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Grandeza y Pasión

España en Semana Santa se llena de mantillas y gestos que nos descolocan en un país que se sonroja al pensarse parte del siglo XXI
 

Carmen Martínez-Bordiú en la plaza de toros de Pontevedra. RAFA FARIÑA
Carmen Martínez-Bordiú en la plaza de toros de Pontevedra. RAFA FARIÑA

CON LAS BANDERAS a media asta en cuarteles y en la sede central del Ministerio de Defensa por la muerte de Cristo, este país, presuntamente aconfesional, según la Constitución a la que tantos se encadenan, encara una Semana Santa de Pasiones que, como suele ser tradicional, nos deja estampas y escenas impropias de un Estado que intente tenerse por avanzado o, por lo menos, por conducirse por unas sendas de modernidad en cuanto a su sociedad, entendida esta como lo más plural posible y respetuosa con el ser humano.

Entre capirotes y Ecce Homos se mueve una España rancia, la del pillaje de títulos académicos, la que se enfrenta a sus responsabilidades a través de pantallas de plasma, la que premia con ascensos a responsables farmacéuticos imputadas por graves cuestiones sanitarias y la que unos pocos días después de empujar a la calle a miles y miles de pensionistas ahora encuentra las monedas de plata necesarias para incluir en sus presupuestos.

Todo eso se distraerá entre saetas y carracas, y el olor a incienso lo irá envolviendo todo, narcotizando a esta sociedad y dejándola de nuevo bajo el desamparo de una clase política cada vez más empequeñecida que, en Madrid y Barcelona es incapaz de encontrar soluciones al confl icto catalán, y en Compostela, con una En Marea torpe para contener hacia el exterior sus pequeñas miserias internas, frustra cada vez más al ciudadano, siempre esperanzado ante la reconversión de los viejos y el empuje de los nuevos y, actualmente, cada vez más deprimido.

Pero que no nos falte la alegría durante esta semana de lluvia y embalses recuperados iluminada con la sonrisa de Carmen Martínez-Bordiú, la mujer que "ha vivido toda su vida sin trabajar", como ella misma se jactó en una revista del corazón, su ecosistema favorito, y que ahora nos alegra la Semana Santa desde el BOE al cursar la petición ante el Ministerio de Justicia para reclamar el título de 'Duque de Franco con Grandeza de España’, con todas esas mayúsculas que todavía siguen arañando el alma y dañando a la inteligencia, y a la que también le correspondería, tras la muerte de su madre, el 'Señorío de Meirás’, que deja en manos de Francis Franco por deseo de su abuela.

Poco se puede esperar de un país que todavía ampara todo aquello que tiene que ver con la presencia de un dictador, que permite que sigan manejándose títulos nobiliarios, posesiones y riquezas tomadas del pueblo con un descaro que va del BOE a las estatuas del Maestro Mateo, que duermen el sueño de los justos en ese Pazo de Meirás puesto en venta recientemente de manera ignominiosa y que debería ser parte del patrimonio público, o que se deja marear por un prior, como el de la Abadía del Valle de los Caídos que hasta el último momento no ha permitido el desbloqueo del proceso para exhumar a varias víctimas de la Guerra Civil tras haber manifestado que "allí nadie trabajó de manera forzada y que los presos cobraban un buen sueldo".

España se nos viene arriba en Semana Santa. "Esa España inferior que ora y embiste, cuando se digna usar la cabeza", como escribió Antonio Machado, sigue dando pruebas año tras año de sus escasos deseos de progreso, anclándose en tópicos y conductas atávicas que quienes nos gobiernan parecen incapaces de desterrar de manera defi nitiva por miedo, comodidad o desinterés, condenando a España a procesionar descalza soportando el lacerante paso de penitencia de su grandeza y Pasión. 

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