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Odio los lunes

Imagen del Pleno Municipal celebrado el pasado lunes en el Teatro Principal. GONZALO GARCÍA
Imagen del Pleno Municipal celebrado el pasado lunes en el Teatro Principal. GONZALO GARCÍA

Lunes

A la entrada de los populares en el pleno municipal solo le faltó un pequeño detalle: que alguno de los concejales portase un estéreo sobre el hombro con aquel “y es que voy a pasármelo bien” de los Hombres G sonando a todo trapo. Sonrientes y bien peinados, como corresponde al imaginario conservador, se presentaron todos ellos con un lazo enorme de color naranja en la solapa, apenas dos años después de que su partido convocase una manifestación en Barcelona para “poner coto al uso de este tipo de símbolos dentro y fuera de las instituciones”, en palabras del propio Pablo Casado. Y más allá de la evidente contradicción, la pregunta que flotaba en el ambiente era la siguiente: ¿en qué mercería se venden lazos de colores tan horrendos y quién fue el encargado -o encargada- de ir a comprarlos? Todas las miradas se centraron en Pepa Pardo, cómo no, que para algo es la cool hunter oficial del grupo y capitana de la tropa aragonesa.

Lunes II

Ahí se terminaron las concesiones a la fantasía. Se jugaba sobre terreno embarrado y aparecieron los tacos de aluminio, los punteirolos, los insultos y las protestas al árbitro, como no podía ser de otra manera. A Rafa Domínguez le pasaron el balón más de la cuenta mientras los defensas del BNG lo esperaban en zona, cada uno bien pertrechado en su área de influencia. Lo de Gómez Xunqueira, por ejemplo, fue una exhibición. Demetrio no solo tiene pinta de central vasco de los años ochenta: es un central vasco de los años ochenta -lo delatan sus jerséis- que ha evolucionado y se prepara los partidos a conciencia, empapándose en informes y argumentos que suelen dejar en nada las intentonas rivales. La moción de los populares sobre la accesibilidad en el nuevo puente de O Burgo terminó con Domínguez reconociendo lo que Gómez ya sospechaba desde el principio: que al popular no le gusta la remodelación en sí misma, más allá de que las personas invidentes puedan orientarse con comodidad o de que a Guille Juncal le griten “¡que no me entere yo de que ese culito pasa hambre!” cuando sale a correr por la zona.

Lunes III

Con Demetrio pidiendo a gritos su debut con la Selección Española (de momento no ha renunciado públicamente a ello, como en su día Nacho u Oleguer Presas), Domínguez se fue con la pelota al centro de Reina Victoria, donde se le vio realmente cómodo e hizo más daño. El veterano César Mosquera se había mostrado solvente con el asunto de las ayudas a la hostelería (“está pechada por orde da Xunta de Galicia”, recordó hábilmente) pero se fue al suelo con todo el argumentario esgrimido hasta ahora para el cierre de la susodicha calle. Cuando media ciudad había dado por buenas sus explicaciones sobre el control de la pandemia y la protección del alumnado del Sánchez Cantón, el referente de la zaga nacionalista anunció la instalación de una tirolina gigante durante las fiestas, apenas cuatro días después de que el propio Lores se mostrase partidario de adoptar medidas más drásticas para atajar la propagación del virus: penalti claro de Mosquera y gol de Rafa Domínguez.

Lunes IV

“¿Pero que turismo ou que Xacobeo?”, se preguntaba Miguel Anxo F. Lores el pasado jueves. “¿De qué estamos a falar? Primeiro teremos que controlar a pandemia. E canto máis tardemos, máis tardará en chegar a recuperación económica”. Su posicionamiento me parece sólido, responsable y - desgraciadamente- poco común, más preocupados la mayoría de los alcaldes en practicar esta suerte de populismo navideño que en concienciar a sus ciudadanos sobre la realidad sanitaria a la que nos enfrentamos. Por eso no se entiende la boutade de la tirolina, como no se entienden las inversiones en luces, cabalgatas y otras monsergas que preparan diferentes ayuntamientos del territorio nacional con la que está cayendo.

Lunes V

El anuncio de Mosquera desató la furia de Goyo Revenga, el único entre los conservadores que no lució el lazo naranja en la solapa, entiendo que por razones estéticas pero también por otras igual de evidentes. Más allá de rebautizar la tirolina como tirolínea y señalar las contradicciones implícitas en la decisión, a Revenga no le gustó ni un pelo que le tumbasen su moción para instalar medidores de ozono en las aulas y decidió pagarlas con Lores, al que acusó de comportarse como un dictador. “Es usted como Killing Jun”, le espetó para sorpresa de todos los presentes, que no acertaban a comprender lo que decía. “¡Sí, sí, como Killing Jun!”, insistió Revenga por segunda vez. Yo quiero pensar que se refería a Kim JongUn, pero con Goyo nunca se sabe. Y es que si los populares pudieron entrar al pleno con los Hombres G atronando en loro, Revenga pudo marcharse del Teatro Principal rapeando al ritmo de Calle 13: “Y tú viniste amazónica como Brasil. Tú viniste a matarla como Killing Jun Bill. Tú viniste a beber cerveza de barril. Tú sabes que tú conmigo tienes refil”.

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