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Procedente del audiovisual, imparte conferencias, presenta ponencias, escribe artículos e imparte clases. Apasionada de las nuevas tecnologías.

Zita Lorente, el glamour de una época

Zita Lorente en la Escuela Naval en 1983. ARCHIVO ZITA LORENTE
Zita Lorente en la Escuela Naval en 1983. ARCHIVO ZITA LORENTE

CON UNOS ojos cautivadores y un cuerpo de escándalo Zita Lorente se llevaba de calle a los hombre de su tiempo, no es casualidad que el nombre por el que la conocemos era de una emperatriz de Austria.

María del Carmen Lorente Fontán (Zita), nació en Pontevedra. Hija de Fernando Lorente Sanjurjo, médico otorrino que ejercía en Pontevedra, y de Carmen Fontán Balestra que tuvieron dos hijas: Zita y Mayi. En noviembre de 1939 Fernando Lorente se embarcó rumbo a Argentina para casarse con Carmen, ya que la familia de la que sería su mujer se encontraba residiendo en aquel país, como recuerda El Pueblo Gallego: "Ha embarcado para la Argentina el joven médico Pontevedrés don Fernando Lorente Sanjurjo, con objeto de contraer matrimonio en la capital de aquella República con la señorita de Fontán Balestra, muy apreciada en Pontevedra en donde residió varios años". Zita estudió en el antiguo colegio de las Doroteas cuando estaba en lo que hoy es el Santuario de las Apariciones, cuando a la madre superiora se la saludaba besándole la mano, y recuerda allí a Sor Lucía.

En 1941 la familia se trasladó a Buenos Aires (Argentina), lugar donde su padre siguió ejerciendo como médico, porque su abuelo materno era Vicecónsul en aquella ciudad. En 1948 regresaron a Pontevedra y durante unos meses vivieron en la casa de los abuelos que estaba en el solar de lo que hoy es el colegio de las Doroteas. Zita recuerda la casa y un parque grande en el que su abuela cada año acomodaba a un cerdo, aunque estaba prohibido tenerlos en la ciudad y el alcalde, que era vecino, lo veía todos los días.

La familia tenía su domicilio en número 12 de la calle García Camba, en el edificio del ya desaparecido Teatro Malvar. Vivió los tiempos en los que del servicio en casa vestía con cofia, guantes y delantal, y recuerda varios teléfonos fijos en diferentes estancias de la casa. Entre su grupo de amigas de la época están las Montenegro, Vázquez, Pascual, y consideraba a Milagros Riestra como su hermana mayor, "su amiga del alma", a la que le sigue uniendo hoy una gran amistad. Zita, con un sentido del humor inagotable recuerda, como toda la Pontevedra de su tiempo, cuando le levantó la falda en público a Riestra mientras le decía: "Milagros, me dijeron que tienes las piernas más bonitas de Pontevedra", y a la que desde aquí la felicitamos por su reciente cumpleaños.

En 1957 conoce al que entonces era Príncipe de Asturias, hoy rey emérito, cuando llegó a la Escuela Naval Militar de Marín. El Príncipe coincidió con ella la primera vez en el Liceo Casino de Pontevedra cuando Zita tenía 17 años. No recuerda quién los presentó pero, al día siguiente, la llamó por teléfono a su casa a la hora de comer: -Señorita Zita, Juan Carlos-, su padre la miró extrañado y ella le explicó, -Papá puede ser el futuro Rey de España-.

Juan Carlos la invitó al cine a ver la película, El último cuplé de Sarita Montiel; y dicho y hecho, la recogió a las cinco de la tarde para llevarla al cine Victoria (1943-2002) caminando por la calle. A partir de ese momento se veían con frecuencia; Juan Carlos asistió como invitado al cumpleaños de Zita en su domicilio y la fotografía, del fotógrafo pontevedrés Rodríguez, fue publicada por la Revista Litoral burlando la censura del momento.

Juan Carlos usaba el trolebús para ir y venir de la Escuela Naval, aunque en una ocasión el chófer del padre de Zita, Vedrines, lo llevó a Marín en coche. Recuerda al joven príncipe como un hombre con mucha clase y la vez de trato cordial y campechano. Zita recuerda: "Daba gusto hablar con él, era siempre amable con la gente, y te miraba a los ojos cuando hablaba". Juan Carlos durante su estancia en Marín también visitó con asiduidad la casa de los Fonseca en Chancelas hasta que zarpó en buque escuela Elcano.

Un año más tarde, en agosto de 1958, como muchas de las jóvenes, Zita se presentó en sociedad en el Liceo Casino de Pontevedra, cuando el parque estaba situado en la actual calle Rosalía de Castro, con otras jóvenes como Isabel Rocafort, Consuelito Cuenca, Raquel Osorio, Angelines Casalderrey, María del Pilar Astor, Julia Tapia o Cuqui del Río.

Se casó con un médico y tuvo dos hijos: Henry y Bárbara. En 1962 se trasladó a Estados Unidos fijando su residencia en Dallas (Texas) que además coincidió con el atentado al presidente Kennedy. Por motivos de destino de trabajo vivieron también en Louisiana, Virginia o Maryland. Durante esos años asistía a las fiestas de la embajada española: "Eran una fiestas fabulosas", recuerda. Las fiestas que organizaba en su casa eran conocidas en toda la ciudad; a pie de casa matrículas diplomáticas e insignes invitados.

Cuando Richard Nixon en los años setenta era el presidente republicano en los Estados Unidos, volvió a coincidir con Juan Carlos en una fiesta nocturna en la Casa Blanca, cosas de la vida... la revista Hola tomó una foto de ese evento en la que aparecía nuestra Zita en los jardines de tan emblemático monumento. Recuerda que en Pontevedra Manolo, el de los periódicos, decía: "¡Compren el Hola, compren el Hola, que está la hija de Lorente!".

En 1983, en la entrega de despachos en la Escuela Naval, la pareja se volvió a encontrar y conversaron animadamente; como anécdota, Zita le dio un cheque para que anotase su dirección para enviarle unas fotos y Juan Carlos le dijo: -Zita, ¡me estás dando un cheque!- a lo que ella respondió -No se preocupe majestad porque no tiene fondos.- La última vez que saludó a Juan Carlos fue hace dos años en Casa Román en Pontevedra.

Hoy Zita sigue espectacular, con una energía inagotable y muchas ganas de pasárselo bien y para eso Pontevedra le viene como anillo al dedo, vive en Maryland, una ciudad del tamaño de Pontevedra que la acogió como a una más, y es abuela de tres nietos. Su hijo Henry es cirujano plástico y vive también en Maryland, y su hija Bárbara trabaja como enfermera-anestesista en Virginia. Todos los años vuelve a Pontevedra dos o tres veces porque aquí también tiene una casa. En unos días regresa a Estados Unidos pero nos gustaría que pasara más tiempo en Pontevedra, aunque, como ella dice, no descarta volver a vivir nuestra ciudad en unos años, porque a Zita le gusta reencontrase con lo suyo cada vez que viene.

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