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Solo negocios

Lunes:
Por más vueltas que se le quieran dar a la misma roldana, el futuro de Ence en la ría de Pontevedra depende casi exclusivamente de los tribunales de justicia. Ellos son los que decidirán sobre la legalidad o no de la última prórroga concedida a la pastera por aquel gobierno en funciones presidido por Mariano Rajoy. Insistir en los argumentos a favor y en contra de su continuidad no deja de ser -quizás siempre lo fue- una enorme pérdida de tiempo. Todos, detractores y partidarios, se han expresado más de un millón de veces y nadie parece dispuesto a moverse ni un solo milímetro de su posición así que para qué gastar más saliva salvo en una única cuestión: me sigue asombrando la facilidad y el descaro moral con el que tanta gente trata a los trabajadores de Ence, deseosos de verlos perder sus empleos por el mero hecho de llevar razón. Si algún día me descubren alegrándome por algo semejante, tienen permiso para tirarme al mar o soltarme una patada en la espinilla.

Martes:
Dicho esto, creo que Ence se equivoca en utilizar a sus trabajadores no ya como escudos, sino como arietes en una guerra que nunca debió aceptar. “No es personal, solo negocios”, es una de las frases más famosas de la historia del cine y representa como pocas la naturaleza propia de un empresa, que debería tener como único objetivo generar riqueza y sinergias administrativas que le permitan prosperar. Una y otra vez insisten en catalogar como políticas las motivaciones de las diferentes administraciones posicionadas en su contra, especialmente la del Concello de Pontevedra, pero su respuesta nunca ha sido otra que el cuño de la misma moneda, demasiado pendiente de cuestiones que no deberían hacerle perder el sueño en lugar de agotar todas la vías de colaboración y entendimiento. Ni siquiera la negativa tajante de los nacionalistas, a abordar casi cualquier cuestión que tenga que ver con la continuidad de la fábrica, debería ser motivo suficiente para que esta abandone el plano propositivo y el intento constante de negociación.

Miércoles:
Por cierto que deslices como el de su presidente esta misma semana, tampoco ayudan en nada a una plantilla de trabajadores que parecen ser los únicos dispuestos a pelear seriamente por la continuidad de la fábrica. Es más: sinceramente opino que, al menos por esta vez, deberían ser los propios empleados quienes tuvieran la posibilidad de despedir a un dirigente que ni mucho menos ha estado a la altura de lo que cabría esperar en un empresario de su calibre y experiencia. La desafortunada frase del susto esté o no sacada de contexto -a fin de cuentas, dice lo que dice, tampoco queda mucho margen para la matización- es un mazazo a la credibilidad en materia medioambiental que Ence se había labrado en los últimos años, mucho más preocupada por bajar su impacto sobre las aguas de la ría de Pontevedra que cualquiera de los ayuntamientos que hoy reclaman su salida. Y esto, querido lector, es un hecho fácilmente demostrable: dense un paseo en barco por la costa de Poio y cuenten puntos de vertido, verán como les faltan dedos. 

Jueves:
Y en esas estábamos, matándonos figuradamente como buenos hermanos, cuando llegó Rafa Domínguez y nos metió en otro conflicto de naturaleza internacional, esta vez con el pueblo de Ferrol. Sus declaraciones deberían ser consideradas como un error a medias, pues siendo evidente que no midió del todo el alcance de su afirmación, tampoco es menos cierto que las broncas identitarias encierran su encanto y cierto tirón. El problema principal es que tampoco tenemos gran cosa contra aquella buena gente, si acaso ver al Racing por encima de nuestro Pontevedriña en el Grupo I de la Segunda B pero bueno, fútbol es fútbol. Ferrol no es Vigo, ni mucho menos; no se nos agita la pelvis solo de pensar de ellos ni se nos ponen los dientes de lobo así que, entiendo, la vía de la disculpa podría ser un camino más transitable que el dejarlo correr aunque tampoco es que le vea la gran diferencia.

Viernes:
La Fiscalía acaba de anunciar que abrirá una investigación tras las palabras del presidente de Ence: lógico. ¿Qué otra cosa podría hacer? También es cierto que cuesta imaginar un escenario en el que la fábrica no haya sido revisada con lupa, una y cien veces, por las distintas autoridades de control competentes. Cualquier industria tiene un cierto componente de riesgo, resulta inherente a su actividad, pero cuanto sabemos sobre los controles realizados periódicamente en Ence debería tranquilizar al más cenizo de los conspiranoicos. Yo lo sé porque algunos de mis mejores amigos trabajan ahí dentro, conocen la fábrica como la palma de su mano y, créanme, tontos no son. Tampoco malas personas, no al menos del tipo que disfruta viendo como unos desconocidos -o aún peor, algunos conocidos- pierden su empleo y pasan a engrosar las ya de por sí saturadas listas del paro. ¿Saben quién decía aquello de deshumanizar al enemigo? Pues investiguen, investiguen. 

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