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Ganaderos 'low cost'

La industria láctea defiende pagar menos a las granjas para protegerse de la competencia foránea y a la vez quiere que produzcan más
Ordeño en una ganadería de Friol. CARLOS CASTRO (EUROPA PRESS)
photo_camera Ordeño en una ganadería de Friol. CARLOS CASTRO (EUROPA PRESS)

LA PRODUCCIÓN de leche en Galicia comenzó a ser relevante en los años 60 y, más de medio siglo después, la comunidad es la primera potencia láctea de España y la novena región productora de Europa. En 1985, a las puertas de la entrada de España en la UE, sumaba 100.000 granjas, una cifra que fue cayendo en picado en las tres últimas décadas para llegar a las apenas 5.790 que siguen activas. Ese fuerte ajuste no llevó aparejado un desplome de la producción. Al contrario. Si a mediados de los 80 las ganaderías gallegas ponían en el mercado 1,2 millones de toneladas de oro blanco del campo al año, hoy generan más del doble, cerca de 3 millones. Mientras unas explotaciones cerraban –fundamentalmente por abandono de la actividad o para unirse– otras se hacían más grandes y se profesionalizaban.

Sin embargo, algo parece estar cambiando. El crecimiento de la producción de leche ha pisado el freno en Galicia y en el conjunto de España incluso se redujo en 2022 y sigue esa misma tendencia en lo que va de año, en un escenario marcado por los altos costes de producción, nuevos cierres de granjas o dificultades para conseguir mano de obra. Factores que contribuyen a una realidad que tiene preocupada a la industria láctea. Al fin y al cabo, si llega a faltar leche su actividad se tambaleará.

Esa bajada de la producción en el país es la que explica fundamentalmente que los precios que cobra el ganadero comenzaran a dispararse en 2022 y alcanzaran a inicios de este 2023 niveles nunca vistos, con el litro al borde de los 60 céntimos de media –sin sumar Iva y pagos por calidad– tras subir un 63% en un año. Las empresas se embarcaron en una espiral alcista para no perder cuota que duró poco más de un año. En abril regresaron las bajadas. El precio medio cayó desde entonces más de 10 céntimos y toca a la puerta otra reducción.

La patronal de la industria láctea, la Fenil, dejó claro la semana pasada que esa es la senda por la que quieren seguir con una reflexión que es toda una declaración de intenciones y que ha indignado a los ganaderos: sostiene que el hecho de que las explotaciones españolas cobren ahora más que las de la mayoría de países de la Unión Europea está "propiciando" la entrada "en masa" de lácteos extranjeros, sobre todo quesos, a precios más bajos y "desplazando en el lineal y la cesta de la compra" los productos nacionales.

El mensaje es que para ser competitivos hay que producir a bajo coste y cobrar siempre menos que la media comunitaria, algo que lleva pasando muchos años. Por dar algún dato, una granja gallega percibió entre enero y agosto de este año cerca de 2 céntimos más por litro de media que una alemana y la diferencia superaba los 5 céntimos con respecto a Francia, pero hasta entonces lo común era ver el escenario contrario. En 2022, las explotaciones germanas nos llevaban más de 9 céntimos de ventaja, y la brecha con la media de la UE era de 5 céntimos.

Tras la alerta de la Fenil por una "pérdida de competividad del sector lácteo", organizaciones como Unións Agrarias no tardaron en poner el foco en la cuenta de resultados de las principales compañías lácteas que operan en España, "con beneficios históricos algunhas delas e con incremento practicamente todas". Quizás falte también un punto de autocrítica. ¿Se ha reforzado la industria todo lo que debería para competir? En un escenario en el que la oferta de leche no está despuntando, la cotización de productos industriales como la mantequilla y la leche en polvo va al alza y el consumidor sigue pagando lo mismo por el brick en el supermercado, los representantes de los ganaderos no ven motivos para que los precios bajen más. Pero ese es el plan de la industria, que al mismo tiempo quiere que aumente la producción. Todo no se puede tener.

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