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Ciencia literaria

MANIAC es un extraordinario texto que desde el saber científico ilustra todo un siglo de nuestro convulso tiempo
El escritor Benjamín Labatut. FOTO JUANA GÓMEZ
photo_camera El escritor Benjamín Labatut. FOTO JUANA GÓMEZ

ATRAVESAR los libros de Benjamín Labatut (Rotterdam, 1980) se ha convertido en una de las experiencias literarias más fascinantes de los últimos tiempos. Un escritura pletórica que indaga en el ser humano a partir de cuestiones científicas encarnadas en personajes centrales de un tiempo que, para bien o para mal, ha estado pendiente en su evolución y circunstancias de toda una serie de avances en el pensamiento científico, donde la física o la matemática han señalizado los grandes progresos tecnológicos, sociales y militares de las décadas más recientes.

Si con su anterior libro, Un verdor terrible, editado por Anagrama, Benjamín Labatut desplegó en una fascinante colección de relatos todas sus posibilidades como literato científico, por así definirlo, ahora con MANIAC llega a un punto cumbre en la escritura alrededor de la figura de John von Neumann, matemático de origen húngaro que llegó a formar parte del conocido como proyecto Manhattan, junto al científico, también de moda por cuestiones cinematográficas, Robert Oppenheimer, en la creación de las primeras bombas atómicas. Pero la escritura de Benjamín Labatut es mucho más ambiciosa al proponer un seductor recorrido por buena parte del siglo XX a través de la evolución de las conquistas y propuestas de diferentes científicos que, en una brutal competencia intelectual, fueron haciendo de las raíces matemáticas parte de una realidad cada vez más tecnológica, surcando el terror de los conflictos bélicos mundiales, la creación de la computación, hasta los albores de esa Inteligencia Artificial que cada vez está más presente en nuestras vidas y con sus imprevisibles consecuencias.

Cubierta de MANIAC
Cubierta de MANIAC

No es nada sencillo hacer literatura de ese ámbito científico, de unas matemáticas que para la mayoría de las personas son una suerte de ente metafísico, difícil, no solo de entender, sino de visibilizar en su maremagnum teórico de ecuaciones que encierran buena parte de lo que es nuestro universo, pero Benjamín Labatut sale más que airoso, siendo capaz de hacer que muchas de esas páginas nos lleven a ciertas reflexiones que nunca antes nos habríamos planteado. Una dificultad de percepción que hace del hecho científico una suerte de divinidad, una explicación de lo que somos a partir de algo aparentemente indefinible para el común de los mortales, pero no para todos esos científicos cuyas mentes han definido la evolución humana.

Esta permanente tensión entre lo humano y lo científico o tecnológico es la que el escritor chileno plasma de una manera audaz en diferentes capítulos, tan magnéticos en cómo se formula ese relato como en el contenido que elige, y que rápidamente se apoderan del lector convirtiéndolo en una pieza más de esos laboratorios de experiencias que deben darle sentido a la realidad. A través de diferentes personajes se establecen toda una serie de visiones, voces que, como en coro antiguo, registran sus impresiones sobre las propuestas científicas de John von Neumann y cómo se van insertando en nuestra cotidianidad, a partir de cuestiones como la Teoría de Juegos o la creación de la computación encarnada en ese primer prototipo cuyas siglas forman el título de la novela que, como la anterior, también está publicada por Anagrama.

Benjamín Labatut deja un escenario abierto, el de un futuro que se activa desde la lucha entre el hombre y la máquina, una batalla ejemplificada en el capítulo final con el desafío de un hombre, Lee Sedol, maestro de un juego de estrategia oriental, más complejo que el ajedrez, llamado Go, y un programa de inteligencia artificial capaz de tomar sus propias decisiones, de sorprender y medirse con el propio ser humano.

Lean cualquiera de estos dos textos, ambos son prodigiosos, y ambos intentan y consiguen recorrer ese siglo XX llamado a ser el de un mayor progreso tecnológico en favor de la mejora del ser humano. Pero como todo saber, cuando se emplea desde lo pernicioso de la condición humana y desde la desesperada búsqueda de poder, genera dolor y muerte, pero todo ello, no lo duden, forma parte de aquello que somos y nos define.

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