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No parece sencillo marcarle un gol al BNG en estos momentos

El alcalde de Pontevedra, Miguel Anxo Fernández Lores, golpea un balón durante una visita al campo de fútbol de Cerponzóns en 2018. GONZALO GARCÍA
El alcalde de Pontevedra, Miguel Anxo Fernández Lores, golpea un balón durante una visita al campo de fútbol de Cerponzóns en 2018. GONZALO GARCÍA

SE PASÓ Miguel Anxo Fernández Lores por los micrófonos de El Larguero y lo primero que hizo fue saludar al respetable y reírse. Le había preguntado Yago de Vega por los deportes que suele practicar y el alcalde no pudo evitar pensar en el mus, de ahí el cachondeo inicial. En otro tiempo, cuando la espalda se lo permitía, a Lores le gustaba nadar e incluso esquiar, según confesó él mismo, así que por un momento pude imaginarlo lanzándose desde un helicóptero sobre alguna montaña de los Alpes suizos, como Bárcenas en aquellos días de vino, rosas y cajas B del Partido Popular. Me resultó una imagen divertida, tanto como la reacción del productor, Héctor González, que al final del programa me preguntó si en Pontevedra teníamos alguna estación de esquí. "Todavía no, pero dale tiempo", contesté.

Antes de eso nos habíamos saludado entre bambalinas, como el intérprete y la corista que se desean mucha mierda antes de comenzar la actuación. A mí me habían reclamado los amigos de la SER para hablar de fútbol y a él le correspondió poner en valor unos mundiales ITU Multisport que han situado a Pontevedra en el centro de la escena deportiva durante las dos últimas semanas. "Ni un solo incidente reseñable", destacó Lores. Lo cierto que es sí ha habido un par de episodios desafortunados, nada del otro mundo: un intento de sabotaje que no fructificó y el robo a uno de los deportistas que, despistado, terminó en un conocido barrio chabolista del ayuntamiento vecino, descompuesto y sin bici. "Pontevedra ha demostrado, una vez más, su compromiso con el deporte y su gran capacidad de organización", subrayó en presencia del ex futbolista Gustavo López. Estaba tan feliz el alcalde que solo le faltó retarlo a una tanda de penaltis.

Porque Lores –que no lo explicó y sus razones tendrá– también fue un portero medio decente en otros tiempos, más en la línea sobria de Zubizarreta que en la espectacularidad propia de Paco Buyo. Enuno de sus artículos, el columnista pontevedrés Manuel Jabois recuerda un partido benéfico en el que se atrevió a lanzar una pena máxima con el regidor bajo palos. Quiso fusilarlo el de Sanxenxo y la pelota terminó en la playa de Caneliñas. Algún pavero debió insistir en que lo repitiera –puede que el propio Lores– y en su segundo intento optó Jabois por tirar a colocar: la pelota jamás llegó a la portería, una metáfora bastante aproximada de lo que podrían depararnos los inminentes comicios municipales.

No parece sencillo marcarle un gol al BNG en estos momentos, por más que los otros candidatos se esfuercen en demostrar sus aptitudes a balón parado. Rafa Domínguez empieza a enseñar alguna de sus mejores cartas en forma de proyectos atractivos, como el de la zona de ocio en el Gremio de Mareantes, muy en el estilo de las Docas de San Amaro lisboetas. Tino Fernández se siente fuerte tras el buen resultado del PSOE en las elecciones generales y Ciudadanos se ha encomendado a Goyo Revenga para apuntalar unas expectativas que parecían peores meses atrás. Luis Rei, por su parte, lucha contra esa marea inversa que ya tiene tintes de resaca peligrosa y Vox aspira a, por lo menos, fidelizar el descontento de sus votantes potenciales: la felicidad es el mayor enemigo de la ultraderecha del mismo modo que el chocolate es peligroso para los perros. "Yo me pasé muchos años en la oposición", dijo Lores en El Larguero. "Ahí es donde se aprende, de verdad, a gobernar". Sonó a consejo y advertencia para sus rivales y lo dijo, además, guiñando un ojo, lo que en el lenguaje de las señas del mus significa que sale a jugar con treinta y una.

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