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San Xoán é carniceiro

San Xoán. RAFA FARIÑA
San Xoán. RAFA FARIÑA

Lunes:
A menudo, las imágenes lanzan mensajes tan potentes que uno no encuentra palabras para describirlas. La de Petete ataviado con un polo de #Sentidiño, en la puerta de su local y en compañía de Rafa Domínguez, bien podría ser una de ellas. Se me ocurren pocas personas en Pontevedra con más capacidad de reunión que el hostelero/político/cómico/estrella del pop y sin embargo ahí lo tenemos: llamando a la calma en un momento donde las ganas de socializar y retomar nuestras rutinas de siempre entran en serio conflicto con el sentido común.

La fotografía, tomada por el equipo de Domínguez y compartida a través de las redes sociales, nos recuerda también que los pantalones del político siguen empeñados en retrotraernos a la vieja normalidad, en parte por su extraña costumbre de llevar los bolsillos llenos de cosas. Y digo extraña porque Rafa es de esas personas que va con mochila a todas partes, no se entiende la necesidad de deformar con todo tipo de cachivaches la forma natural de sus tejanos. Así las cosas, uno no puede dejar de imaginar a Petete y Domínguez pasando por los arcos de seguridad de un aeropuerto: entre la facilidad de palabra del primero y el síndrome de Diógenes del segundo, pierden el vuelo seguro.

Martes
La noche de San Xoán, en Madrid, ni es noche ni es San Xoán. En un local del barrio de Chueca anuncian algo parecido a una sardiñada pero la realidad se impone y aquello no pasa de unos boquerones en vinagre por los que terminan cobrándome un precio indecente. A punto estoy de echarme a llorar con la cuenta en la mano, decepcionado por un nuevo gasto superfluo y la ausencia de tradiciones, cuando un camarero se me acerca por la espalda y, advirtiendo mi estupor, dice: "¿qué esperabas? San Xoán é carniceiro". Eso es lo que yo entiendo como salvar una fiesta centenaria sobre la campana.

Miércoles:
Hoy, en el Congreso de los Diputados, hemos asistido a un intenso rifirrafe entre el joven diputado Diego Gago y la ministra Yolanda Díaz. Aprovechó el primero su intervención para recordar aquellos días en lo que, como férrea sindicalista, Díaz se situaba al frente de las manifestaciones de los trabajadores de Alcoa y en contraposición a la actual actitud del Gobierno de España ante el problema, que básicamente consiste en ponerse de perfil. El reproche molestó a la actual ministra de Trabajo quien, en un tono que sí nos recordó a la antigua Díaz, ocupó su turno de réplica en cargar contra la política industrial del PP y la Xunta de Galicia. Como suele suceder en política, dijo cosas que son verdad y otras que no tanto. Porque, extrapolando y en resumen, lo que vino a decir Yolanda Díaz es que si Ence abandona la ría de Pontevedra mañana, será por culpa del PP y de la Xunta, algo que cuesta creer pero que, puesto negro sobre blanco en los papeles de la ministra, podría parecer incontestable.

Personalmente, y pese a la algarabía que suscitó en el propio parlamento y en las redes sociales, su intervención me recordó a aquella declaración de Lores sobre la formación morada allá por 2015: "Unidas Podemos non ten nin pes nin cabeza".

Jueves:
Vox acaba de anunciar una gira de Javier Ortega Smith por Galicia en la que, sin entrar en otras consideraciones, volvemos a intuir el profundo desprecio de la formación ultra por la toponimia. Así, Xinzo de Limia acaba convertido, por esa pulsión castellanizante de la extrema derecha, en Ginzo de Limia. Puestos a hacer el ridículo, yo les recomendaría optar por una opción más cinéfila y refrescante como Gizmo de Lima: combina lo mejor de un clásico de los ochenta como Los Gremlims (que tan bien explica la naturaleza de Vox, por cierto) con lo peor del mundo de los cítricos.

Viernes:
Otra vez han desembarcado en la ciudad de Pontevedra As mulleres que opinan son perigosas para sacarnos los colores a unos cuantos, esta vez en formato virtual por las razones que ya todos conocemos.

La idea original de Susana Pedreira y de Diana López Varela corría serio peligro de no celebrarse este año por causa de la pandemia, pero el empeño de la presidenta de la Diputación, Carmela Silva, y el buen hacer de nuestras compañeras han sido suficientes para que, una vez más, Pontevedra se convierta en el centro neurálgico de las reivindicaciones feministas y periodísticas de este país, que no son otra cosa más que la esperanza de poder vivir algún día en un mundo donde congresos de este tipo nos parezcan un raro anacronismo.

Sábado:
Por si alguien no comprendió la importancia de la Plaza de toros de Pontevedra en la historia electoral de Alberto Núñez Feijóo (las críticas al vídeo de campaña así lo demuestran), el PP montó hoy una performace low cost para poner los puntos sobre las íes y sacudirse los equívocos. Gustó Rueda en la primera faena de la mañana, Rajoy se fue con dos orejas muy merecidas y el coso de San Roque se cayó pidiendo los máximos trofeos para Feijóo... ¿Toda? No toda: en el tendido del tres pudimos ver a un veterano militante echándose la siesta del carnero, que es la que antecede cristianamente a las comidas. Solo desentonó Pablo Casado, al que vimos entre el público aplaudiendo a los totems gallegos como Cayetana Álvarez de Toledo le aplaude a él en el Congreso (con cierta incomodidad de clase) y terminó saliendo de la Plaza sin pena ni gloria, convencido de que una cosa es que te llamen presidente y, otra muy distinta, serlo.

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