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Yo Galicia

Vista aérea de Pontevedra. JAVIER CERVERA-MERCADILLO
Vista aérea de Pontevedra. JAVIER CERVERA-MERCADILLO

Lunes

En el tren, volviendo desde Madrid, escucho la conversación entre un matrimonio aburrido y un asiático con bastantes problemas para hacerse entender. "¡Galicia!", grita la mujer. "¡Nosotros vamos a Galicia!". Hemos dejado atrás la estación de Zamora y me dan ganas de decirle que a Galicia vamos todos los que quedamos en el tren, ya, pero mis padres me enseñaron que es de mala educación meterse en conversaciones ajenas y gritarles a los extranjeros. "Son turistas, no sordos", le decía mi abuelo a mi abuela cuando la descubría tratando de vender nécoras a unos noruegos que visitaron Campelo en los noventa y que, luego comprendimos, todo lo que necesitaban para ser felices era una botella de coñac y dos vasos de tubo. "Yo Galicia", les contesta entonces el asiático mientras señala con el dedo hacia la puerta del vagón, un poco como si pensara que Galicia está al otro lado del cristal, justo antes de la cafetería. Y así pasan un buen rato: la mujer gritando a los cuatro vientos que ellos van camino de Galicia y el asiático repitiendo eso de "yo Galicia, yo Galicia" mientras señala la puerta. Y cuando aquello empieza a tener visos de no terminar jamás, el marido de la gritona se incorpora ligeramente en su asiento y le dice al otro: "Padrón, tú pide pimientos de Padrón". Todos reímos, no sé por qué, y enseguida pienso que no hay mejor lugar para perderse que Galicia.

Martes

Eso mismo, lo de que no hay mejor lugar para perderse que Galicia, lo ha pensado mucha gente este verano. No hay más que darse un paseo por Pontevedra, Combarro o Bueu para comprobar que el volumen de turistas ha subido este año por encima del nivel de capturas previsto por las cofradías. "¿Y tú cómo sabes que son turistas?", me pregunta un amigo después de que le haya señalado a dos tipos que pasean por A Chousa con un perrito medio cojo. "Porque no van discutiendo sobre Ence y la tienen justo delante".

Miércoles

Lo que no dejaba de ser una impresión, casi a golpe de vista, acaba de ser confirmado por el Instituto Nacional de Estadística: en Galicia no cabe un turista más. Los datos atestiguan que se han batido todos los récords de la serie histórica y en la consellería que dirige Alfonso Rueda han extremado los protocolos para que alguno de sus colaboradores no se quite la camisa y celebre el éxito colectivo subiéndose a la mesa. "Un gran poder conlleva una gran responsabilidad", dice el famoso proverbio del universo Spiderman que algunos adjudican en origen a Winston Churchill, como casi todo. Bueno, bien... En este caso, parece claro que ambas cosas estaban en manos de Rueda y el resultado se sitúa en la antítesis de las telarañas. Galicia brilla como el destino turístico que más crece en España y todo ello sin que el vicepresidente haya sucumbido a la tentación de usar el dichoso Galifornia para dar empaque a la oferta: entre otras muchas cosas, dicha omisión es algo que se le debe agradecer.

Jueves

El Camino, que fue un invento medieval para perder peso y congraciarse con dios, vuelve a ser un motor importante para un país que, demasiado a menudo, se fía en exceso del viento en las velas y la buena mar. Nada es casual ni aleatorio, y cuando se sabe explotar —y exportar— las bondades de una buena idea, el resultado no puede ser otro que un triunfo colosal. Incluso yo me he planteado completar alguna de las rutas propuestas hacia Santiago pero, después de mucho pensarlo, creo que prefiero esperar a que el cabildo de la catedral abra un poquito la mano con los visitantes más vagos y acepte concedernos la Compostela aunque completemos la mayoría de las etapas en BlaBlaCar.

Viernes

Me pregunto qué sería del asiático del tren, si habrá probado ya los pimientos de Padrón o si estará robando secretos industriales para su país, que uno nunca puede poner la mano en el fuego por nadie. Yo me lo imagino perdido por las calles de Santiago, mirando embelesado el conjunto arquitectónico de la zona vieja y preguntando a un policía por la Basílica de A Peregrina. "¡Pero eso es en Pontevedra, hombre!", le gritaría el agente para hacerse entender hasta que nuestro querido amigo, siempre sonriente, dijese aquello de "Yo Pontevedra, yo Pontevedra". Con un poco de suerte, en unos meses lo veríamos desfilar por los juzgados de A Parda acusado por nuestro alcalde Lores de un delito contra la propiedad intelectual: que se enteren hasta en Japón de que, Pontevedra, lo que se dice Pontevedra, sigue siendo él.

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