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Usar la cabeza

Lula da Silva, tras ganar las elecciones. LINCON ZARBIETTI
photo_camera Lula da Silva, tras ganar las elecciones. LINCON ZARBIETTI

Lunes

Los brasileños eligieron ayer a Lula da Silva como nuevo –viejo– presidente del país, aunque todavía está por ver que sus detractores acepten el resultado y no aboquen al país a algo parecido a una guerra civil encubierta. En los últimos tiempos, la derecha más extrema siempre se agarra a la teoría de la conspiración para explicar sus derrotas electorales, lo mismo en Brasil que en Bolivia, Perú o los Estados Unidos y, por supuesto, también en España, donde el gobierno de Pedro Sánchez es tachado de ilegítimo tres años después de haber ganado no una, sino dos votaciones. En el bando de los conspiranoicos brasileños nos hemos encontrado con viejos conocidos del público español que alientan el golpe militar desde sus redes sociales o desde las calles, emboscados entre los miles de manifestantes. Es el caso de Donato, por ejemplo –la última vez que utilizó la cabeza le dio una Liga al Deportivo–, o del también exfutbolista Robinho, pendiente de ser extraditado a Italia para cumplir una condena por violación: lo mejor de cada casa, vamos, un perfil muy habitual entre quienes creen que la democracia son ellos.

Martes

Entre las fotos habituales del día de Difuntos destacan, este año, las de algunos jóvenes un tanto gilipollas que aprovechan una fecha tan señalada para ir disfrazados al cementerio en busca de tumbas chulas con las que fotografiarse y armar algunas llamativas stories de Instagram. En otros tiempos los sacarían a patadas del camposanto y con razón, pero la gente corriente suele tener más sentido común que estos idiotas de nueva generación, además de mostrar un poquito más de respeto por las creencias y sentimientos de los demás. Sobrarán días del año en los que hacer el gandul como para ir a dar la nota en una de las fechas más delicadas y sensibles del año: ya les llegará la pérdida, siempre llega.

Miércoles

La foto de la semana nos la ha dejado el mismísimo alcalde en conversación telemática con Sinaloa, sentado frente a tantas pantallas que no sabe uno si está exportando modelo de ciudad o dando el okey a la última misión de la NASA. Es de suponer que, tarde o temprano, el ser humano comenzará la conquista definitiva del espacio, empezando por Marte y, si sabemos lo que nos conviene, bien haríamos como raza el consultar a Lores y Mosquera sobre dónde hay que poner un lombo, dónde ampliar una acera o donde aparcar unas naves que, esperemos, para aquel entonces sean, ya, vehículos de bajas emisiones. La oposición, mientras tanto, le reprocha al alcalde que se deje ver más en los foros internacionales que por las calles de la ciudad, una actitud muy de club pequeño que me recuerda a aquella buena gente empeñada en que Messi corriese detrás del lateral: tantos años acumulando títulos y parece que todavía no hemos aprendido nada.

Jueves

Y siguiendo con el fútbol –Lores también fue un portero medio decente en su día, antes de ponerse a tocar balón en medio campo– resulta que Gerard Piqué acaba de anunciar su retirada del fútbol, la definitiva, se entiende, pues uno sospecha que ya llevaba unos cuantos años sin atarse las botas a conciencia, como mi querido Goyo Revenga. El anuncio ha supuesto un drama, pero también un alivio, para todos los culés que empezábamos a temer que se nos rompiera el amor de tanto usarlo. Está por ver cuánto dinero perdona al club, si es que perdona algo, y el alcance de un aplauso de despedida que podría escucharse en Sinaloa. Para eso, precisamente, tenemos al alcalde al aparato desde ayer: para que nos informe.

Viernes

Un trozo de cierto cohete espacial chino amenaza con caer en suelo español, que ya es lo que nos faltaba: tener que barrer la basura de otros. Con un poco de suerte, el cacharro podría caer sobre la lonja de Campelo, que la tenemos en obras y quién sabe si se avendrían los chinos a pagar las facturas. Sin embargo, lo que de verdad me haría ilusión es que impactase de lleno en Reina Victoria –sin víctimas, claro– aunque solo fuese pues verle la cara a Mosquera mientras inspecciona la zona de alunizaje y alecciona a los periodistas: "¿Vedes? Eu xa o sabía".

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