue Sinforiano Melero Guerra que nació en Villamiel (Palencia) el veintidós de agosto de 1863. Sinforiano visitaba Pontevedra por motivos de negocios y conoció a la que más tarde sería su mujer, propietaria de un comercio en la calle de A Oliva. Era Antonia Pereira Pereira con la que se casó en San Bartolomé el ocho de agosto de 1889. Tuvieron nueve hijos, pero sólo sobrevivieron cuatro: Eduardo (1890), Ricardo (1891), Sinforiano (1892) y Pilar (1896). Sinforiano Melero Pereira, se casó en Tomiño con Mercedes Granja Portas en 1918. Fue funcionario del Banco de España, puesto que ganó por oposición en 1915 y llegó a ser Interventor del Banco de España en Ourense. Su hija Pilar se casó con José Gabaldón Navarro y tomó el relevo del negocio familiar de calzado su hijo Ricardo Melero Pereira, casado con Mercedes Cid Avendaño.

melero

Ricardo Melero Pereiro y su esposa Mercedes Cid. FAMILIA MELERO

Sinforiano en 1897 ya se anunciaba como comercio de curtidos, calzados, alpargatas y otros artículos en el local de la calle de A Oliva, propiedad de su mujer; botas para caballero, señora y niño a precios muy baratos "todos los materiales garantizo que son de primera calidad" y regalaba 100 pesetas si alguien le demostraba lo contrario; toda una revolución teniendo en cuenta que la exitosa campaña del El Corte Inglés en los años setenta se quedaba en: "Si no queda satisfecho le devolvemos su dinero". Ese mismo año en el escaparate del comercio de Mariano Lozano se exponía un "magnífico retrato al óleo de Sinforiano", obra del prestigioso pintor de Almansa Adolfo Sánchez Megías, cuya familia se dedicaba también a la industria del calzado.

El calzado le llegaba a los Melero al puerto de Marín en barcos; en concreto, hay referencias en 1898 de la llegada del Vapor Gijón con tres cajas de calzado y del Vapor Anselmo, procedente de Barcelona, con una caja de hilos. En aquel momento en la ciudad existían varios comercios de calzado como el de José Vázquez Chavarrías en el número 8 de la calle Real, La Inglesa de Francisco Cés Bravo en calle Constitución y Real 12 y 31 o calzados La Gallega.

A principios del s. XX el papel de la prensa en la ciudad era decisivo; así, en 1903, Melero inició una campaña de anuncios con motivo de relanzar el negocio en la calle de A Oliva 43 de paquetería quincalla, mercería y almacén de calzado que decía así: "Los calzados son de fabricación especial para esta casa, siendo los más sólidos, más elegantes y más baratos de España". Para la ocasión llegó a poner un anuncio en el diario ABC en busca de un dependiente, "Se necesita perfectamente práctico en los artículos de Paquetería, Quincalla y Calzado".

En su establecimiento se recaudaron aportaciones para financiar la compra de una talla en 1915 de un Cristo yacente para la procesión del Santo Entierro, obra del escultor catalán Juan Carrera i Dellunder para San Francisco, que "representa el cadáver del Redentor con el cuerpo desnudo y en parte cubierto por el sudario,echado sobre un anda lisa pintada de blanco con adornos de oro".

Para ampliar el negocio, en 1922 compró una parcela a la familia Ozores y Ozores a las afueras del centro de la ciudad, en la calle Peregrina 43 en el actual edificio de la Cafetería Central, por importe de diez mil pesetas. Construyó un edificio singular en el que en la planta baja instaló la fábrica de alpargatas y en las plantas superiores vivía la familia. Melero hacía zapatillas de esparto artesanalmente sobre bancos de madera en los que se hilaba el cáñamo entre grandes clavos para posteriormente coser la suela con enormes agujas para las que había que usar guantes de cuero reforzado. Después se enjabonaba el cáñamo se metía en el horno durante un tiempo y las lonas para terminar la alpargata procedían de Andalucía.

Sinforiano, que se integró por completo en la sociedad pontevedresa, ocupó diferentes cargos en la Cámara de Comercio, desde vocal a tesorero en (1899, 1903, 1910, 1912), lo que le permitió ser elegido candidato en a las elecciones municipales de en 1911, al quedar vacantes varias concejalías. Se presentó con la candidatura monárquica por el distrito de Santa Clara, parroquia de San Bartolomé, con José Lino Martínez y el comerciante Arturo Carrillo, saliendo elegidos como concejales en la votación. Fue miembro de la comisión permanente creada para la celebración de la fiesta de la Peregrina por la Cámara de Comercio en 1910 y Primer Vicepresidente del recién creado Círculo Mercantil (1911). En 1928 fue concejal y Teniente de Alcalde durante el mandato de Remigio Hevia, además como delegado de la Policía Urbana y Jardines y vocal de la Junta local de primera enseñanza. Un año después, en septiembre, Sinforiano se vio forzado a dimitir de sus cargos y responsabilidades en el ayuntamiento por motivos de salud.

En 1930 como vecino trató con Zacarías Martínez, Arzobispo de Santiago, la polémica demolición definitiva y traslado de la iglesia de Virxe do Camiño, debido a la presión urbanística, acompañando al alcalde Sr. Casqueiro.

Sinforiano Melero Guerra falleció en Pontevedra diciembre de 1939. Su hijo Ricardo ya se había hecho cargo con anterioridad del negocio. Al fallecer este en 1954, su hijo Antonio Melero Diz se quedó con el almacén de calzado, que estaba al fondo del Bar Premio, y su otro hijo Enrique abrió dos comercios de calzado en los bajos de la casa familiar. En los años sesenta el negocio aparece como Almacenes Melero, conviviendo con calzados Tilma o Pedestal; la producción artesanal decae para dar paso a otro tipo de zapatos con nuevos materiales. Enrique, que falleció en 2009, mantuvo el establecimiento de venta de calzado en activo hasta el año 1995 aproximadamente.

Melero, cien años en la industria del calzado