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Hablemos también de fútbol

El espectacular éxito de la Selección Española Femenina de fútbol en el Mundial no debe quedar ensombrecido por el rijoso presidente Rubiales ni por su coro de aplaudidores oficiales
Teresa Abelleira con el balón en un lance de la final del Mundial frente a Inglaterra. FOTO BIANCHA DE MARCHI (EFE)
photo_camera Teresa Abelleira con el balón en un lance de la final del Mundial frente a Inglaterra. FOTO BIANCHA DE MARCHI (EFE)

A PUNTO de cumplirse dos semanas desde que la Selección Española de Fútbol Femenina lograse una gesta deportiva que la iguala de manera definitiva a la Selección Masculina, y en pleno proceso de fumigación de quienes llevan gestionando el fútbol español desde una mirada y una mentalidad más propia del medievo que de un siglo en el que afortunadamente todo ha cambiado para la mujer, no debería quedar en el olvido lo logrado por este conjunto de futbolistas, por un triunfo que las encumbra para la historia de nuestro deporte a través de un balón con el que no han dejado de orillar selecciones y, por lo visto, no pocos comportamientos machistas y ya sin lugar en nuestra sociedad.

Ha sido un mes en el que hemos estado pendientes de un fútbol que no ha parado de crecer en los últimos años, en base a una mayor profesionalización que permite dedicación y trabajo, y con ello llegan los resultados. Si los clubes ya lo venían logrando, con el Barcelona como Campeón de Europa y registrando en su estadio impresionantes entradas de público, que también se han venido produciendo en diferentes campos de la Liga, ahora la Selección ha dado la campanada en base al mejor juego de todo el torneo y con unas jugadoras que se han dejado todo sobre el terreno para lograr un triunfo que necesitaban para reafirmar su condición de deportistas de primer nivel y para afianzar la atención de los aficionados.

Es cierto que en cada partido del Mundial la Selección no ha hecho más que mejorar sus posibilidades, con excepción de la derrota frente a Japón que, curiosamente, permitió gestionar una nueva actitud que ya no se abandonó hasta el pitido que señalaba el final del Torneo y la victoria de España frente a Inglaterra por 1-0. Cuerpo técnico y jugadoras asumieron desde ese día contra las niponas un compromiso para no marcharse de Oceanía sin el título y la medalla que tantas jugadoras han paseado entre miles de personas en su regreso a España en las diferentes recepciones que se les brindaron, de manera más que merecida, como merecidas fueron las numerosas alabanzas recibidas por ellas desde todos los ámbitos mundiales del fútbol por el juego realizado. Irene Paredes, Olga Carmona, Aitana Bonmatí, Jennifer Hermoso, Salma Paralluelo o Mariola Caldentey, por citar sólo algunas de ellas, ofrecieron unas altísimas prestaciones y, por supuesto, nuestra Teresa Abelleira, que todavía hoy, y con los números en la mano, números que no engañan, fríos y estadísticos, no se comprende como no fue designada como la mejor jugadora de este Mundial. Patrias y afinidades aparte, de ahí lo de los números, su papel en esta cita de primer nivel del fútbol mundial no deja lugar a dudas y su actuación en la final lo volvió a confirmar. No hay más que recuperar la acción del triunfo de España, el gol de Olga Carmona, que procede del horno Abelleira, esto es, de una recuperación de balón en el medio del campo y cuando el juego parecía demandar que el balón se descargase en la banda derecha, la pontevedresa lo cambió hacia el lado izquierdo del ataque español, sabiendo que tras la ofensiva británica esa zona había quedado desguarnecida. Una barbaridad de pase que dejó a la goleadora en una posición de privilegio para rematar la acción, siendo ese gol el definitivo para la Selección, culminando un Mundial de un magnífico juego, combinativo, ofensivo y lleno de alegría y compromiso por parte de todo el equipo y que fue el que logró la complicidad con los aficionados que no tardaron en engancharse a ese equipo.

Lastimosamente  las jornadas siguientes quedaron empañadas por las actitudes, palabras y ese bochornoso, delirante y estremecedor discurso del presidente Rubiales de hace justo una semana, envalentonado ante quienes con sus sonrojantes aplausos ligaron su destino (por mucho comunicado que hagan y firmen) al del ya suspendido rector del fútbol español, con numerosos raspones, y de no poca gravedad, a lo largo de sus años de gestión, pero al que ahora, estas mujeres que ya le habían denunciado hace años, con aquella carta de ‘Las quince’ que ya entendían que las cosas no podían hacerse bajo ciertos parámetros y que, tras soportar no pocas burlas e insultos, ahora reivindican con toda justicia su acción.

El balón ha dictado una doble sentencia, por un lado la de mostrar a esta Selección como la mejor del Mundo y por otro la que ha desenmascarado ante el resto de la sociedad todo un conglomerado de intereses y actitudes que ya no tienen cabida en una sociedad, moderna, avanzada e igualitaria.

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