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La bomba

Rafa Domínguez. DAVID FREIRE
Rafa Domínguez, portavoz del PP en el Concello de Pontevedra. DAVID FREIRE

Lunes


Pontevedra es una ciudad demasiado pequeña para una gran exclusiva. Hace meses que se rumoreaba con la publicación de una bomba informativa en un medio de ámbito nacional, como si las noticias fuesen más atractivas por el mero hecho de importar a un menor porcentaje de lectores. “Es una lástima que Lores tenga que dimitir por un asunto como ese”, me avanzó un buen amigo allá por el mes de enero. Ni que decir tiene que a uno se le dispara la imaginación con este tipo de planteamientos, tanto que mi primer impulso consistió en introducir “Miguel Anxo Fernández Lores sexo Corinna Larsen” en el buscador de Google. Pero nada: mi gozo en un pozo. Descartado cualquier lío de faldas con una aristócrata extranjera, las opciones más golosas se reducían a la típica cuenta de ahorro en un paraíso fiscal, alguna mordida mal disimulada o la clásica foto de compadreo estival con un mariscador furtivo.

Martes


Al final, la supuesta bomba se redujo a la falta o ausencia de un papel, llámenlo ustedes como quieran. Tampoco es cosa menor, quiero decir: una licencia es una licencia y parece evidente que el alcalde, como primer ciudadano de Pontevedra, debería estar un poco más al loro de las obligaciones administrativas, especialmente en este tipo de cosas. ¿Debería dimitir, entonces? A mí me parece evidente que no, como tampoco creo que deba dimitir Rafa Domínguez por pedir explicaciones sobre el tema, que es lo que uno espera del líder de la oposición. ¿Y por que digo esto?, se preguntarán ustedes. Pues porque todavía es martes y mucho me temo que, de aquí al domingo, tendremos tiempo de leer columnas y tribunas de todo tipo exigiendo responsabilidades a Domínguez por el error u omisión de Lores con la dichosa licencia.

Miércoles


Sobre la licencia en cuestión hay mucho y poco que decir, depende del interés de cada cual. Así, a bote pronto, la noticia publicada por el ABC debería suscitar algunas dudas y las respectivas explicaciones. Curiosamente, hemos tenido más de lo segundo que de lo primero, lo que nos habla del buen cartel de nuestro alcalde y de nuestro gusto por las batallitas de cafetería. Discutir por discutir es el deporte nacional en esta ciudad y no moverse del punto de partida inicial nuestra siguiente seña de identidad. En realidad, nadie discute sobre si Lores debería haber solicitado mucho antes la licencia de primera ocupación o no. Ni tampoco sobre los supuestos beneficios de la no acción, que en este caso son cero, ninguno, niet… Aquí, lo que se discute, es la posibilidad de poner en duda algunas de sus actuaciones sin que a uno lo tachen de fascista, españolista, estómago agradecido, retrógrado, calvinista o madridista. Lores es el mejor alcalde que ha tenido esta ciudad, eso ni se discute, pero con los loristas empieza a suceder lo mismo que sucedió con los mourinhistas o los guardiolistas en aquellos años locos del fútbol español: cualquier análisis ha quedado reducido a un simple acto de fe.

Jueves


Antes de la pandemia, otro de los grandes alcaldes de Pontevedra, nuestro querido Pepe Rivas Fontán, nos invitó a unos cuantos a comer en su casa de Xeve. Es un hogar precioso, con un jardín lleno de árboles en los que Pepe va depositando comida para alimentar a los pájaros que por allí se acercan, algunos incluso periodistas. Toda la propiedad tiene un aire bucólico, a ratos intelectual, de corte sereno, hasta que Pepe te dice “ven, ven, que quiero que veas esto”. Entonces, con una sonrisa amarga en la cara, te señala un mueble de fornica a medio caer y anuncia: “hay tenéis la famosa cocina por la que tuve que dimitir”. Yo, si fuese un dios todopoderoso y tuviese la potestad de castigar a deshora, le pegaría en la cabeza con esas cuatro tablas a todo aquel que utilizó semejante chamba para extender la sombra de la corrupción sobre Rivas. “Fíjate si le dolió que hace años que quiero quitar eso de ahí y no me deja”, recuerdo que me comentó Gloria, su mujer. Quizás me equivoque pero juraría que el bueno de Pepe la utiliza como recordatorio permanente cada vez que se le despierta -o despertaba- el gusanillo del regreso a la política activa.

Viernes


Como cabría esperar -y como anuncié en el primer párrafo- la mini bomba del ABC ha quedado reducida a una simple cuestión de ética política: ¿debe dimitir Rafa Domínguez por hacerse eco de una noticia publicada y pedir explicaciones, o debe dimitir el periodista que la publicó? Que Lores no debe dimitir por un simple error administrativo ya lo digo yo, que además llevo seis años con el Documento Nacional de Identidad caducado, ahora que me fijo. Y que lo de Corina Larsen nos habría puesto en el foco de los principales medios de comunicación, también: sería otro modelo de ciudad, qué duda cabe pero, mal que bien, seguiría siendo un modelo.

La bomba
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