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Tierra firme

La escritora argentina Magalí Etchebarne con La vida por delante ha sido la ganadora del Premio Ribera del Duero de Narrativa Breve convocado por la editorial Páginas de Espuma y esa Denominación de Origen vitivinícola
Brenda Navarro, Carlos Castán, Mariana Enríquez, junto a la ganadora Magalí Etchebarne. EUROPA PRESS
photo_camera Brenda Navarro, Carlos Castán, Mariana Enríquez, junto a la ganadora Magalí Etchebarne. EUROPA PRESS

REGRESO del reino del relato breve que es lo mismo que decir que retorno de la editorial Páginas de Espuma y de su acto de entrega del VIII Premio Ribera del Duero de Narrativa Breve en la Sala Valle-Inclán del Círculo de Bellas Artes de Madrid. Allí, en la quinta planta del edificio que ideara otro gallego de éxito en la capital, Antonio Palacios, y sobre el perfil de una ciudad llena de historias, de relatos atrapados entre calles y viviendas, la editorial, que dirige con un entusiasta mimo Juan Casamayor, dio a conocer a la ganadora de un premio que no hace más que refrendar el magnífico momento de este género del que en este mismo sello se cobijan numerosos nombres de tronío, para regocijo de unos lectores que gracias a él confirmamos la efervescencia creativa procedente de latinoamérica, una suerte de nuevo Boom en el que lo femenino se impone de una manera tan feliz como poderosa y que este premio ha venido a corroborar.

Sustentado por uno de esos jurados que imprimen carácter, que no dejan duda alguna sobre la calidad del libro escogido, en el que se han reunido a uno de nuestros maestros en el relato breve, como es Carlos Castán (tienen de él una imprescindible antología titulada Cuentos en esta editorial); a la mexicana Brenda Navarro, autora de uno de los libros más especiales de los últimos años, Ceniza en la boca (Sexto Piso), y a la argentina Mariana Enríquez, que no deja de superarse de manera incontenible en sus últimos libros editados por Anagrama. Ese jurado ha sido el que ha decidido que el libro La vida por delante, de la también argentina Magalí Etchebarne, sea merecedor de este galardón que sin duda reforzará el nombre de una autora que en España había publicado en la editorial Las afueras, Los mejores días, otro conjunto de relatos breves que pululan alrededor del ámbito familiar y que, tras la recomendación del experto Carlos Castán en cuanto salí del acto pude conseguir en esa librería de Malasaña, Tipos Infames, en la que bebida y literatura se reúnen en feliz maridaje, y que pude devorar en el tren de vuelta, abriéndome las ganas a que llegue ese mes de mayo en que su nuevo libro estará ya en nuestras manos.

Esa unión también es la que se produjo durante la concesión de este galardón que patrocina la Denominación de Origen Ribera del Duero, cuyos representantes en el acto dejaron constancia de cómo la alegría y disfrute de un buen vino tiene un magnífico reflejo en el territorio literario. Un brindis colectivo que sirvió para honrar a Magalí Etchebarne, abrumada por la calidez y saber de las palabras de un jurado que, como dije antes, es de los que te refuerzan hasta el infinito. No debe ser sencillo escuchar a Mariana Enríquez compararte con otra maestra del relato de aquel país, como es Hebe Uhart, o decir que tus personajes están dotados de carnalidad; o a Carlos Castán destacar el ritmo, la prosa, el humor y cómo ciertos temas universales se adhieren a lo que estamos viviendo en el tiempo actual y a Brenda Navarro alabar el lenguaje empleado, y cómo diferentes comunidades lectoras se verán reflejadas en él e intercambiarán puntos de vista a través del diálogo desde lo allí escrito.

Tras escuchar este caudal de bondades la protagonista del día dio muestras de una humildad que quizás sea la mejor y más inteligente manera de someterse a esas palabras, siempre benefactoras cuando se trata de este tipo de actos, y a las que respondió a partir de su propia llegada a la literatura, a esa palabra escrita que emplea como un escudo que colocar ante ella o entendiéndola como esa tierra firme de cara a enfrentarse a la siempre compleja realidad de la identidad humana, y en cuya conformación, su madre, como lectora apasionada, tuvo un papel protagonista que hizo ver a una niña como aquella mujer encontraba en los libros toda una serie de universos que le permitían despegarse de lo que suponía ese ámbito del cuidado y las tiranías familiares.

La vida por delante se compone de cuatro relatos de un tamaño semejante, lo que uniformiza el conjunto de un libro en el que también entre ellos, como dedos cruzados, se generan toda una serie de tramas comunes que surgen de esas historias aparentemente pequeñas que acontecen en la vida de varias mujeres y que quizás no lo son tanto. El desconcierto, el dolor, la huida, el imponerse a la adversidad... son algunos de esos hilos comunes que nos hablan de un conjunto de historias en las que, pese a todo, siempre hay una vida por delante.

Renueva de esta manera Páginas de Espuma su compromiso con esa narrativa breve tan difícil de ejecutar con calidad y en cuyo catálogo figuran entre otros autoras y autores como Samanta Schweblin, Katya Adaui, María Luisa Ampuero, Socorro Venegas, Clara Obligado o Eloy Tizón o José Ovejero, quien precisamente ayer estuvo en nuestra ciudad presentando en la Librería Cronopios su último libro, Vibración en una apasionante charla, llena de la mejor literatura, con Susana Pedreira y que podrán escuchar en Onda Cero Pontevedra el próximo martes. Nombres que forman esa familia literaria que es Páginas de Espuma y de la que muchos lectores nos sentimos parte orgullosa y por ello también brindamos sobre los tejados de Madrid con ese horizonte latinoamericano que escritoras como Magalí Etchebarne representan de manera luminosa.

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