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Artefactos y otras movidas

Monolito que apareció en una playa de Girona. DAVID BORRAT (EFE)
Monolito que apareció en una playa de Girona. DAVID BORRAT (EFE)

Lunes


Ha comenzado a rular por las redes sociales un vídeo que critica la nueva Ley de Cambio Climático y, humildemente, me gustaría felicitar desde aquí a los responsables de este. El contenido me importa más bien lo justo, pues ya se sabe que donde unos ven el apocalipsis, otros son capaces de intuir una arcadia feliz: esa guerra está perdida para cualquiera que pretenda mantener una cierta neutralidad y algo de cordura. Mis aplausos irían enfocados, más bien, al excelente nivel de producción del videoclip y a la repercusión alcanzada, en parte gracias a la piel finísima de la vicepresidenta Teresa Rivera, que salió inmediatamente a desmentir que Galicia pueda perder músculo industrial, laboral y financiero por culpa de la citada ley. Es lo que popularmente se conoce como el efecto Streisand: un intento de censura o desmentido que termina ampliando la visibilidad de equis.

Martes


Llevamos unos meses de tanta gravedad, de tanto asunto capital a tratar y resolver, que mi cerebro ha desviado su grado máximo de atención hacia los asuntos menos trascendentales como, por ejemplo, el de los misteriosos monolitos que han ido apareciendo en diferentes partes del mundo: a tope con la magufadas siempre. El último fue descubierto hoy mismo en la Costa Brava, uniéndose así a los de Reino Unido, Holanda, Rumanía y el original, encontrado el pasado año en el desierto de Utah. Son construcciones metálicas de tres metros de altura, inspirados en aquel tan famoso de 2001: Una odisea en el espacio, lo que da pie a todo tipo de tramas y conspiraciones, que es lo que más necesita el mundo en este momento. A falta de conocer la explicación oficial (arte, publicidad, quién sabe), solo se me ocurre pensar que semejante desafío no habría sido posible en Galicia donde, en menos de 24 horas, el artefacto sería localizado, arrancado, transportado y reconvertido en un adorno de jardín, elemento de cierre o pilar maestro de un nuevo gallinero: así nos las gastamos los reyes del realismo mágico-práctico.

Miércoles


A Pablo Iglesias lo esperaba esta mañana un grupo de nazis modernettis para buscar su pequeño minuto de gloria, divisa muy cotizada en su día pero absolutamente devaluada en los tiempos que corren. Digo que eran nazis porque parecían nazis, vestían como nazis, hicieron el saludo nazi y gritaban proclamas nazis pero, quién sabe, a lo mejor me estoy precipitando. Es más, seguramente sea así, visto el tratamiento que ha tenido este asunto en diferentes medios de comunicación. En la Cope, sin ir más lejos, titularon la noticia de la siguiente manera: “Iglesias increpa a unos manifestantes que le recibían con un saludo fascista”. Entiendo que barajaron la posibilidad de optar por un “Iglesias agrede verbalmente a unos jóvenes patriotas que lo saludaron como dios manda” pero, probablemente, les pareció una concesión publicitaria y excesiva al líder de Unidas Podemos que -¡a mí la junta electoral!- no se debe consentir en campaña.

Jueves


Si usted se pregunta qué selección de fútbol se enfrentó ayer a la española, pues no le quedó del todo claro durante la retransmisión de TVE, la respuesta es Kosovo. Ya ven, meses y meses diciendo Kosovo sin mayor problema y ha tenido que venir el fútbol a ponernos en nuestro sitio y recordarnos que el país balcánico no está reconocido como tal por España, de ahí que los encargados de la retransmisión se viesen obligados a sepultarlos en las cavernas de las minúsculas y los eufemismos. “¿Pero Kosovo existe?”, se preguntará usted. Y la respuesta es que sí: existe como existen Escocia o Gales, a los que España tampoco reconoce como naciones soberanas pero a nadie se le ocurre montar un sindiós dialéctico cada vez que se lesiona Bale o descubrimos una nueva marca de whisky.

Viernes


Si pensaban que con lo de los nazis relativos ya lo habían visto todo, esperen a que les cuente lo que ha sucedido. Una de las sedes de Unidas Podemos en Cartagena ha sido atacada con cócteles molotov y las condenas de los rivales políticos -recomendables como mínimo- han ido cayendo con cuentagotas y entre peros. Condeno pero es una frase muy de habitual entre el espectro político español, tampoco nos hagamos ahora los sorprendidos. Por lo que sea, llámenlo estrategia, llámenlo sectarismo, a nuestros representantes públicos les entra ese complejo de coach nemotécnico y sienten la imperiosa necesidad de recordarnos lo sucedido en el pasado cuando, lo único que se les pide, es que se ciñan al presente y condenen en consecuencia. Normal que no maduremos como sociedad: hemos convertido la actualidad política en un bucle del que ni Macaulay Culkin, ni el propio Bill Murray, podrían salir. 

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