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Mujeres cara a cara

La súplica de resistencia de Cortázar a Pizarnik: ‘Te quiero viva, burra’ se convierte aquí en el rescate de otras mujeres
Loreto Sánchez frente a un ejemplar de su libro ‘Te quiero viva, burra’. SERGIO BARRENECHEA
photo_camera Loreto Sánchez frente a un ejemplar de su libro ‘Te quiero viva, burra’. SERGIO BARRENECHEA

ABRIR ESTE libro es mirar a la cara a tantas y tantas mujeres a las que la historia ha negado la suya, ocultándolas bajo el desprecio de un secular machismo que se movía del desprecio a su trabajo por el mero hecho de ser mujer, hasta el premeditado olvido de su talento por compartir tiempo con hombres que las orillaron del canal central de esa historia que debemos entre todos reconstruir.

Un paso importante en esa reconstrucción es la mirada realizada por la periodista cultural y escritora Loreto Sánchez Seoane que en la editorial Círculo de Tiza recoge las vidas de varias de ellas en el volumen Te quiero viva, burra, recuperando la famosa frase que en una carta le escribió Julio Cortázar a la poeta argentina Alejandra Pizarnik, en el deseo de detener un suicidio que finalmente se consumó. Esa súplica, ese grito transoceánico emitido desde París, es el gran eco que brillantemente Loreto Sánchez recupera para salvar a otras mujeres del olvido, de ese naufragio al que se han visto sometidas dentro de un clamoroso silencio que sonroja en cuanto rascamos un poco en esas vidas, cuando calibramos sus relaciones y su obra en función de una sociedad demoledora con la mujer y con sus posibilidades de éxito en los más diferentes campos de trabajo o de creación.

Una sociedad demoledora con la mujer y con sus posibilidades de éxito

Los 27 perfiles que aquí asoman se gestionan de esa manera tan complicada de encontrar cuando se afrontan recorridos biográficos, concentrándose la atención en una serie de hechos fundamentales para conocer tanto el genio individual como el punto de desprecio que la sociedad fue alentando sobre cada una de ellas. Ese equilibrio se arma a través de un lenguaje que también hace equilibrios entre lo periodístico y lo literario (otro día discutimos donde está ese límite) para propiciar una lectura llena de sugerencias, de destellos que iluminan allí donde hay luz y que nos hacen descender al averno donde nos aguarda el dolor. Porque luz y dolor se mueven a partes iguales en las vidas de todas ellas. Momentos de gozo en los que parece que el mundo se va a detener bajo sus pies y otros en los que una penumbra lo envuelve todo como desfiladero para llegar al delirio y el tormento.

Lee Miller, Enriqueta Otero, Alfonsina Storni, Amy Winehouse, Florbella Espanca, Violeta Parra, Silvia Plath, Marga Gil, Hedy Lamarr o Lee Krasner, sólo por citar alguno de esos nombres, son nombres de latitudes y tiempos diversos que lo único que hacen desde su cita es mostrar cómo ese síntoma no es en absoluto puntual sino que forma parte de una podredumbre que ha estado y está todavía muy presente en una sociedad configurada al cien por cien en beneficio del hombre frente a la mujer.

Aquellos latigazos que salían de su inconformismo y rebeldía, las fotografías de Dora Mar, la voz rasgada de Chavela Vargas, los poemas de Alejandra Pizarnik, los descubrimientos de María Teresa Toral o las esculturas de Camille Claudel, son ya eternidades que reafirman un potencial femenino al que nos aproxima Loreto Sánchez Seoane en uno de esos libros que te permiten descubrir, aprender y disfrutar de la buena literatura. Convendrán conmigo que pocas cosas más se le pueden pedir a un libro, y en este podrán mirar cara a cara a varias mujeres que, como otras muchas, debemos mantener siempre vivas.

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