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Soñador Pessoa

La biografía de Manuel Moya es un espléndido texto vital sobre el poeta portugués, lleno de datos, nuevas visiones del creador y sus heterónimos, y todo ello narrado de una manera ejemplar
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photo_camera El poeta y novelista Manuel Moya junto a la estatua de Pessoa en Lisboa. FOTO MANUEL MOYA (EFE)

"EU NUNCA fiz senão sonhar". Escribe Fernando Pessoa en esa obra cumbre de la literatura del siglo XX como es el Libro del desasosiego, o quizás la obra cumbre sea el propio escritor, autor cuya vida y obra se hibridan de manera extraordinaria, fundiéndose ambas en una realidad que se ve tan solo desafiada por los sueños de quien no dejó de hacer de esa opción onírica la tensión que animó su existencia, llamada al constante fracaso menos en el territorio de la palabra.

Manuel Moya, poeta y novelista, traductor al castellano de la obra del autor portugués, afronta en esta revisión de su vida mucho más que una biografía al uso por parte de quien conoce de manera extraordinaria los infinitos pasos de quien caminaba en un sinfín de direcciones, no solo las físicas, por esa Lisboa adherida a su piel como pocas ciudades lo han hecho en cualquier escritor; sino también las diferentes direcciones que plantearon sus heterónimos, seres que se desgajaban de un Pessoa al que sumar los Alberto Caeiro, Álvaro de Campos, Ricardo Reis y Bernardo Soares (por citar a los más relevantes) en la configuración de una compleja personalidad a cuyo alrededor se han ido asentando una serie de tópicos que Manuel Moya pone en inteligente y acertada discusión. Esa apuesta por mostrar a un Pessoa diferente al que conocemos a través de otros acercamientos a su figura y el hacerlo de una manera literariamente muy cuidada, con páginas que son auténticas joyas literarias, le confieren a esta biografía un papel muy relevante, no solo como aproximación a Pessoa, sino como gozosa lectura capaz de reunir bajo sus cubiertas un poderoso componente didáctico.

Pessoa, el hombre de los sueños, publicada por Ediciones del Subsuelo, nos ofrece ese paisaje vital obligado en cualquier libro biográfico que nos lleva desde su nacimiento en Lisboa en 1888, a su educación en Durban (Sudáfrica), donde la huella de la lengua y literatura inglesa se adhieren de manera indeleble a su propia obra, el regreso a Lisboa, el paso por numerosas viviendas, la participación en proyectos culturales de Portugal a través de diferentes revistas, su compromiso con la realidad social y política del país, la muerte de la madre, el nacimiento y evolución de sus heterónimos, Mensagem, su único libro publicado en vida en portugués, o el declive vital en excesos de alcohol que acabaron con su vida en 1935, con tan solo 47 años, al tiempo que se daba consistencia al Libro del desasosiego.

Fueron los puertos para el cabotaje de este Ulises contemporáneo que un día desembarcó en el Cais das Colunas, en un itinerario contrario al del mito Camões y que prefijó el arranque de Saramago en su El año de la muerte de Ricardo Reis: "Aqui o mar acaba e a terra principia". Ese inicio en la tierra de Fernando Pessoa es el que le abre las puertas de la humanidad, de la experiencia física y sensorial por oficinas, tabernas, cafés y calles de una Lisboa que, cuando Manuel Moya la refleja en relación con el escritor, compone páginas de una belleza descomunal, al igual que cuando nos habla de la creación del Libro del desasosiego y que muestran, no solo la admiración de Manuel Moya por su biografiado, sino sus capacidades para la escritura, que muchos conocemos a través de sus libros, varios de ellos reconocidos con diferentes galardones.

Galardones nunca tuvo Fernando Pessoa, tan solo el recibido por su Mensagem, casi al final de su vida, y eso puede ser también parte del tópico sobre un autor con poca relevancia en su tiempo, de alguien escondido en su torre de marfil ajeno al espectáculo del mundo, cuando fue todo lo contrario. Manuel Moya nos habla de cómo su presencia fue habitual en círculos literarios, en las revistas más vanguardistas de la época, que publicó en vida más de doscientos poemas, y que emitió de manera pública sus opiniones sobre la convulsa situación política del país, desterrando así esa idea de un ser ausente de la realidad. Pessoa si algo mantuvo durante su vida, "una vida extraordinariamente plana de un hombre abisalmente complejo", fue esa permanente discusión sobre lo real, necesitando del acto de soñar para encontrar la lucidez que ilumina toda su obra y al propio ser humano.

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