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Enseñar la patita

Imagen del último pleno celebrado en Pontevedra. DAVID FREIRE
Imagen del último pleno celebrado en Pontevedra. DAVID FREIRE

Lunes:

Seguir los plenos municipales por internet podría parecer una medida responsable, propia de la nueva normalidad, pero algunos ya la veníamos practicando desde antes de la pandemia por pura comodidad y pequeñas dosis de morbo. Gracias a las nuevas tecnologías, uno puede darse el capricho de desayunar en la cama con Mosquera, con Domínguez, con Revenga, con Puentes y Demetrio, con Pilar y Juncal, con Tino, Yoya y Paloma Castro, con el secretario municipal... Las posibilidades son infinitas.

Conviene, eso sí, utilizar un dispositivo electrónico de última generación, no escatimar en la calidad del vídeo y el audio. Esa confianza en hardware y software puede ser nuestra única oportunidad de adivinar cuándo se ha colgado el enlace, incluso el propio ordenador, y cuándo un concejal se está empeñando en dormir a las ovejas. Aún recuerdo aquella vez que llamé a Cota, para comentar lo insufrible que me estaba resultando cierta intervención de Luis Rei, y resultó que tenía un problema con el controlador de mi tarjeta gráfica... ¡Cómo nos reímos! También les digo que si uno pudiera hacer política a base de descargar actualizaciones En Marea tendría hoy seis concejales.

Por lo demás, el pleno resultó entretenido. A Juncal se le fue la mano - así se juega con las palabras, Guillermo- con Tino Fernández y el tono de la sesión mejoró ostensiblemente, al menos desde el punto de vista del espectador. En mi caso concreto, reconozco que salté de la cama como un resorte y desmonté media cocina buscando un último paquete de palomitas. El desaguisado de Juncal lo recondujo una Silvia Junco solvente e implacable, que se llevó por delante a Paloma Castro entre las sonrisas cómplices de la bancada conservadora y -aquí llegó la sorpresa- alguna que otra proveniente de la grada nacionalista: habrá que estar atentos a la progresión de una coalición en la que algunos lobos comienzan a enseñar la patita.

Martes:

-"Me gusta mucho la campaña de Pontelovers. Tiene algo de aquellas buenas ideas que siempre se le ocurrían a Antón Prieto".

-"Es que se le ocurrió a Antón Prieto".

#Pontelovers #reiniciaPontedra #ConcellodePontevedra #YoyaBlanco #GolazoenPasarón

Miércoles:

Se ha montado un buen follón en las redes sociales porque HBO acaba de retirar Lo que el viento se llevó de su catálogo por considerarla, cito textualmente, "una película racista". Flaco favor el que hace la plataforma americana a la lucha contra el racismo considerando la censura cultural como una herramienta: de ahí solo pueden salir generaciones peor formadas, más estúpidas y menos críticas que es, precisamente, el gran sueño húmedo de cualquier forma de fascismo.

Este sábado mismo, por cierto, un amigo me envió un artículo que descubrió en la web de la revista Esquire titulado El final de 'ET, el extraterrestre', explicado. Digo yo que, entre no enterarse de nada (HBO) y querer entenderlo todo (Esquire), tiene que haber un término medio en el que podamos disfrutar libremente de la cultura popular como nos dé la gana, sin que un comité de sabios -al que nadie ha pedido su opinión, por cierto- nos imponga qué podemos ver e, incluso, hasta dónde puede llegar nuestra imaginación.

Jueves:

"Debe ser horrible estar enterrado en octubre", dijo. "Pero su marido no le puso atención. Abrió la ventana. Octubre se había instalado en el patio. Contemplando la vegetación que reventaba en verdes intensos, las minúsculas tiendas de las lombrices en el barro, el coronel volvió a sentir el mes aciago en los intestinos".

Siempre hay que volver a El coronel no tiene quien le escriba, aunque solo sea por espantarse momentáneamente la realidad y recibir al verano con el espíritu repleto de vitaminas A, B, C, D, E, F... Y así hasta la Z.

Viernes:

Se acaba la semana y nada sabemos sobre el cupón de la Once que el alcalde Lores compró el lunes pasado, señal de que no le ha tocado ni el reintegro. Por lo que sea, esto me ha recordado al día en que mi tío Paco acusó a Senem, nuestro vendedor habitual, de ser gafe. "Te lo voy a demostrar", dijo. Y le compró un cupón de cada terminación: del uno al nueve. Como no podía ser de otra manera, tocó el cero.

Años después, cuando Senem repartió el primer premio del sorteo por medio Campelo, el único que seguía comprado el cupón en nuestra casa era Salvador, el camarero. Todavía recuerdo su cara -y la de mi tío- cuando vino a entregar el chaleco y la pajarita al día siguiente, antes de despedirse.

Enseñar la patita
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