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Sorpresas inesperadas

La visita de Pedro Sánchez, candidato a volver a dirigir el PSOE, a Pontevedra dejó claro su tirón mediático, pero también alguna que otra sorpresa. La primera, ver en el acto al histórico socialista Gonzalo Adrio, que militó en el PSP de Tierno Galván y que acabó fusionándose en 1978 con el partido fundado por el gallego Pablo Iglesias Posse.

La presencia de Gonzalo Adrio, a sus 97 años, en la Praza do Teucro no pasó inadvertida y, desde luego, está cargada de un gran simbolismo, aunque dudo que el político madrileño fuese consciente del favor que el pontevedrés le estaba haciendo.

Hace muchos años, el desaparecido Manuel Martín Ferrand desvelaba una anécdota sucedida durante un almuerzo con un Rockefeller en Nueva York. Un grupo de personas esperaba al multimillonario en un restaurante y cuando éste se dirigía hacia la mesa, un hombre se levantó y lo saludó como si se conocieran, cuando Rockefeller se sentó uno de sus interlocutores le preguntó si conocía a la persona que le acababa de saludar y él le contestó que no y añadió “pero seguro que le acabo de hacer un gran favor”.

Más o menos eso fue lo que hizo el miércoles Gonzalo Adrio.

El acto deparó otras sorpresas, como por ejemplo, comprobar que la concejala Paloma Castro tiene carácter y que por sus venas corre sangre, tanta, que se vino arriba para repartir zascas a diestra y siniestra, tanta, que casi se autoproclama mártir del “no es no”. Tanta, que hasta podría soñar con ‘jubilar’ a Tino Fernández, tomar las riendas del partido en Pontevedra y llegar a ser la primera alcaldesa de Pontevedra.

Otra que también se hizo oír fue Maica Larriba, que llevaba bastante tiempo alejada de la primera línea y que, según me cuentan, está participando activamente en la búsqueda de avales para Pedro Sánchez.

La lista de teloneros se completó con Andrés Díaz y Tino Fernández.

Por lo demás, en la Praza do Teucro, se dejaron ver Cáceres, Patricia Vilán, Iván Puentes, Víctor Pedreira y alguno más, llegado desde Vigo, a los que no conseguí identificar.

Pedro Sánchez, por su parte, cumplió con lo que se esperaba criticó a Rajoy, la abstención de octubre y volvió a repetir ese discurso que va adaptando al público al que se dirige, aunque, evidentemente, con esa planta y esos ojos, hasta la cazadora de la que parece no separarse, le queda bien, pero otra cosa bien distinta será convencer al PSOE de que detrás de sus palabras no está el Pedro, del cuento, y que el partido socialista no se va a romper si gana las primarias.

La soledad de Pita. El alcalde de Sanxenxo, Gonzalo Pita, ha protagonizado una de las polémicas de la semana a cuenta, claro, de las obras de Luis Rocafort. Pita lanzó un órdago a la Deputación por lo que ahora considera peticiones razonables tras ver como el diputado de mobilidade lo ninguneaba al no contestar a sus requerimientos para realizar algunas modificaciones en el proyecto original y reducir las aceras de 6 metros a 4 con el fin de crear más plazas de aparcamiento en la zona.

El regidor asume ahora parte de las reclamaciones que formulan los vecinos y que apoyan otros agentes sociales y económicos, pero en la Deputación le han dado con las puertas en las narices porque, tal y como le dijeron a los vecinos, el proyecto estuvo expuesto a exposición pública y ahora ya no se puede cambiar.

La respuesta no se hizo esperar y el diputado Uxío Benítez le hizo saber, a través de la prensa, que no se cambia nada y que, si quiere, como le van a transferir el vial ya hará después los cambios. Alguien debería decirle al diputado nacionalista que el dinero de las obras y la posible reforma es público y que los políticos deben administrarlo con rigor y sentidiño.

A la gresca también se sumó el grupo municipal del BNG en Sanxenxo, claro está para defender a su diputado, pero, entonces, quién defiende a los vecinos.

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