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Despelote

Test de seroprevalencia. EFE
Test de seroprevalencia. EFE

Lunes:
Tras cuarenta y tres días confinados, los niños y niñas de toda España tomaron ayer posesión de unas calles que, salvo contadas excepciones, suelen mostrarse hostiles con la naturaleza alegre y confiada de nuestros pequeños. Este será, sin duda alguna, el legado incontestable de Miguel A. Fernández Lores para los pontevedreses del futuro: una ciudad en la que los niños no necesitan comportarse como adultos para salir a pasear, jugar o simplemente ir a al colegio.

Más dramática, sin embargo, resulta la constatación de que muchos adultos siguen empeñados en comportarse como auténticos críos, una incapacidad peligrosa que les impide aceptar el más mínimo grado de responsabilidad incluso cuando lo que se pone en juego es la salud y seguridad de sus propios hijos: eso no hay modelo urbanístico que lo disfrace ni vacuna en el mercado que lo cure. Los que ayer sacaron a sus pequeños a pasear sin las medidas de protección necesarias, sin respetar las distancias de seguridad o incluso las zonas restringidas, confirman mi vieja teoría de que la paternidad (o la maternidad) está sobrevalorada: un gato lo cría cualquiera.

Martes:
Se ha muerto Michael Robinson, una de las figuras más importantes de la comunicación audiovisual en nuestro país durante las últimas décadas y la constatación de que la práctica del fútbol no está reñida con las inquietudes culturales o filosóficas, ni siquiera con la buena educación. Al inglés, que llegó a Pamplona en 1987 para enrolarse en las filas del Osasuna, le sobró medio diccionario para hacerse querer y respetar por una España que no regala nada de entrada, especialmente al que llega de fuera y se atreve a señalar con el dedo nuestras propias contradicciones. "En España nos reímos a carcajadas de los demás pero nos cuesta mucho reírnos de nosotros mismos", dijo en una ocasión, tan identificado con su nuevo país que los ingleses parecíamos nosotros.

Miércoles:
Los primeros resultados del estudio epidemiológico iniciado por la Xunta de Galicia no son demasiado prometedores, al contrario. El propio presidente Núñez Feijóo los ha calificado de "preocupantes" y no es para menos, pues la baja circulación del virus en el hogar de Breogán nos dejaría sin ese escudo inmunitario tan necesario para afrontar, en las mejores condiciones posibles, la aparición de futuros brotes. Sin embargo, tampoco se puede descartar la poca fiabilidad de unos test que no pueden detectar el virus en sí, tan solo los anticuerpos, y que han recibido fuertes críticas de la comunidad científica en diferentes países. Así las cosas, y a la espera de los resultados finales, parece lógico pensar que los únicos datos realmente concluyentes con los que podremos contar en las próximas semanas seguirán siendo los que ofrece la rodilla de mi abuela Saladina con respecto a los cambios de tiempo.

Jueves:
El plan de desescalada presentado por el Gobierno ha puesto en pie de guerra a diferentes sectores económicos, entre ellos el de la hostelería, que ve la reducción de aforos propuesta como la puntilla definitiva a sus aspiraciones de recuperar una cierta normalidad este mismo año. En muchos casos, dicha normalidad ha sido sustituida por la simple esperanza de no verse abocados al cierre, lo que no deja de ser una muestra más de la insospechada y terrible realidad que nos ha tocado vivir. Esperamos que resistan y cuantos más mejor: vamos a necesitar de todos ellos para celebrar el fin de una pesadilla que no está siendo plato de buen grado para nadie.

Viernes:
Las imágenes del sarao de IFEMA están corriendo como la pólvora y no dejan en buen lugar a ninguno de los presentes, comenzando por los equipos sanitarios que celebraron el cierre del improvisado hospital formando melés o bailando la conga, en muchos casos sin guantes y sin mascarillas. Tampoco a los políticos en busca de la fotografía, entre ellos una Isabel Díaz Ayuso que un día clama al cielo por el luto nacional y al siguiente se pone a cantar bocadillos en una food truck como si fuera la rosquilleira reina de la verbena de La Paloma. Ni siquiera los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado salen indemnes de unas imágenes que seguirán dando mucho que hablar durante los próximos días por cuanto tienen de insolidaridad, despelote y poca vergüenza.

Sábado:
¿Madrugar y hacer deporte? Conmigo, sintiéndolo mucho, no cuenten.

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