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Respirar palabras

El asturiano Xuan Bello en 'La historia escondida' asume, de forma emocionante, el milagro ancestral de la literatura
Xuan Bello en su hogar asturiano. ARCHIVO XÓRDICA
Xuan Bello en su hogar asturiano. ARCHIVO XÓRDICA

SI LA literatura es algo es narración, la posibilidad de contar y de contarnos. Xuan Bello (Paniceiros, 1965) honra esa ancestral misión con su libro, La historia escondida, publicado por Xórdica Editorial en la recuperación de un pasado que se funde con nuestro presente bajo el mítico peso del paisaje y el paisanaje asturiano. No es nueva esta misión en la obra de una de las voces más singulares de nuestra literatura. Autor en lengua asturiana que enarbola como una parte irrenunciable de su configuración como ser y como autor, sus traducciones al castellano nos abren ese desfiladero que nos permite adentrarnos en la tierra asturiana de una manera siempre emocionante por la pureza y la verdad que logra transmitir la escritura de Xuan Bello.

Sus libros son, precisamente, un itinerario por el territorio y por la memoria que, como un sustrato eterno, se integra en la sociedad a la que de una manera tan intensa honra Xuan Bello, sabedor de que no seríamos nada sin los que nos precedieron.

Esa capacidad de nombrar, de construir un relato, es el que da sentido a este libro que ahora se publica en castellano trece años después de su escritura asturiana, y lo que nos encontramos es un libro que todo rincón peninsular debería tener el suyo, por lo que cuenta, por cómo lo cuenta y por lo que significa para la comunidad de ese entorno determinado. Paisaje, memoria, leyendas o tribu son los renglones que Xuan Bello emplea para que sus relatos cobren sentido. Tres historias que surgen del olvido que el paso del tiempo y el devenir de generaciones propician en nuestro pasado.

Esa capacidad de nombrar, de construir un relato, es el que da sentido a este libro

"Lo necesario que es seguir viviendo del olvido", es una de las frases que dinamitan el relato; frases que, como tantas otras en estos textos, propician nuestra reflexión sobre qué estamos construyendo entre todos y cómo esa acumulación de instantes vividos en el pasado, momentos aparentemente intrascendentes y fugaces, se recuperan años más tarde, otorgándole a la vida el único sentido que merece la pena. Cada vez más nuestros sentimientos se insertan en los laberintos que nuestra sociedad, aparentemente evolucionada, propicia en nuestra vida diaria. Las manecillas del reloj, como el hacha en el cadalso, acosando cada uno de nuestro movimientos. Días y prisas que no nos permiten casi levantar la cabeza y mucho menos girarla hacia todo ese sustrato que de una u otra manera nos conforma.

Tres capítulos articulan el libro: La cueva del olvido, historia de Evaristo Santos quien, tras militar en el Batallón Comunista de Bóo, al término de la Guerra se pasó al bando contrario; Veintitrés golpes de hacha, otros tantos fogonazos entre el apunte y el flash que hacen resplandecer la memoria como ese gran faro que en un instante nos abrasa con su foco de luz para convertir en más oscuro el instante siguiente; y Siete kilómetros y medio, un viaje compartido por el autor con un familiar por ese escenario astur: caminos, hogares, leyendas, cielos, horizontes... que convierten ese viaje en el gran símbolo del libro, convirtiéndose este en un gran viaje por la memoria de una comunidad a través de una palabra que se respira y que te transporta a historias y personas que la historia, en su proceso de sedimentación, tiende a esconder, pero que al narrador le lleva a generar su propia Odisea, su propia historia viva.

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