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Superliga de la ruína

Florentino Pérez. EFE
Florentino Pérez. EFE

Lunes


Hace unos años, durante una de las ampliaciones de capital llevadas a cabo por el Pontevedra, sonaba por la radio un anuncio que decía algo así como: "¿quiere ser usted como Florentino Pérez? Compre acciones del Pontevedra". Lo recuerdo bien porque, la primera vez que lo escuché, iba conduciendo y casi empotro el coche de mi padre contra la estación de bomberos por segunda vez, un récord -todo sea dicho- al alcance de unos pocos privilegiados. Aquellos eran tiempos donde la fascinación por el presidente del Real Madrid había alcanzado sus máximas cuotas (tanto que incluso se volvieron a poner de moda las gafas con montura de metal) y a los publicistas en cuestión les pareció una idea fenomenal lo de asociar la compra de dos o tres acciones del club granate a la figura del empresario madrileño: ni en la peor de sus pesadillas, supongo, pudieron imaginar a semejante faraón presentando una Superliga del fútbol europeo en un programa de televisión que lleva por nombre El Chiringuito.

Martes


Y es que, más allá del escenario (donde destaca un señor con varias pianolas que va soltando tonadillas y efectos de sonido, un poco como en los bautizos), Florentino Pérez se presentó ante el mundo como una especie de héroe por sorpresa, el salvador al que nadie le ha pedido que salve nada pero igualmente acude a la no llamada. "Estamos todos arruinados y, si no actuamos ya, en 2024 estaremos muertos", dijo poniendo su mejor cara de bedel de tanatorio: fue la primera gran mentira de la noche. Sin ir más lejos, el actual campeón de Europa y del mundo, el Bayern Múnich, no debe un solo euro a nadie (así lo exige la ley alemana del deporte), paga razonablemente bien a sus figuras, se maneja con la mitad de presupuesto que Real Madrid o Barcelona y - ¡oh, sorpresa! - es capaz de competir con ellos o los famosos clubes estado en cuanto la pelota echa a rodar. ¿Qué ha hecho mal Florentino Pérez para arruinar a una entidad como el Real Madrid? Eso no se lo preguntó ninguno de los periodistas presentes en el plató, que optaron por interesarse sobre si Florentino pensaba fichar a Mbappé, a Haaland, a Brad Pitt o a Beyoncé. Al día siguiente, para seguir cargando de razones a los agnósticos, otro de los clubes fundadores de la Superliga, el Tottenham, despedía a su entrenador previo pago de 20 millones de libras en concepto de finiquito. ¿Para esto quieren los grandes clubes más dinero? No duden ni por un instante de que la respuesta es "sí, por supuesto". 

Miércoles


Posiblemente sea usted, estimado lector, de los que vieron con buenos ojos la creación de una nueva competición que escapase a las garras avariciosas de la UEFA, nos regalase más partidos entre los históricos cada temporada, y aliviase la sangría de deudas que arrastran los tres grandes equipos del fútbol español: es natural, tampoco tiene que sentirse mal con ese pensamiento. El hincha aspira siempre a lo mejor para su club pero, en este caso concreto, nada nos hace pensar que más dinero fuese a suponer una mejora en lo deportivo, al contrario. El mejor Barça de la historia se creó a partir de la ruina gaspartiana, obligado a buscar en su cantera lo que antes compraba en el libre mercado a precios desorbitados. Giró la rueda, se dispararon los ingresos y, en las dos últimas temporadas, el equipo catalán invirtió 500 millones de euros -solo en traspasos, sin contar sus sueldos- en tres futbolistas que no han contribuido a mejorar, de ninguna manera, el nivel del equipo. Y eso, en definitiva, es lo que vendría a ser la Superliga: un club selecto de ricachones que habrían comprado el derecho eterno a equivocarse.

Jueves


Huyan cada vez que alguien les presente al presidente o presidenta de cualquier club de fútbol como una figura mesiánica: algo esconde, inevitablemente. De niño, me crie entre historias magníficas y loas a Don Santiago Bernabéu: un señor al que le gustaba decir que no tenía nada en contra de Catalunya "salvo los catalanes" y cosas por el estilo. Nadie me explicó que era un franquista de pata negra y que se aprovechó de los favores del régimen como el régimen se aprovechaba de la imagen y trascendencia internacional del Real Madrid. Y luego estaba Núñez, otro prohombre con fama de gran empresario, de buen gestor, que terminó en la cárcel por intentar sobornar a varios inspectores de Hacienda. De Jesús Gil, Ruíz de Lopera, Del Nido, Sánchez Llibre, Agapito y compañía, no hace falta decir mucho más: no hagan caso a los anuncios de radio ni a los grande elogios, no quieran ser nunca como Florentino Pérez salvo en lo evidente.

Viernes


"Eso no es fútbol, es otra cosa. Si no hay relación entre trabajo y recompensa, si da igual ganar que perder, no es deporte, es otra cosa", Pep Guardiola.

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