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Larga vida y prosperidad

Imagen de la San Silvestre de este año en Pontevedra. GONZALO GARCÍA
Imagen de la San Silvestre de este año en Pontevedra. GONZALO GARCÍA

Lunes:

Lo que más me gusta de terminar un año es esa sensación juguetona de haberlo tirado por la borda, de no haber hecho nada digno de recordarse –puede que ni siquiera de mencionarse– y sentirme lleno de orgullo porque siempre he pensado que perder el tiempo es el mayor lujo que cualquier persona, animal o cosa, puede permitirse. 

Martes:

Algunos amigos llevan meses convenciéndome para correr la San Silvestre, la última carrera del año importada a media España desde Vallecas, que es uno de esos barrios donde todo se hace por patas. A través de Instagram descubro que Anabel Gulías será de la partida, lo que me deja prácticamente sin excusas. Luce el dorsal 6717, tutu de ballet en color verde dinoseto y cuernos de reno con motivos navideños. Es difícil caer mejor que Anabel, apreciada incluso por sus rivales políticos más enconados y a pesar de que, en ocasiones, caen en la cuenta de que es un poco marxista. Al final decido no correr, huir del mundo, pero a media noche, justo antes de comenzar con las felicitaciones, me dejo caer por la misma red social y descubro que Gulías también se ha borrado, que no ha corrido alegando no sé qué lesión en el estado de ánimo. «La San Silvestre no es para marxistas», improviso yo camino del after, cuando las palabras las patrocina Seagram’s y mis amigos empiezan a pedir explicaciones por todo. Todavía no saben que me he gastado el dinero del bote y que no he guardado ni un triste euro para el taxi: ahí sí me va a tocar correr. 

Miércoles: 

Toda España habla hoy del vestido que lucía Cristina Pedroche en la Puerta del Sol. Yo, en cambio, no me quito de la cabeza la nueva imagen de Alberto Chicote, tan delgado que me cuesta reconocerlo en un primer momento. Personalmente, siempre me han gustado los cocineros gordos, rechonchos y sonrosados, entiendo que por una simple cuestión de confianza. Creo que fue lo mismo que pensé la primera vez que me presentaron a Pepe Solla, que además de un maestro entre fogones resultó ser guapo como una tarde de sol. «Ese vestido no puede ser nada cómodo para ir al baño», dice mi madre retomando el asunto de la presentadora. No deja de asombrarme el sentido práctico de las madres, siempre atentas a señalar la luna y meternos el dedo en el ojo: puro mourinhismo.

"La San Silvestre no es para marxistas", improviso yo camino del after

Jueves: 

La justicia belga viene de anular la euroorden contra Puigdemont y Comin, un nuevo revés al juez Llarena y por extensión a una justicia, la española, en la que necesitamos creer pero que no termina de darnos los suficientes motivos. ¿Tan difícil será hacer las cosas bien, aunque perdamos por el camino un  punto de espectacularidad y hasta de colmillo? La noticia se ha solapado con el anuncio de acuerdo entre PSOE y ERC, un doble mazazo en la línea de flotación de Rosa Díaz II de España y V de Alemania: le han faltado letras en el abecedario para insultar a tanta gente, bendita sea. También a Pepa Pardo se le calentó la mano, al menos en mi humilde opinión, con un mensaje que ya historia de Twitter a nivel local. «Leo el pacto entre PSOE y ERC y solo me viene a la cabeza una palabra TRAIDOR, eso es lo que es el Sr. Sánchez, un traidor que ha vendido a España por tener un sillón en la Moncloa. Que asco», escribió textualmente, mayúsculas incluidas. Yo creo que a lo largo de la tarde le llegó la hora del arrepentimiento pero solo por haber concedido a Sánchez el tratamiento de Sr. 

Viernes: 

El acuerdo entre el BNG y el PSOE ha desatado un intento de boicot a Galicia sin ninguna credibilidad: nadie en su sano juicio se embarcaría en un boicot a los productos gallegos en los meses con erre, ¿a quién pretenden engañar?

Sábado:

«El destino favorece a los niños, a los locos y a las naves llamadas Enterprise», es lo que me repito camino de la Carrera de San Jerónimo, muy ilusionado por cubrir mi primer debate de investidura en directo o, dicho de otra manera, desde el bar más próximo al Congreso: larga vida y prosperidad.
 

Larga vida y prosperidad
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