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Pablo Iglesias. EFE
Pablo Iglesias. EFE

Lunes 

Leo en El País la entrevista al infectólogo Oriol Mitjà y no sé qué pensar. Por una parte, no estoy del todo de acuerdo con su aseveración principal, esa de que "la epidemia de coronavirus era evitable", aunque no es menos cierto que el experto es él. A toro pasado todos somos buenos toreros pero Mitjà no es el primer especialista en la materia que frunce el ceño cuando se le pregunta por la idoneidad —y el tempo— de las medidas adoptadas. No sé. Uno quiere ser constructivo y leal pero, cuando todo esto termine, alguien nos tendrá que ofrecer múltiples e importantes explicaciones: las necesitaremos para decidir si la crisis fue abordada por dirigentes noblemente superados o por una cuadrilla de políticos negligentes. 

Martes

Cada vez que escucho la expresión "paquete de medidas" me pongo a temblar: es lo que los científicos denominan Síndrome del Autónomo. Parece que las aprobadas por el Gobierno tienen el respaldo casi unánime del resto de partidos y los principales agentes económicos, lo que no suele ser muy habitual, por lo que habrá que darles un voto de confianza aunque, casi con total seguridad, este triste jornalero no recibirá gran cosa: tampoco es que me lo merezca, supongo.

Miércoles

Si lo que buscaba su Majestad Felipe VI era el aplauso de los republicanos, lo ha conseguido: nunca un discurso del rey había sido recibido con tanta alegría por quienes creen que ha llegado la hora de finiquitar la monarquía y pasar a un sistema menos anacrónico, más democrático. Cuando el meollo de una intervención de estás características es un triste "¡vamos!" —uso los signos de admiración por respeto a la gramática, no a la verdad pues mal vamos, así a secas. Es el tipo de fórmulas que le funcionaban a su padre, que para eso portaba título de campechano. O a Rafa Nadal, que es un deportista de élite y no estudió en las mejores universidades americanas... O a mí mismo, que llevo cinco días metido entre cuatro paredes y ya no estoy seguro de saber construir una triste subordinada. 

Jueves

Como la semana estaba para comparecencias, hoy le tocó a Pablo Iglesias, al que todos creíamos en cuarentena pero ya se sabe: los superhombres están hechos de otra pasta, las normas solo existen para el común de los mortales, no para Linterna Verde, Pablo Iglesias o Aquaman. Tiene el pelo mejor que nunca el vicepresidente, eso sí hay que reconocérselo. Estos días de confinamiento ha debido dedicarlos a la probatura de mascarillas y otros trucos de belleza pero ni por esas ha sido capaz de maquillar su escaso sentido del deber ni sus ansias de chupar cámara, de darse importancia y publicidad. Todo cuanto dijo podría haber sido explicado por una Yolanda Díaz que, por cierto, fue una de las primeras en reaccionar ante la crisis sanitaria que se nos venía encima y, a las pocas horas de aquello, la obligaron a desdecirse y rectificar. 

Viernes

Como era de esperar, a Iglesias le han llovido las críticas por su comparecencia de ayer, y no solo en el párrafo anterior. Pablo Echenique, que a menudo funciona como su leal escudero (un Sancho sin panza ni asno pero con estanquera y I-pad) salió rápidamente a defenderlo a través de Twitter. Insinuó Pablo Jr. que Ángels Barceló, a la que dice tener por una buena periodista, se dejó presionar por oscuros intereses y organizó una tertulia para destrozar al Amado Líder, lo que directamente la convertiría en la peor periodista del mundo. Pero Echenique es así y, viendo como es capaz de contradecirse a si mismo en un solo tuit, empezamos a comprender por qué borró más de 8.000 cuando le comunicaron que podía tocar moqueta. 

Sábado

Me he subido a una báscula. Stop. Los datos son confidenciales. Stop. Qué mundo este. Stop. En el que nuestra sociedad saldrá de la pandemia más gorda de lo que entró. Stop.

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