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Exportar nuestro modelo

Miguel Anxo Fernández Lores, María Xesús López Escudeiro y otros miembros de la comitiva pontevedresa que se desplazó a París. JOAQUÍN BARREIRO
Miguel Anxo Fernández Lores, María Xesús López Escudeiro y otros miembros de la comitiva pontevedresa que se desplazó a París. JOAQUÍN BARREIRO

LE APETECÍA celebrar a Lores su aplaudida intervención en el Forum Smart City así que, despojado de responsabilidades tras una larga jornada, reunió a una parte de la comitiva desplazada a París y pronunció las palabras mágicas: “camareiro, poña aquí uns gin-tonics”. Lo hizo en perfecto gallego, como corresponde a un embajador de la Boa Vila en suelo extranjero, y de la traducción se encargó María Xesús López Escudeiro, antigua concelleira de Cultura reclamada para la ocasión como intérprete necesaria de la causa. Cuenta alguno de los presentes que el ambiente era distendido, casi jovial, hasta que el camarero regresó con las bebidas y se desató la tormenta.

“¿Pero isto é un gin-tonic?”, preguntaba el regidor pontevedrés mientras tanteaba aquel recipiente con forma de probeta de laboratorio. Presentar un combinado a nuestro alcalde como si fuese un análisis de sangre es el tipo de provocación que, a mi juicio, bien podría costarles a los franceses una declaración formal de guerra pero fue la cata del producto -no más de un par de sorbos, me aseguran- lo que terminó por acelerar el conflicto: “¡Pero isto non sabe a gin-tonic, isto sabe a pepino!”, protestaba Lores reclamando la presencia de López Escudeiro, el camarero, el barman, el ministro de Exteriores francés, Marion Cotillard y las famélicas legiones irmandiñas. Nunca estuvo Francia tan cerca del desastre como esa noche, ni siquiera cuando los tanques alemanes aparcaron frente a la Torre Eiffel sin permiso ni el preceptivo ticket de la ORA.

Es probable que la escena haya sido exagerada por alguno de los presentes pero lo que siguió se me antoja una demostración de diplomacia al más alto nivel. Lores, alzando la probeta como si blandiera un sable de caballería, explicaba al camarero cómo se sirve un gin-tonic en Pontevedra mientras López Escudeiro traducía y suavizaba el mensaje al mismo tiempo, un poco como el niño del anuncio de Coca-Cola que iba y venía ahorrándose las palabras graves que se dedicaban sus padres hasta lograr la ansiada reconciliación. Estuvieron brillantes y expeditivas nuestras huestes, me aseguran, pero también el camarero francés que, en un abrir y cerrar de ojos, regresó con unas copas servidas como dios manda, perfectamente adaptadas a los gustos y exigencias del primero de los pontevedreses.

Y mientras esto sucedía allí, Rafa Domínguez montaba en cólera aquí, en casa. No porque le pareciera mal que Lores reclamara justicia al camarero –no creo que estuviese al tanto del conflicto- sino porque, según alega, el alcalde ha visitado más veces Francia en los últimos meses que Mollabao. “Lores se va a París pero los problemas de Pontevedra se quedan en Pontevedra”, sentenciaba Domínguez aprovechando su visita al barrio. Es una afirmación difícil de verificar pues sabemos que nuestro alcalde acostumbra a viajar al extranjero en compañía de escribas y fotógrafos –parece lógico, los ciudadanos queremos saber- pero no suele dejar constancia gráfica de todas sus visitas a los barrios y parroquias de la ciudad. Dicho lo cual, si alguien puede sorprendernos ese es Miguel Anxo. F. Lores, así que convendría no descartar que se presente en el próximo pleno con una camiseta o una taza con la típica inscripción de “fui a Mollabao y me acordé de ti.”

“Lores está donde tiene que estar”, me reconocía un destacado militante del Partido Popular este sábado mismo. Preguntaba yo por las palabras de Domínguez y me respondía él con franqueza, convencido de que este tipo de viajes proyectan las bondades de Pontevedra y no hace Lores nada diferente a lo que haría –o debería hacer- su candidato en caso de completar el difícil asalto a la alcaldía. “Cualquier intento por exportar nuestro modelo de ciudad, por vender Pontevedra al mundo, me parece positivo”, concedía el interpelado. Lo que no sabíamos todavía, ni él ni yo ni nadie, es que Lores ya no se conforma solo con eso: ahora parece dispuesto a exportar, además del urbanístico, nuestro bendito y envidiado modelo de gin-tonic.

Exportar nuestro modelo
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