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Una luz ambigua

Forma y fondo tensan un relato sobre el pasado de las personas y de qué manera este explica un presente lleno de dudas
El escritor Patricio Pron. FOTO MAGDALENA SIEDLECKI
photo_camera El escritor Patricio Pron. FOTO MAGDALENA SIEDLECKI

Entra el escritor Patricio Pron en el catálogo de la siempre referencial en el mundo de la edición Anagrama y lo hace por la puerta grande a través de un texto magnético, con fragmentos absolutamente absorbentes para el lector a la hora de explicar o proponer ciertas cuestiones relacionadas con la propia creación, y logrando un resultado general fascinante a la hora de contar la historia de Olivia, una actriz cuyo padre, también artista, desapareció en su adolescencia, dejando una estela de dudas, miedos, misterios y preguntas que nos irán asaltado a lo largo de todo el relato para intentar entender todas esas circunstancias.

Ese es el gran tronco argumental de La naturaleza secreta de las cosas de este mundo pero de  él parten, como necesarias explicaciones de su identidad, toda una serie de ramas que albergan diferentes cuestiones vitales sobre lo sucedido en un pasado que se mantiene hermético ante el paso de los años, pero al que es necesario regresar para atemperar ciertos desasosiegos, para proponer una luz, eso sí, llena de ambigüedades desde las que intentar calibrar esa desaparición que el propio escritor define como "un tipo de acontecimiento singular, que deviene rápidamente estado y pone de manifiesto que la indeterminación y el doblez son parte de la naturaleza secreta de las cosas".

Cubierta de La naturaleza secreta de las cosas de este mundo
Pron libro

Como esta frase podríamos ir recuperando diferentes pasajes en los que obliga a detenerse Patricio Pron, incluso sacándonos del relato, propiciando una amplia reflexión sobre lo que supone la escritura, el papel del artista, el dolor, el llanto... y así toda una serie de coyunturas presentes, no sólo alrededor de los protagonistas del libro, sino de cada uno de nosotros. De ahí que La naturaleza secreta de las cosas tenga mucho de expiación de nuestra realidad más inmediata, esa que se va colmatando a lo largo de los años, desde nuestras relaciones familiares, personales o profesionales y que en ciertas ocasiones llegan a sepultarnos agotando el oxígeno que nos rodea.

Olivia, instantes antes de sufrir un accidente de tráfico, intenta encontrar respuestas a todas esas incertidumbres que le han ido dejando sin ese aire necesario para respirar. Cada pregunta es sepultarse un poco más en ese pasado marcado por el abandono del padre, por la duda sobre su muerte o no, pero sobre todo por las causas. Las causas, siempre las causas, el sentimiento de culpabilidad y la necesidad de huir de todo ese ecosistema que sabemos perjudicial.

Ese contexto es el que define el primero de los dos grandes bloques en que se divide el libro, el otro, se centra en su padre, Edward Byrne, y en ese abandono, en una ausencia del contexto familiar que le lleva a compartir vida con otros personajes que permiten que nos asomemos a esa identidad tan compleja de un artista visual que huye de sus lazos más íntimos en la deserción de aquello que todos entendemos como irrenunciable. Ese proceso va a más y genera dos vidas separadas, alejadas físicamente pero que mentalmente nunca dejarán de formar parte de una misma identidad.

Esa doble textualidad, esa bifurcación del relato, es otra de las riquezas del libro y cómo su autor entiende que se debe afrontar la forma de la escritura para beneficiar al fondo y que se va a manifestar en esa permanente tensión entre el presente y el pasado, siempre en la búsqueda de un orden y de encontrar un sentido a las cosas, el sentido de la vida, pero, sobre todo, el discernir esas identidades humanas tan complejas, tan en el filo de la navaja y que ante el mínimo resbalón se encontrarían ante el fin.

Toda esta narración propicia, al tiempo, un proceso de investigación, de búsqueda de claves que nos lleven a activar ese presente tan convulso para su protagonista. En cada una de esas reflexiones que brotan en diferentes páginas intentamos encontrar ese hallazgo que no sólo necesita Olivia, sino también cada uno de nosotros, incautos lectores. Párrafos como en el que se describe un proceso de llanto en Edward Byrne son auténticos estremecimientos literarios, fogonazos desde un faro al que nos dirigimos para que ese haz de luz sea alivio. Como alivio es leer que un artista es lo que Patricio Pron define como "alguien diferente por definición, alguien cuya diferencia lo expulsó alguna vez  de un mundo al que intenta regresar con cada nueva obra, sin conseguirlo nunca del todo", y esto, en un libro sobre seres expulsados y acosados, es el único refugio ante la impenetrable oscuridad del ser humano.

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