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Dante en la otra orilla

El asturiano Miguel Barrero nos adentra en un itinerario bonaerense convertido en un laberinto repleto de misterios
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photo_camera El escritor asturiano Miguel Barrero posa ante un monumento a Dante en Buenos Aires. FOTO EDUARDO GOLDMAN

Hasta Buenos Aires nos lleva Miguel Barrero para, junto a él, y tras ser invitado a participar en unas jornadas literarias en la tierra de Jorge Luis Borges, formar parte de un relato que rápidamente nos envuelve en una madeja compuesta por los hilos de la realidad y la ficción, con la que poder disfrutar de una lectura sorprendente por toda la trama que su autor es capaz de armar.

Si de algo está dotada la literatura de Miguel Barrero es de la capacidad para coger al lector por la pechera y colocarlo en los lugares más inverosímiles. Los que leímos El rinoceronte y el poeta, con Lisboa como escenario, o su libro de artículos, Siempre de paso, entendemos a este autor como alguien que, aparte del interés y el gusto por viajar, sabe extraerle todo el jugo posible a esos desplazamientos. Y aquí lo volvemos a comprobar con un increíble escenario porteño que nos lleva a sentir que realmente nos estamos moviendo por diferentes calles, localizaciones y edificios de la capital argentina que además son parte imprescindible en la evolución del relato.

Portada de La otra orilla editada por Galaxia Gutenberg

A ese primer valor Miguel Barrero le une su desbordante capacidad de escritura, que aquí se muestra a través de una historia muy bien armada, escrita de manera frondosa, con numerosas referencias culturales e históricas y en la que es capaz de, a partir del propio motivo que le lleva hasta esa otra orilla, hablar de la mezcla de realidad y ficción en la literatura, pues él mismo también entra en ese juego metaliterario para crear una historia en la que ambas piezas encajan como las de un puzle. Pues no está mal esta imprevista aparición de la palabra puzle, ya que si algo se muestra como evidente en La otra orilla, editada por Galaxia Gutenberg, es el ser un enorme rompecabezas que une geografías, tiempos, vidas y literaturas que van desde Italia a Argentina, desde la época de Dante, a la de un abuelo del autor que también tuvo una experiencia vital en Argentina, así como la del propio escritor y vidas, como las reales y las imaginadas, y todo ello para que el lector forme parte de ese febril laberinto.

No menos importancia tiene a lo largo del libro ese carácter de novela de suspense, al generar diferentes hilos de los que poder ir tirando ese escritor metido a investigador para resolver una desaparición, así como un misterio alrededor de un libro tan especial como la Divina Comedia de Dante. Claro que elegir ese libro como epicentro de la trama es un goloso motivo para cualquier escritor, también para cualquier lector que a buen seguro tendrá a esta obra como una de las cumbres literarios del ser humano, además de un texto lleno también de misterios, de posibles lecturas de su contenido, incapaces de agotarse en cada uno de esos círculos que son también los que permiten estructurar la obra de Miguel Barrero. La otra orilla evidencia, al tiempo que se lee, un enorme contenido didáctico, al descubrirse en él muchas cuestiones relacionadas con la escritura de la Divina Comedia, con la vida y muerte de Dante y las conexiones del genio de ese Renacimiento que se solidificaba en obras como esta, con el país argentino, a través de una colonia italiana que la emigración llevó hasta el cono sur y que no quería perder el contacto o dejar de honrar diferentes elementos que simbolizan su país, su cultura o su lengua, y desde los cuales, por su presencia cerca de ellos, sentirse constantemente unidos a su tierra.

La otra orilla es, por lo tanto, un libro lleno de virtudes en el que el lector se sorprenderá por cómo lo real y lo irreal pueden enhebrarse de una manera sugerente, donde no sabremos nunca realmente lo que es cierto y lo que no, y donde una frase del escritor en las primeras páginas ya nos debe poner en alerta: "la ficción miente, pero no engaña". Desde esa alerta vamos pasando páginas adentrándonos cada vez más en esta historia que pone de nuevo en valor también a esa Commedia inagotable que no deja de provocar nuevas lecturas y activar a diferentes escritores para seguir construyendo tramas a su alrededor. Miguel Barrero nos engatusa como un prestidigitador literario y lo hace muy bien, de ahí que lleguemos al final con el agradecimiento por compartir un itinerario imprevisible, y en el que cada uno de esos círculos no son más que una manera de gozar y de seguir aprendiendo.

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