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Jet lag, supongo

Luis Enrique, flanqueado por Rubiales y Molina. BALLESTEROS (EFE)
Luis Enrique, flanqueado por Rubiales y Molina. BALLESTEROS (EFE)

LUNES

Siempre he desconfiado de los que aseguran que el nacionalismo se cura leyendo y viajando, lo que a mi entender no es más que una forma bastante presuntuosa de automedicarse y, al mismo tiempo, acomodarse en un plano de superioridad moral e intelectual respecto a los demás. Es el tipo de afirmación que uno escucha con cierta regularidad en algunos ámbitos culturales de Madrid, por ejemplo, donde no está bien visto que les afees la conducta cuando confunden el pulpo a feira con el pulpo a la gallega o insisten en que el cholismo lo inventó Simeone, no Don Eduardo Dapena Lis. A mi, que soy un bastante hipocondríaco, este tipo de recomendaciones me ponen un poco de los nervios, y no hay viaje a la capital del reino que no termine en la sala de urgencias de la FNAC, pidiendo a gritos que me den aire con un libro de Castelao, supongo que por aquello del jet lag.

MARTES

“Socialistas e intelectuales alertan sobre el gravísimo error político del pacto PSOE-Podemos”, leo en un titular de la prensa nacional-madrileña. El manifiesto, firmado por viejas glorias de la rosa como Joaquín Leguina, José Rodríguez de la Borbolla o Paco Vázquez, se ha presentado bajo el título de “Carta a los españoles”, y en él se aboga por un pacto de estado entre el propio PSOE, el Partido Popular y los diez diputados de Ciudadanos: ese partido que, cuanto menos lo vota la gente, más importante parece para la gobernación de España. En el fondo, lo que nos vienen a decir este grupo de teóricos y nostálgicos es que los españoles votamos mal, rematadamente mal. También que tanta tontería se nos quitaría leyendo y, siempre que el Gordo de navidad caiga muy repartido, incluso viajando.

MIÉRCOLES

A Luis Enrique lo golpeó la desgracia hace un tiempo en forma de enfermedad y posterior muerte de una hija. Esa fue la principal causa de que su entonces amigo y ayudante, Robert Moreno, se hiciera cargo del banquillo de la Selección Española de Fútbol: la continuidad del proyecto a la espera de su regreso. Pero sucedió, como tantas otras veces, que el nuevo inquilino le cogió gusto al trono, a las cámaras, al reconocimiento... “Nada cambia tanto a una persona como que le abran la puerta del coche y el tacto cálido de la moqueta”, dice siempre mi buen amigo Gerardo. Estos días lo tenemos de viaje por Vietnam y alrededores, al mayor de los Lorenzo Torres, comprobando si es cierto aquello de que España es el segundo país con más entrenadores de fútbol y seleccionadores nacionales de todo el mundo, solo por detrás de Camboya.

JUEVES

De que Rafa Domínguez es un fiel seguidor del Barça me enteré el día que nos presentaron formalmente, incluso antes de saber que también era médico. Ayer me envió una foto desde el Camp Nou en la que se le ve con esa sonrisa que parece reservada para los niños pequeños hasta que uno mete a un adulto en el teatro de sus sueños. “He venido a ver a Dembélé”, me decía el líder de los populares en su mensaje y, cosas de la vida, a los veinte minutos de partido se lesionó el futbolista francés. Mientras, en Pontevedra, circulaba por las redes sociales un vídeo en el que se podían admirar los bellísimos atascos que se forman en distintas calles del centro cuando llueve, nosotros que nos creíamos tan especiales. Quizás el futuro de la peatonalización pase por cubrir la ciudad con una gran cúpula, como en aquella serie de televisión americana, porque mucho me temo que devolver el espacio público a los coches tampoco sea la solución. Yo, lo que sí haría mientras tanto, es fichar a Rafa Domínguez Jr. para el Barça y traspasar a Dembélé: los grandes retos que todavía están por venir exigen política de consensos.

VIERNES

Esta tarde regresé a la iglesia después de muchos meses de ausencia. Ir a misa, al menos para mí, tiene algo de retrospectivo más que de introspectivo: me siento en el sitio de siempre, recuerdo cómo sonaban las voces de mis amigos con treinta años menos, compruebo si todavía sigue rota aquella vidriera de la Virgen de Fátima que profanamos de una pedrada... Incluso me siento tentado de pedir que me cedan micrófono y protagonismo nuevamente, yo que durante tantos años fui el niño de la segunda lectura dominical. No sé si aquello me curó el nacionalismo vírico, como dicen los patriotas culturetas de Madrid, pero daño no me hizo. A ver si viajando...

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