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Bofetones a destiempo

Bosé es un guapo famoso como los que timaba Bernie Madoff
Fotograma de la entrevista de Miguel Bosé en el programa 'Lo de Évole'. LA SEXTA
Fotograma de la entrevista de Miguel Bosé en el programa 'Lo de Évole'. LA SEXTA

Lunes


La vida de los famosos se parece mucho a la vida de cualquier paisano de aldea: todo es televisado. En unas cuantas líneas podría contarles yo mil historias sobre la hija de Amparito Pamplinas o sobre Don Perfecto, que era un señor de Lourido con la espalda más combada que los centros laterales de David Beckham pero, por respeto a la convivencia pacífica entre semejantes, me centraré en Miguel Bosé. De todo cuanto hemos visto sobre su vida, mi momento favorito es aquel en el que su padre, Luis Miguel Dominguín, asiste impávido a una de las primeras actuaciones de su hijo en TVE. Macho ibérico por antonomasia y un poco neandertal, por qué no decirlo, el torero reprime las ganas de ponerse en pies, subir al escenario y pegarle una paliza de aúpa al zagal delante de toda España lo que, visto lo visto, habría sido el menor de los problemas para el artista. “He llegado a consumir casi dos gramos diarios de cocaína”, le confesó ayer mismo a Jordi Évole en una entrevista. Parece que todos sus miedo se centran en el 5G: por debajo de ahí, se apunta a un bombardeo.

Martes


Bosé es uno de esos hombres guapísimos por los que no parecen pasar los años hasta que, de repente, se les caen todos encima de golpe. En su caso, el envejecimiento tiene más de neuronal que de cualquier otra cosa pues, estar, sigue estando de muy buen ver salvo que Carme Fouces quiera corregirme o apuntar cualquier otra cosa: es y seguirá siendo mi oráculo predilecto para todos estos temas, ya saben. Bosé es un guapo famoso como los que timaba Bernie Madoff, aunque el bróker no hacía asco al dinero de los menos agraciados en el plano puramente físico. Se ha muerto -Bernie, no Bosé en una prisión americana tras haber sido condenado en su día por montar una estafa piramidal que pesaba 64.000 millones de dólares: a su lado, cualquier otro faraón de la historia me parece un auténtico aprendiz.

Miércoles


“No se puede ir usted hoy de aquí sin explicarnos que piensa hacer más allá del 9 de mayo”, le dijo esta mañana Inés Arrimadas a Pedro Sánchez en el Congreso. Cinco horas después, el presidente del Gobierno se marchó a su casa sin darle el gusto a la líder de Ciudadanos, a los demás grupos representados en la cámara y, por supuesto, a los ciudadanos de a pie, los ciudadanos en minúsculas, más pichi que un ocho. Lo que suceda superada esa fecha -y agotado el estado de alarma es una incógnita que ya veremos cómo se resuelve. Lo importante, a día de hoy, son las elecciones autonómicas de Madrid y al PSOE le interesa vender libertad y un poco de desparrame, que los madrileños comprendan que Ayuso no baila sola. Lo deslizó Aitor Esteban y lo dijo con todas las letras Mertxe Aizpurúa, la portavoz de EH-Bildu en el Congreso: “su anuncio del fin del estado de alarma forma parte de la estrategia electoral de su partido con vistas a las próximas elecciones que se celebran en Madrid”. Ya se apañarán los gobiernos autonómicos con los jueces, que esa sí es una fórmula de éxito garantizada, ¿verdad? Con Sánchez siempre tiene uno la sensación de que su máxima política la aprendió de Tip y Coll, léase: “Y mañana, hablaremos del Gobierno”. 

Jueves


Para hacerse con uno de los bonos turísticos que había puesto en marcha la Xunta de Galicia era necesario madrugar, guardar una cola virtual y rezar para no quedarse fuera: un poco como en los conciertos de Miguel Bosé en sus buenos tiempos, vamos. En Informativos Telecinco han utilizado una metáfora muy similar a esta pero sin escatimar en gastos: a ellos les pareció la iniciativa de Alfonso Rueda y su equipo comparable a un concierto de los Rolling Stones, lo que sin duda eleva el caché del relato y aumenta la satisfacción por ese fulminante sold out. Felicidades a los premiados y, cómo no, a la reportera de Mediaset por pisarme la redacción de la noticia.

Viernes


Para no desentonar y terminar bien arriba esta semana de famoseo, Tamara Falcó acaba de decir en uno de los programas más vistos de la televisión nacional que ella no quiere ponerse la vacuna de AstraZeneca, que “es mi libertad” esperar a la de Pfizer. Como viróloga, epidemióloga, cardióloga, homeópata, libertaria, papisa y cocinera, la opinión de Tamara sobre las vacunas es muy importante, casi diría que capital para que España afronte con ciertas garantías esta campaña de vacunación masiva. Por eso ha sido un verdadero alivio verla extender el miedo en prime time rodeada de hormigas de peluche, un señor de color naranja y Nuria Roca, que la puso en su sitio hablándole como a un niño pequeño: Llámenme antiguo, incluso hombre del cromañón, si les apetece, pero a veces creo que todos somos Luis Miguel Dominguín queriendo levantarnos de la silla para darle dos bofetones a alguien.

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