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Carmela

La presidenta de la Deputación, Carmela Silva. DP
La presidenta de la Deputación, Carmela Silva. DP

Lunes

Se las prometían muy felices, algunos barones y baronesas, el día que Pedro Sánchez presentó su dimisión ante el Comité Federal del Partido Socialista. "Ha sido un orgullo y un honor", se despedía el hasta entonces secretario general mientras los nostálgicos del viejo PSOE se frotaban las patitas y encargaban varias toneladas de bolitas de anís para celebrarlo. Felipe González, Alfonso Guerra, Guillermo Fernández Vara, Emiliano García-Page, Javier Lambán, Abel Caballero y nuestra Carmela Silva, entre otros muchos, anunciaron su apoyo incondicional a Susana Díaz en el proceso de primarias que debía coronar a la nueva lideresa, pero los militantes hicieron caso omiso de sus indicaciones y devolvieron todas las fichas a la casilla de salida: victoria por K.O técnico para el dimitido Sánchez y sopapo en toda regla para casi todos los demás, que todavía hoy no le perdonan su engañoso uso del pretérito perfecto.

Martes

A Alfonso Guerra, por ejemplo, se lo llevan los demonios cada vez que alguien le mienta a la bicha, entre otras razones porque fue él quien popularizó dicha expresión cuando actuaba en casi todos los saraos políticos de nuestro país como cabeza de cartel. Yo creo que le puede el ego por encima de cualquier otra consideración, un poco como a José María Aznar, que también anda estos días enciendo hogueras contra Sánchez sin que nadie deba sorprenderse demasiado: hasta con Mariano Rajoy, que era su delfín, fue desleal el peor expresidente del Gobierno de la democracia española.

Miércoles

Y mientras Guerra, Fernández Vara, García-Page, Lambán y compañía cargan contra su propio partido, aquí en Galicia reina una especie de entente cordiale entre el otrora autoproclamado susanismo y la actual dirección nacional. La propia presidenta de la Diputación de Pontevedra, que en su día dijo aquello de "solo si gana Susana podrá el PSdeG construir un proyecto serio y riguroso", se ha ocupado de despejar cualquier sombra de duda y mostrar su apoyo incondicional al Gobierno de España en todas las polémicas suscitadas a lo largo y ancho de las últimas semanas, quizás porque su guerra es otra y sus particulares demonios tienen nombre y apellidos: Alberto Núñez Feijóo y, de manera muy especial, Alfonso Rueda Valenzuela.

Jueves

La fijación de Silva con Rueda podría llevarse a la gran pantalla de los mejores cines. Descartado cualquier tipo de componente afectivo -la realidad no siempre supera a la ficción, por desgracia a Carmela se le pone cara de Glen Close cuando le nombran al vicepresidente de la Xunta, que a su vez también tiene algo de Michael Douglas aunque no sabría yo especificar exactamente el qué. "O señor Rueda que se meta nos seus asuntos", explotó en Twitter tras las críticas de su némesis política a la abortada -aunque previstasubida salarial de la corporación provincial. De buenas a primeras, juraría que no son las palabras mejor escogidas de la historia pero puestas en boca de una representante pública todavía resuenan con mayor gravedad: de ahí al "vienes a mi casa, el día de la boda de mi hija", hay un pequeño paso que a buen seguro no pretendía dar la presidenta.

Viernes

"Poco a poco vamos obligando a la Xunta a que aumente los recursos para la hostelería. A ver si llegamos a los 40 millones del País Vasco, acaba de escribir Carmela en su cuenta de Twitter. Y qué quieren que les diga: me parece fenomenal su reivindicación como comentarista de la actualidad y como hijo de hosteleros, el doble combo. Cualquier ayuda es buena en estos momentos para un sector que se está llevando una de las peores partes en la lucha contra la pandemia y por eso empieza a echarse en falta algún paquete de medidas promocionadas por la propia Diputación, salvo que admitamos pulpo como animal de compañía y sumemos en su haber los recursos destinados por la Xunta. Tienen competencias para ello, como han demostrado sus camaradas socialistas de A Coruña, y dinerito -aunque sea poco- no debería faltar si estaban dispuestos a asumir la subida salarial promocionada por los nuevos presupuestos generales del Estado: aún están a tiempo.

Sábado

Como ven, esta ha sido la semana grande de Carmela Silva, así que no querría despedirme sin cotillearles el que, a mi juicio, ha sido su momento estelar en las redes sociales durante los últimos días. Se hacía eco la presidenta de unas palabras del diputado Joan Baldoví sobre las lenguas maternas y apostillaba de su propio bolsillo: "Que definición tan fermosa do dereito a falar e defender as linguas propias. Non se pode explicar mellor. ¿Por que a dereita e a ultradereita non o poder entender?". Y yo, claro, que no tenía mejor cosa que hacer y pasaba por allí, intenté ponerla en un pequeño compromiso. "Home, presidenta", le dije. "Chamarlle ultradereita ao señor García-Page paréceme excesivo: dereitiña, si acaso". No tardó ni medio segundo Carmela en contestarme con un lacónico e imprevisto "tampouco parece entender, non". Así que sí: punto, set y partido para Carmela.

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