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Pinceladas musicales

El próximo domingo finaliza la soberbia exposición que alrededor de la pintura de Rafael Úbeda se exhibe en el Museo de Pontevedra. Una muestra para ver y para repetir visita
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photo_camera El pintor Rafael Úbeda ante uno de los murales de su exposición en el Museo de Pontevedra. FOTO GONZALO GARCÍA

TRES días son los que nos quedan para poder disfrutar de la pintura de Rafael Úbeda. Tres días que no deberíamos dejar pasar para, o bien visitar por primera vez la exposición del pintor pontevedrés, o, repetir la experiencia, porque les puedo asegurar que es de ese tipo de muestras que no dejan de sorprender al visitante, convirtiendo cada cuadro en un territorio lleno de emociones en los que pintura y música, en los que armonía y ritmo, se maridan de manera excelsa y pocas veces vista.

Aunque hace unas semanas en nuestro suplemento cultural compartido con El Progreso de Lugo, Táboa Redonda, ya le dediqué unas líneas tras visitar la muestra a las pocas horas de su inauguración, esta semana he vuelto a enfrentarme con todo ese universo que ha ido creando el decano de los pintores de nuestra ciudad, y que me motiva para un nuevo comentario, enfatizando más cuestiones relacionadas con el impacto de la pintura que otro tipo de consideraciones más técnicas. Lo cierto es que nos encontramos a un pintor en un fascinante estado de gracia y que podemos comprobar con cuadros hechos pocos días antes de esta muestra que ha sido la gran protagonista del verano artístico en nuestra ciudad. Ver como un pintor que supera los noventa años es todavía capaz de conducirnos por los caminos de la emoción artística, buscando siempre nuevas soluciones en cada una de sus obras, intentando sorprender al espectador, es una sensación que inunda toda esta muestra que, como les digo, y aunque ya la hayan visitado, deberían volver a recorrerla, así como sentarse ante el propio artista explicando parte de su historia y de su proceso creativo mediante la visión de un vídeo que nos ofrece una magnífica expresión de todo lo que sucede alrededor de esos cuadros, de cómo la vida conforma a un pintor, de qué manera se fija en otros pintores, y en qué forma su estudio se convierte en todo un volcán rebosante de un magma a punto de explotar con la realización de cada obra.

Esa fuerza, necesaria y obligada para todo artista que se tenga como tal, ofrece un contrapunto de estabilidad en la música, siempre tan importante para Rafael Úbeda, hasta el punto de ser parte de sus propios cuadros. Es imposible aproximarse a su pintura sin las claves de un arte como el de la música que se entremezcla en sus pinceladas en un proceso sinestésico de recuerdos de sonidos, ritmos y composiciones que se trasladan a lo pictórico de esa manera tan efectiva como generadora de ilusiones espaciales y cromáticas dentro del lienzo y cuya materialización, tan compleja pero presentada de una manera tan grácil, es la que consigue que repetir visita a la exposición suponga descubrir obras diferentes, detenerse en otras en las que desde esos collages, desde esa materialidad de las formas, permite contemplar nuevos matices y posibilidades.

Nos explica Rafael Úbeda en el vídeo que se proyecta en la sala que su trabajo consiste en "deshacer para volver a hacer", como explicación de un proceso que descompone la realidad para sugerir una realidad nueva, la que emerge de ese universo que posibilita el color y la acción que radica en el interior de unas obras donde pese a muchas tensiones entre lo abstracto y lo concreto, la figuración está siempre muy presente. Y tiene toda su lógica, ya que si algo impulsa a toda esta pintura es la necesidad de comunicar, de hacer llegar al espectador un mensaje que brota del interior del artista y de su taller y que a través de cada cuadro busca un receptor cómplice en ese espectador que se posiciona ante cada uno de sus cuadros. Figuras que desde diferentes disposiciones y posibilidades nos hablan de nosotros mismos, de un ser humano con numerosos rostros que se enfrentan a una realidad demasiadas veces poco amable pero que en el territorio plástico presenta una nueva dimensión, aquella que genera el artista desde la imaginación y la interpretación de una serie de elementos culturales, sociales, etnográficos... que son los que conforman al ser humano a lo largo del tiempo, ese tiempo que en la música lo define todo, y que en el caso de la pintura de Rafael Úbeda se incorpora entre los pigmentos para atraparnos en su interior.

Tres días para que todo este universo se evapore, tres días en los que deberíamos adentrarnos en él como una oportunidad para nuestro desarrollo personal. Observar, encontrar complicidades en una muestra de pintura, de buena pintura, permite que nuestra mente, tantas veces constreñida por la cruda realidad, encuentre un alivio absolutamente necesario.

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