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Gobernar y degustar

Lores, Gulías, Riveiro y Oubiña probando este viernes Outono Enlatado, la tapa creativa con la que compite el restaurante Kamal. CHRISTIAN FERNÁNDEZ
Lores, Gulías, Riveiro y Oubiña probando este viernes Outono Enlatado, la tapa creativa con la que compite el restaurante Kamal. CHRISTIAN FERNÁNDEZ

ES IMPORTANTE conocer a nuestros políticos fuera de su elemento, comprobar cómo se manejan en otros aspectos de la vida para formarnos una opinión más precisa del conjunto y votar, después, en consecuencia. A Theresa May, por ejemplo, la hemos visto moviendo el esqueleto en varias ocasiones a lo largo del último año y uno se pregunta cómo pudo alguien pensar que, de su mano, saldrían los británicos de la Unión Europea de otro modo que no fuese haciendo el robocop. El caso de Jacobo Moreira también resulta muy significativo, además de cercano. En 2015, bajo la efervescencia propia de una campaña electoral, se arrancó a tocar el bajo con una banda de rock y terminó cosechando el peor resultado del PP local en treinta años, algo lógico si tenemos en cuenta lo poco que solemos fijarnos en los bajistas de cualquier formación: en política, como en la música, o eres solista o eres pasto del olvido.

La semana pasada, aprovechando su paso por una nueva edición de Pontedetapas -y gracias a esta magnífica fotografía de nuestro compañero Christian Fernández- pudimos comprobar cómo se manejan Miguel Anxo F. Lores y tres de sus ediles en el arte de zamparse un pincho. Pocas cosas nos definen de un modo tan exacto como el ritual de la degustación, una combinación casi perfecta entre lo íntimo y lo público capaz de difuminar cualquier tipo de filtro y mostrarnos, al desnudo, el alma de la persona que examina, olfatea, mastica y devora dicha tapa. La gula humaniza, no existe mejor pecado al que jugarse el pasaporte eterno, de ahí que pueda resultarnos tan atractiva una imagen como la que acompaña: el retrato aproximado de cuatro figuras políticas frente a su propio destino.

En el alcalde destaca la sensación de confort, de dominio de la situación. Se ha quitado las gafas y apoya el brazo sobre la barra,como las personas de bien. En un primer momento podría parecer que sus labios soplan la comida, ese gesto tan de abuela preocupada por la temperatura del bocado que ofrecerá al nieto, pero si uno se fija bien observará que apenas deja trabajar las papilas gustativas sin mayores injerencias que el mínimo movimiento de la lengua. Lores despacha con solvencia mientras Anabel Gulías, a su lado y más volcada sobre el plato por pura precaución, es todo ternura. "Come como un paxariño", suele decir mi suegra de quienes se llevan la comida a la boca con idéntica cautela. En Anxos Riveiro llama la atención su firmeza, erguida y sencilla como una columna dórica, mientras Alberto Oubiña demuestra una naturaleza un tanto contradictoria: mastica a dos carrillos, como un pirata, a la vez que sostiene el tenedor con la sutileza de un poeta, como si acostumbrara a pinchar la comida con una pluma estilográfica.

Son cuatro formas muy distintas de encarar el bocado, eso parece evidente. Sobre la traslación que queramos hacer de esta fotografía a la vida pública, al modo tan particular en que nuestros protagonistas parecerían entender la política, cada uno podría hacer sus propias conjeturas y todas serían muy respetables. A fin de cuentas, ellos pueden manducar como les plazca que nosotros, como buenos gallegos, seguiremos actuando como la madre de la novia en Mi gran boda griega cuando decía: "¿Que no come carne? ¿Cómo que no come carne? Da igual, da igual, haré cordero".

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