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A sus extraordinarias dotes para la cocina Pepe Solla le ha sumado su compromiso con la sociedad frente a los más intolerantes

Pepe Solla posando en el Mercado de Abastos de Pontevedra. DAVID FREIRE
Pepe Solla posando en el Mercado de Abastos de Pontevedra. DAVID FREIRE

SI YA estábamos bien orgullosos en nuestra comarca de Pepe Solla y sus virtudes culinarias, los acontecimientos de los últimos días en torno a su persona han hecho que ese orgullo aumente de una manera que ninguna estrella Michelin podría lograr. Sin pretenderlo, simplemente como un acto casi reflejo, ante la deriva venenosa que agrupaciones como VOX están inoculando a nuestra sociedad, el gesto de Pepe Solla de manifestarse públicamente en contra de ella y de sus constantes ataques a los progresos realizados por todos contra la Violencia de Género, le han valido toda una serie de comentarios y críticas por los más afectos al régimen de VOX que han hecho de las redes sociales el vomitorio habitual de esta ralea cuando la emprenden con alguien. Insultos, descalificaciones, y hasta ataques a su cocina sin haberla consumido se han sucedido en una vergonzosa cascada que no hace más, desde mi punto de vista, que poner en valor el gesto de Pepe Solla.

Cuando se está hablando durante estos días de la implantación de VOX en diferentes ciudades, entre ellas Pontevedra, de cara a las próximas elecciones municipales y cuando muchos se están quitando la careta de su travestismo político durante estos últimos años, la valiente posición del propietario de Casa Solla quizás le vaya a hacer perder algunos clientes. Está claro que los que apuestan por esa agrupación son gente de posibles, que diría un castizo, potenciales usuarios de un restaurante de la calidad y del servicio que se ofrece en los salones y cocinas del local establecido en Poio, y algunos de ellos, a mi entender, los que son incapaces de valorar lo que supone la cocina como elemento cultural y de disfrute, ya han manifestado que no volverán. También creo que muchos que no han ido de manera habitual, y para los que supone un esfuerzo económico, lo harán más a menudo. Saber que un cocinero, además de méritos gastronómicos, posee valores humanitarios y de responsabilidad con su sociedad, convierten la comida en mucho más sabrosa. Yo mismo en cuanto pueda reservaré para gozar de ese sabor inigualable que ofrece la solidaridad con tantas y tantas Víctimas de la Violencia de Género que VOX desprecia y que pretende disfrazar, y a lo que lamentablemente se unen otros a la búsqueda del poder por el poder. Eso sí que es cocinar sin pizca de gracia y sin gusto alguno.

El inminente acuerdo en Andalucía ha colocado entre los ingredientes de nuestra política un sabor pernicioso que amenaza con extenderse por toda nuestra gastronomía. Esperemos que seamos conscientes de ese peligro y que más voces como las expresadas ayer por el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, el vicepresidente, Alfonso Rueda, o en días pasados por Borja Semper, en el País Vasco, o Rafa Domínguez en Pontevedra, denuncien que ciertas realidades no se pueden camuflar y que partidos como el Partido Popular, en los que debería primar un sentido de la realidad por encima de sus propias siglas e intereses, no pueden ser cómplices de esos sabores putrefactos.

Casa Solla es un Espacio Libre de Violencia de Género y de VOX. Sin duda esta es la mejor estrella que Pepe Solla puede colgar de su emblemático restaurante, admirado durante tantos años por su quehacer en los fogones, y ahora, también, por su compromiso.

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