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La alarma del Casio

Ilustración para el blog de Rafa Cabeleira. MX
photo_camera Ilustración para el blog de Rafa Cabeleira. MX

"Una loba como yo no está pa’ tipos como tú", canta Shakira en una declaración de guerra en toda regla, lo justo en circunstancias como estas: ella es una artista que vive de su talento y aprovechar las experiencias vitales para crear contenido es una práctica tan vieja como golpear dos palos contra un tronco para marcar el ritmo. Imaginen que Góngora y Quevedo decidiesen lavar la ropa sucia en casa, como mandan los cánones de la corrección moderna. O en una lavandería, a puerta cerrada. Menuda pérdida de tiempo –y lecturas– para los que venimos detrás, sedientos como estamos de beef y buena literatura.

Ilustración para el blog de Rafa Cabeleira. MX

Con el arranque salvaje de Shakira ganamos todos, que nadie nos intente convencer de lo contrario. La canción es una obra maestra en letra y ritmo, de esas que se agarran al hipocampo desde la primera reproducción y nos llevan en volandas por la casa, incapaces de meter en vereda a unos pies que parecen moverse con máxima autonomía. Yo mismo, que nunca fui de mucho bailar, me sorprendí esta mañana de camino al buzón haciendo el moonwalk y repitiendo mentalmente eso de "me dejaste de vecina a la suegra, con la prensa en la puerta y la deuda de Hacienda". Podrían volver las oscuras golondrinas las veces que quieran a mi balcón, o al suyo, y ni por esas le concedería a Gustavo Adolfo Bécquer el crédito poético que ahora mismo le reservo, casi en exclusiva, a la loba de Barranquilla.

Ganamos todos, decía, incluyendo algunos productos comercializables como los relojes Casio o el Renault Twingo, un coche del que la propia Shakira fuera madrina el día de su lanzamiento, allá por los años noventa: lo sé porque quise uno, pero mi abuela Saladina se encargó de limitar mis sueños a un Opel Corsa de segunda mano.

¿Y Piqué? Pues Piqué, que lleva sin preocuparse demasiado por nada desde el día de su nacimiento, aprovechó para sacarle a los japoneses un contrato de patrocinio para su King’s League y, en su primera aparición pública tras el estreno de la canción, se presentó sonriente al volante de un Twingo eléctrico valorado en unos treinta mil pavos del ala: calderilla para un chaval que se había embolsado, esa misma semana y a cuenta de la Supercopa de España disputada en Arabia Saudí, nada más y nada menos que cuatro millones de euros.

Los medios, que es donde una legión de capillitas llevan días acusando a Shakira de no pensar en sus hijos y faltarle al respeto a la nueva novia del pollo, también han hecho su agosto con tan moderna matrimoniada. Lo confirman estas líneas, que facturaré contento a final de mes para invertir el futuro pago en algo tan prosaico como una tostadora nueva.

La vieja pidió su jubilación esta misma semana, después de varios años alimentado mis anhelos más primarios con escasa retribución y un más que deficitario mantenimiento: descanse en paz. "No es buena madre", dijo en Antena3 una abogada conocida, entre otras cosas, por defender a algún que otro narcotraficante en sus cuitas con la justicia y hasta en los platós de televisión. Claro que sí, letrada. Ninguna duda me queda de que piensa usted mucho más en los hijos de la artista que ella misma, dónde va a parar. Para eso se inventaron los magazines de tarde, ni un paso atrás.

Preocuparse por los hijos de Shakira y Piqué, por otro lado, es lo que nos faltaba a quienes acumulamos cupones para comprar la leche más barata y seguimos reclamando la paga del domingo a nuestros padres disfrazada de tradición, como los toros o el luto. Nada que deba sorprendernos, por otro lado. Este es un país en el que cada semana se escriben artículos incendiarios que piden –cuando no exigen– ir a la guerra contra Zarzuela y Moncloa para traer de vuelta al rey emérito, como si Abu Dabi fuese un campo de refugiados o un internado de Lalín.

Preocuparse por quienes lo tienen todo, también la posibilidad de enfrentarse a la desgracia desde una perspectiva de absoluta tranquilidad económica, es el modo que tenemos la clase media, o ni eso, de sentirnos importantes y cobrarnos una cierta revancha, supongo: "mírala, tan pobre que solo tiene dinero". De ese palo va la superioridad moral de extrarradio que algunos dirigen, estos días, contra la línea de flotación de Shakira sabiendo que su propia insignificancia no obtendrá –ni merecerá– respuesta.

Volviendo a la canción en sí, o al vídeo de la misma, para ser más exactos: qué difícil es no empatizar con Bizarrap, un tipo que toca el piano con dos dedos y tiene la capacidad de convertir en oro cualquier proyecto musical que cae en sus manos. Con una gorra que parece de mercadillo y moviendo los brazos como cualquier padrino borracho en la boda de su hija, el argentino se ha garantizado un sitio en la historia sentimental de este país o, al menos, en la mía.

No hay miseria humana que no engrandezca la figura del pícaro y en esta ocasión le ha tocado el Dj de moda alzarse con la corona del "pasaba por allí", un título que encumbra a unos pocos elegidos y representa a esa mayoría silenciosa que ha disfrutado el desencuentro del año sin mayores complejos que no levantarse demasiado tarde mañana, si acaso para comer. Para eso van fenomenal, por cierto, las alarmas de los relojes Casio.

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