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Procedente del audiovisual, imparte conferencias, presenta ponencias, escribe artículos e imparte clases. Apasionada de las nuevas tecnologías.

Periquiña Popó, un personaje entrañable

Falleció en 1938 pero todavía hay gente en Pontevedra que lo recuerda como un buen hombre del que los niños hacían mofa, un huérfano que quedó inmortalizado en diferentes manifestaciones culturales.
Periquiña Popó fotografiado en 1925. . L. NOVÁS (SÁEZ MON Y NOVÁS)
Periquiña Popó fotografiado en 1925. . L. NOVÁS (SÁEZ MON Y NOVÁS)

En casi cada población existían lo que se llamaban entonces ‘tipos populares’ que quedaron inmortalizados en crónicas, ilustraciones o fotografías a lo largo del s. XIX y principios del s. XX.

Más cerca en el tiempo nos queda Adelina, La Jabalina, de la que ya hablé en otro artículo, o el popular y querido Neno. Pero Periquiña formó parte de otra época y, como Neno, fue muy querido por sus convecinos. Le llamaban de diferentes maneras; Periquiña, Periquiñas o, como ponía en su gorra, Periquiña Popó. Publicaba El Pueblo Gallego en una crónica de Modesto Bará que, "fué regocijo de los pontevedreses y despiadado blanco de las travesuras de los rillotes", y continuaba "Periquiña fué un personaje sui géneris y tuvo su relieve que trascendió a otros ámbitos".

Alfonso Prego, más conocido como Periquiña, nació en Pontevedra en 1862. Era hijo de Peregrina y de padre desconocido, por lo que es posiblemente fuera hijo de soltera. Si así fuera, consta el fallecimiento de Peregrina Prego en Pontevedra el 16 de febrero de 1887, con domicilio en ‘Rúa Nueva de Abajo’, a los 58 años. Y si fuera su hijo, tenía 25 años cuando se quedó huérfano. Periquiña era de profesión jornalero y permaneció toda su vida soltero. Y como decían las crónicas vivía a las puertas del ‘Ayuntamiento de Pontevedra’.

"Era un hombrecillo que estaba al servicio, como recadero, de unos afamados cirujanos de la ciudad", por este motivo iba vestido con buenas chaquetas de segunda mano de los propios galenos. Era característica su gorra, de la que parece ser nunca se desprendía. Como los recados los hacía a toda velocidad le añadieron el ‘Po-pó’, en relación a que iba tan rápido como los automóviles de la época.

Periquiña era blanco de las travesuras de los niños, "Periquiña Popó era como un niño tranquilo, no molestaba a nadie, pero los mozalbetes sí que lo molestaban a él. Así que lo veían aparecer por la calle camino de algún recado, se le acercaban y dando recios pisotones en el suelo, muy cerca de los pies de Popó, le gritaban: - ’¡Periquiña que te piso un callo!", entonces Periquiña se tiraba al suelo desesperado y también gritaba "-¡Que rompo la chaqueta, mira que rompo la chaqueta!", porque tenía unos callos enormes, también llamados ‘ojos de gallo o arenas de la playa’.

Una vez le encargó un médico llevar un violonchelo al Teatro Principal para un concierto de música de cámara cuando Periquiña se encontró con un grupo de niños que se burlaron de él dando pisotones y amenazando pisarle los callos, "-¡Que te piso, que te piso!", y Periquiña les dijo, "-¡Que rompo el chelo, que lo rompo!- Y efectivamente tanto amenazaron sus callos los mozalbetes, que Popó terminó por estrellar el violonchelo contra la acera", por lo que el médico violonchelista no pudo tocar esa tarde en el concierto y Periquiña lloró sin consuelo.

De hecho, Periquiña se incorporó al imaginario popular en vida y como ejemplo una crítica taurina firmada por Don Pío en 1911 de una faena rápida como, "En menos que Periquiña hace un recado de empeño,...", y otro firmado por Joaquín Míguez Barcia, "Vivimos en un país de Paradoja, los banquetes son lo de menos. Hoy uno a Don Emiliano (Iglesias), mañana otro a Periquiña".

En 1923 un jovencísimo escultor pontevedrés sordomudo José María Acuña, del que se decía era el discípulo predilecto de Francisco Asorey, hijo de un modesto herrero, "lo convirtió en estatua, como los grandes hombres", según explicaban las crónicas. Una escultura de yeso que se exhibió en el escaparate de La Maisón Blanch, un local con un escaparate mítico en el que se expusieron trofeos de fútbol o la placa de la Orquesta Filarmónica de Madrid a título honorario a Manuel Quiroga. La Maisón Blanch fue un local adelantado a su tiempo en lo que al marketing se refiere. La llamativa escultura de cuerpo entero "es tan asombrosa la imitación y tan acabado el modelo, que parece la obra de un escultor consagrado, costando trabajo creer que se trata de una de las primeras producciones de un muchacho que entra en la pubertad", y la obra está en posesión de la familia de uno de los médicos que lo protegió.

En 1925 Ricardo Barros Pintos escribía: "Renqueando con aire sandunguero/mirando de soslayo y sin fatiga/a diario recorre Pontevedra Alfonso Prego (a) Periquiña./Inclinada la gorra a la derecha,/huyendo va de la chiquillería,/y si ye un po-pó, jura maldice,/y hasta la chaqueta se hace trizas./Vivir sin trabajar, esta es su norma;/y es tan grande su audacia y cuquería,/que calzar y vestir y alimentarse/jamás le cuesta ni una perra chica./De mogollón viaja y se divierte/agregado a una tanda de juerguistas,/y el que tonto le llame no conoce/ni ha estudiado bien a Periquiña".

En 1927 de madrugada sufrió un accidente de autobús, de la compañía La Imperial Auto, cuando acompañaba a la Banda de Música Municipal de Vilagarcía a su vuelta de Tomiño. Periquiña al enterarse del viaje de la Banda les pidió que lo llevasen y trajesen. En el suceso hubo que lamentar un muerto y Periquiña fue atendido primero en Tui, de heridas en la cabeza y en la cara, y también en la Casa de Socorro al llegar a Pontevedra, pero se negó a ir al Hospital Provincial, como así le recomendaron.

En algún momento, y debido a su edad, Periquiña ingresó en el Asilo de Ancianos de Pontevedra hasta que falleció en Pontevedra el 2 de febrero de 1938 a las tres de la tarde a los 76 años de edad a causa de una bronquitis. Una escueta nota daba cuenta de su deceso: "En el Asilo de Ancianos de esta capital ha dejado de existir el que fué popular convecino Alfonso Prego, conocido por Periquiña". El juez municipal era Francisco Riestra Calderón y actuaron de testigos Manuel Soutelo Santiago, que fue alguacil de Mourente, y Herminio González Palmás en tan luctuoso trance. Recibió sepultura en el cementerio de San Mauro.

Modesto Bará periodista, y por cierto mi abuelo, le dedicó a Periquiña una rima en 1952, a la que era muy aficionado: "Nuestro Periquiña nació ya cansado/vivía a la puerta del Ayuntamiento,/ y eran los rillotes su mayor tormento/que no le dejan nunca estar parado/Enseñaba a muchos, pues siempre fue honrado;/músicas y orquestas, su gran elemento,/llevaba gozoso algún instrumento/y con los papeles iba entusiasmado./-Ah de Dios!- gritaba cuando era agredido./-¡Que te rompo la chaqueta! ¡¡Oye ti, bandido!!/Y así todo el día en constante riña./Ya viejo y enfermo, todos respetaban,/y aún los más golfetes no le molestaban./¡Vaya este recuerdo para Periquiña!".

Periquiña Popó, un personaje entrañable
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