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La puja de la vergüenza

La mítica casa de Vicente Aleixandre sale a subasta bajo la lamentable permisividad de las administraciones públicas incapaces de entender su valor como catedral poética del siglo XX
Exterior de la que fue vivienda del poeta Vicente Aleixandre y placa colocada en su exterior. ZIPI ARAGÓN (EFE)
photo_camera Exterior de la que fue vivienda del poeta Vicente Aleixandre y placa colocada en su exterior. ZIPI ARAGÓN (EFE)
Si cualquiera de ustedes dispone de 4,5 millones de euros puede comprarse un precioso chalet, eso sí, requiere una buena reforma, en el madrileño barrio de Vallehermoso, en el distrito de Chamberí. 630 metros cuadrados, tres plantas y una parcela de casi 800 metros cuadrados. Pues además de todo eso se comprarían uno de los patrimonios culturales más importantes de la España del siglo XX, la casa del poeta y premio Nobel, Vicente Aleixandre, y en la que se aquilató buena parte de la poesía del pasado siglo en nuestro país. Y todo ello lo pueden conseguir ustedes sin el menor sonrojo de nuestros representantes públicos, políticos del Ayuntamiento de Madrid, de la Comunidad Autónoma y del Ministerio de Cultura de España a los que esto ni les va ni les viene, permitiendo desde hace días que esta puja de la vergüenza, en la que todos podemos participar, confirme el abandono y desprecio que por esta edificación, que facilitaría tantos usos culturales y didácticos alrededor de la poesía española del siglo XX una de las más poderosas del mundo, han venido mostrando en los últimos años. 

Pues por donde pasaron Lorca y Miguel Hernández, donde la Generación del 26 tenía su kilómetro cero madrileño, donde la poesía de posguerra activó un refugio físico y sentimental y, por supuesto, donde el enorme Vicente Aleixandre escribió su magnífica obra, buena parte de ella recostado en una de sus camas, no parece que sea del interés de nuestros políticos, más preocupados en el aquí y el ahora que en la conservación y protección de lo que realmente nos distingue del resto del mundo: nuestra cultura. Incapaces de declarar Bien de Interés Cultural esta arquitectura, cuando sí lo está el archivo personal del que fuera su propietario, lo que carece de sentido alguno por la estrecha relación entre ambos, como se dio en pocos autores. Tan solo la declaración de Bien de Interés Patrimonial por parte de la Comunidad de Madrid en 2022 le otorga un leve valor simbólico desde lo institucional, pero con nula capacidad para su protección, como se ha visto con su reciente salida a la venta en una subasta judicial.

Todo aquel que conozca la historia de la literatura española del pasado siglo reconocerá el indudable valor de este espacio frente al que cualquier institución cultural debería responder al instante con su compra, musealización y puesta a disposición del público para que conociese lo que sucedió en su interior, en el interior de ‘Velintonia 3’, que hasta nombre tiene, ya que ese era el nombre de la calle hasta que se cambió por el del propio poeta. Es por ello que resulta incomprensible que nadie apueste por ello, que las administraciones de turno se enzarcen en sus habituales griteríos, que no hacen más que empequeñecer a cada uno de los representantes de la gestión en cada uno de ellos.

Esas paredes son nuestra historia, las de las voces que entre ellas hicieron de la palabra emoción y esperanza en un tiempo, y resistencia y alivio en otro. A los vates ya citados súmenle Pablo Neruda, Pepe Hierro, Carlos Bousoño, Claudio Rodríguez... y tantos y tantos otros como los que durante tantas décadas, hasta la muerte del poeta en 1984, hicieron de ese techado, refugio, pero también el lugar donde sentir el empuje del mito, del gran poeta del exilio interior español que entre esas paredes mantuvo la dignidad al tiempo que concedía una especie de bendición a aquellos que querían seguir el destino de la palabra. Vino el desgaste, el derribo del olvido, la insolencia de la peor política, la que propicia el abandono, o por ignorancia, o peor aún, por mezquinas rivalidades. Una casa ajada a merced de la especulación y reflejada en el espejo de la España que toda aquella poesía fraguada en su interior quiso combatir. Llegará la Fórmula 1 a Madrid, como el rayo que no cesa de la estulticia, pero también otros antes compitieron por dejar este tesoro desnudo ante el desamparo.

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