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Procedente del audiovisual, imparte conferencias, presenta ponencias, escribe artículos e imparte clases. Apasionada de las nuevas tecnologías.

El misterioso asesinato de Secundino Esperón

Un crimen nunca resuelto que truncó la vida del contratista, y apasionado de las carreras de coches; un hombre que llevó cada minuto de su vida al límite ►La calle Rouco llevó su nombre durante décadas en donde estuvo la sede del Diario de Pontevedra

La Abundancia en la calle Progreso (Benito Corbal). FAMILIA LANDÍN
La Abundancia en la calle Progreso (Benito Corbal). FAMILIA LANDÍN

El conocido como ‘el as del volante’ fue chofer de Fonseca y contratista de obras de carreteras. Con una vida digna de una novela hasta el final porque lo mataron en el Bar Puñalada.

Secundino Esperón Esperón nació en 1897 en Curro (Campolameiro) y de niño ya apuntaba maneras; a los once años era atendido en las dependencias de la Cruz Roja por una herida de dos centímetros en la frente y a los trece, de una herida de tres centímetros en el labio por una pedrada.

Trabajó como chofer de Luis Fonseca durante unos años y, fuera de horas de trabajo, usaba su coche, un precioso Chandler blanco descapotable. A Secundino le gusta la velocidad, por lo que participaba en las carreras de automóviles de Vigo, en categoría libre, con el coche de su patrón. Multado en numerosas ocasiones por exceso de velocidad, ya sea en coche o con su moto «con el escape libre», un día sí y otro también ingresaba las multas de 25 pesetas. Tan famoso era que a veces se le adjudicaban infracciones que habían cometido otros conductores.

Un día, al volver de San Xurxo de Sacos volcó el coche por exceso de velocidad quedando los cuatro ocupantes heridos bajo el mismo. Con 33 años casi se decapita en O Burgo cuando se llevó por delante un cable del tendido eléctrico que estaba suelto: "Presentaba una herida de dos centímetros en el cuello y una erosión de siete centímetros alrededor de la misma". La lista de incidentes es interminable.

Secundino EsperónPara crear más expectación, según reseñaba El Progreso, en el verano de 1928 se anunciaba en la plaza de toros, a beneficio de la Residencia de Estudiantes de Santiago: "El popular as del volante Secundino Esperón se propone sacar el mayor lucimiento posible con la moto en la que rejoneará uno de los novillos". El día de autos, Secundino cancelaba su actuación alegando «que no era por falta de valor, pues lo mismo rejonea un Miura que agarra el volante de un coche a 2.000 kilómetros por hora», declaraba.

Secundino era de armas tomar. En una ocasión, durante la huelga de 1913, la Guardia Civil le sorprende en Poio Grande con otro chaval. Ambos "detenían a las lecheras, impidiendo que no entrasen en la ciudad y arrojándoles la leche al suelo". Cuentan de Secundino que, "además de realizar las oraciones relatadas, amenazó a un vecino de Pontevedra, el cual se hallaba en el citado lugar de Poyo con objeto de comprar leche, asegurándole que no llegaba a la ciudad con el líquido".

En 1926, Manuel Guimil dio parte de que un tal Secundino Esperón "le había amenazado con una pistola, por oponerse a que tuviera relaciones con su hija", relataba El Diario de Pontevedra. Guimil, el padre de la chica, estaba convencido de que Secundino era un señor casado. Pese a todas estas trastadas, la vida le sonrió como empresario contratista de carreteras por toda Galicia.

El ocio de Secundino transcurría de carrera en carrera, de accidente en accidente, de bar en bar y de pelea en pelea, hasta que el 19 de mayo de 1936, a las tres de la madrugada, resonaron en la calle Benito Corbal cuatro disparos que terminaron con su vida. En la autopsia realizada por el forense Pérez Vázquez y por Pelayo Rubido destacaban que "había recibido tres balazos que le causaron heridas mortales de necesidad". Pontevedra amaneció consternada al conocer la noticia: "Su muerte causó gran sentimiento, pues el señor Esperón, aparte de la ideas políticas que pudiera ostentar, era excelente y estimada persona".

Los hechos sucedieron cuando se hallaban en el Bar Puñal (Bar Obrero) contiguo al ultramarinos de La Abundancia. Esa madrugada Secundino estaba acompañado por Carolina Piñeiro Moure, Josefa Alonso González (La Fina) y Manuel Mirón Vázquez, cuando entraron en el local el albañil Antonio Fandiño Estévez, conocido como ‘El churrero’ seguido de un vecino de San Mauro llamado José. El churrero y su acompañante «dirigieron frases a uno de los que estaban en el bar, alusivas a Secundino, pero en el Bar no hubo escándalo», "La Fina fue invitada a bailar por el albañil, después de negarse a hacerlo con Esperón, por negarse a pagar una botella". José se ofreció a pagarla con dos duros. A las tres de la madrugada salieron del local, porque ya se había excedido la hora de cierre, y Esperón se dirigía al cercano Hotel Progreso, en el que se hospedaba, cuando se escucharon cuatro tiros: "Secundino, apretando los brazos sobre el pecho, dió unos pasos y dijo a La Fina que acudiera al oir los disparos: ¡Me muero! ¡Me han matado!", perdió el conocimientos en brazos de Josefa que, horrorizada, pidió auxilio. Se personaron varias parejas de la Guardia Civil y de Asalto que lo trasladaron a la Casa de Socorro en donde certificaron su muerte. Fandiño y José huyeron del lugar de los hechos y comenzó su búsqueda. La autopsia determinó que Secundino falleció de tres disparos en el tórax y uno en el brazo. Cinco días después detuvieron a uno de los presentes, Manuel Mirón, que portaba una pistola con la intención, según la Guardia Civil, de vengar la muerte de su amigo.

El fiscal del caso fue el Sr. Salgado. Las causas reales de su muerte nunca se esclarecieron, aunque ocurrió en unos meses políticamente muy tensos, en antesala del golpe de estado e inicio de la Guerra Civil. Fuentes de la época relacionaban a Claudio Magdalena González, comunista que regentaba un bar en la calle San Román, con la conspiración criminal y como presunto autor material al comunista Antonio Fandiño. Al autor de los hechos, que se había dado a la fuga, nunca lo juzgaron. Aunque llegó una extraña carta a los medios en la que decía que un pontevedrés que combatía en el frente de Asturias se había cruzado con el asesino, lo cierto es que nunca más se supo de él. Secundino fue enterrado en el cementerio de San Mauro: "A este acto acudieron algunos amigos del finado. Al cementerio fueron enviados varios guardias de Asalto en previsión de que ocurriera algún incidente". A raíz de su muerte la calle Rouco llevó su nombre durante décadas y da la impresión de que El Movimiento utilizó este hecho como elemento de propaganda al presentarlo, con José Antonio Primo de Rivera, como el primer caído de la Cruzada de la Liberación.

Secundino había sido detenidos unos meses antes de su asesinato acusado de fascista, pero fue puesto en libertad tras demostrar que con anterioridad se había dado de baja en la Falange Española. Pese a esto se creó en su memoria la Centuria Secundino Esperón y se le rindió homenaje anual durante décadas.

El misterioso asesinato de Secundino Esperón
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