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Guille Juncal, nuevo líder de Novas Xeracións local de Pontevedra. TWITTER
Guille Juncal, nuevo líder de Novas Xeracións local de Pontevedra. TWITTER

ENTRE las caras nuevas que las urnas nos han dejado a su paso, hay una que destaca por novísima: la de Guille Juncal. El concejal del Partido Popular, estudiante de derecho, se pasea por la política local con ese arrojo juvenil que dan las pocas barbas y total ausencia de canas. Pontevedra tiene, desde el otro día, un concejal que lo mismo se pone a jugar al rugby que a rumbear algún éxito del verano porque, como diría mi abuela, “Guillermo está en la edad”.

Lo he seguido de cerca en los últimos tiempos y de él solo puedo decir que es un tipo feliz, uno de esos que saludan a las gaviotas y abrillanta el suelo que pisa. En el conviven un dandi y un pokemon, una mezcla de estilo y pretecnología que le confieren ese estilo tan propio de las altas esferas juveniles, como de Zach Efron pero al centro derecha. A Alberto Oubiña, que pasaba por ser el actual amo del recreo, le han puesto un secante de piel suave y sonrisa amplificada que promete grandes tardes de gloria siempre que los estudios se lo permitan. “O aprueba todas o lo echo”, fue la amenaza vertida por Rafa Domínguez sobre el joven Juncal, que se ríe con la suficiencia de quien está dispuesto a comerse el mundo.

Siempre he sido un poco escéptico con la llegada de los JASP a la política, y no por un tema puramente referido a la edad, sino por el escaso currículo que suelen acumular antes de comenzar a rendir servicio a lo público. Nunca me ha parecido la mejor opción pero también es cierto que la sangre joven es tan justa como necesaria. El nuevo consistorio mezcla de un modo casi natural la bisoñez de unos con la experiencia de otros, los brackets con el palillo en la boca. Será un mandato de cuatro años en los que unos cumularán experiencia mientras los otros se van dejando plumas a manojos, como esas gallinas sabias que cacarean y siembran de plumón a su paso.

A su tierna edad, Guille Juncal ya ha logrado lo que muchos intentaron y no consiguieron, como el icónico caso de Petete, que ahora se conforma con gobernar su pequeña suiza, esa terraza en la que todos se vuelven humanos y olvidan por un instante las diferencias. Legalmente, Juncal ya tiene edad para beber así que se empeña en no demostrarlo y se apunta a la Coca Cola. “¿Pero tú bebes cerveza?” le pregunta un barbudo periodista con los pelos del bigote teñidos de blanco por la espuma de la bebida. “Después, aún es temprano”, responde Juncal sin desaprovechar la oportunidad de mostrar sus múltiples registros. No sé qué beberá Juncal cuando sale por las noches pero presiento el encanto de alguna ginebra de importación articulada para su paladar de niño bien, de chaval que ha visto las botellas buenas en el mueble bar de casa.

A algunos no nos da la vida para esperar las primeras intervenciones de los más nuevos y, en especial, la de Guille Juncal, que ha dado el salto más espectacular de cuantos se pueden dar en la vida: de delegado de la clase a concejal del ayuntamiento.

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