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Abrir las compuertas

'Tres maneras de decir adiós', son tres relatos llenos de vida, de elecciones en el camino que nos llevan al dolor o la alegría 
La escritora Clara Obligado. MANUEL YLLERA
photo_camera La escritora Clara Obligado. MANUEL YLLERA

SUBIRSE  a un tren con un libro que ocupe las horas de un largo trayecto siempre es una delicada elección, de ello dependerá que el viaje sea un tormento o una bendición. Así que no había lugar para la especulación o el error, había que pisar sobre seguro, y dejándome llevar por las recomendaciones de su editor en Páginas de Espuma, Juan Casamayor, el elegido fue Tres maneras de decir adiós, el libro de relatos de Clara Obligado, consumada experta en el cuento breve y capaz de reunir en unas pocas páginas numerosas sensaciones que impactan en el lector y que, en este caso, hicieron de ese viaje un trayecto inolvidable.

Tres maneras de decir adiós junta tres relatos que en realidad podrían funcionar como uno solo, por los hilos que bajo su superficie reúnen a sus protagonistas en una identidad común y en unos destinos que semejan repetirse como en las historias de los héroes clásicos. Y es que algo de eso hay como trasfondo de sus vidas en las que la evocación de la Odisea de Homero, surge cada ciertas páginas como aquella Atenea, la diosa de los ojos de lechuza, que le susurraba al oído de Ulises aquello de "Aguanta, corazón". Esa resistencia del ser humano frente a los embates de la existencia son también anclaje de estas mujeres protagonistas en sus diferentes viajes físicos y del alma, travesías entre espinos que dejan siempre sus marcas más o menos profundas en cada una de ellas.

Portada de Tres maneras de decir adiós
Portada de Tres maneras de decir adiós

Veo sucederse diferentes paisajes cada vez que levanto la mirada de este libro que ya me tiene completamente atrapado desde sus primeras líneas, desde esa historia germinal de una mujer que se refugia en un pueblo del rural para sanar una de esas heridas de las que hablaba antes, junto a su hijo, para superar una pérdida cuyo eco estará presente a lo largo de un relato con su permanente latido de una violencia soterrada que desembocará en otro dolor. El segundo de los paisajes literarios que nos propone Clara Obligado vuelve a esa misma protagonista varios años después junto a su linaje femenino de hija y nieta y donde el propio acto de la escritura toma una especial relevancia. "Escribir es abrir las compuertas", se apunta en un momento determinado, y a eso es precisamente a lo que se dedica la autora argentina, a una apertura de puertas que arrastra al ser humano con todas las incertidumbres que supone el tránsito vital, ese viaje que todos iniciamos en algún momento sin tenernos como héroes, aunque para ello estemos alejados de los focos de atención. Al fin y al cabo cada una de nuestras vidas, con sus marejadas y sus encalmadas, tienen mucho de un devenir heroico que no nos medirá con la historia, pero sí con las historias de otras personas con las que coincidimos en esa travesía.

En el tercero de los textos es esa nieta su protagonista, la que cambia de país para dar salida a su pasión por el ballet y la que elegirá entre dos hombres, no siendo siempre la elección realizada la más oportuna, y todo ello con las voces del pasado, de esas mujeres que conocimos anteriormente y cuyos ecos resuenan para que seamos conscientes de su relevancia en la conformación de una estirpe.

Voces femeninas que dialogan desde el propio hecho de la escritura y de la lectura, activos muy presentes ambos a lo largo de estas páginas como estímulos para ese transitar, para entender lo que supone que esa nave vital se vea zarandeada por las ausencias, las elecciones, los miedos, la muerte o todo lo que supone un conflicto que al producirse en el ámbito familiar alcanza una dimensión todavía más insondable, por que si hay mares complicados de atravesar son esos en los que los nuestros se ven afectados. Y ahí se adentra la autora a través de una brillante escritura, llena de saltos en el tiempo que precisan de un lector que encaje esas piezas poniéndolo en valor y en donde los puntos de vista son fundamentales y permiten la demostración de una escritura llena de estímulos y destrezas que no dejan de sorprender mientras pasamos esas páginas en las que estas mujeres forman parte durante unos instantes de nuestras propias vidas.

Toca bajar del tren, dejar esas voces encerradas en Tres maneras de decir adiós, pero les aseguro que esas voces les acompañarán durante bastante tiempo. Son los ecos de una travesía con tintes de gesta: "Aguanta, corazón".

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