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Aporree sin miedo

Jimi Hendrix
photo_camera Jimi Hendrix

Vengo a proponerle que busque usted unos minutos diarios de su tiempo y aporree algo, pero permítame explicarle antes, no vaya a ser que ya esté usted ahora mismo aporreando su microondas o un coche patrulla de la Guardia Civil. Cierto que aporrear conlleva cierto grado de violencia, pero puede ser muy útil. Aporrenado una piedra contra otra se hicieron las primeras hogueras, valga el ejemplo. Aporreando bloques de granito se han construido centenares de castillos y catedrales. Se trata de perder el miedo y el respeto a los instrumentos, y ya que me habla usted de instrumentos, así surgió la música, aporreando la piel de una cabra con las manos o con un palo, eso no lo sé yo ni lo sabe nadie. 

Jimi Hendrix cambió la música para siempre al coger una guitarra eléctrica y tocarla literalmente a dentelladas antes de rociarla con gasolina y plantarle fuego. Total, habrá pensado el muchacho, guitarras hay otras, pero yo no hay más que yo. Jerry Lee Lewis ya había hecho lo propio con sus pianos: aporrearlos y también en alguna ocasión incendiarlos. Ian Anderson cogía una flauta travesera y la emprendía a mamporros con ella. Este caso es quizá el más curioso, pues no ha sido ni es un instrumento muy habitual en bandas de rock. 

Hay piezas en Youtube en las que flautistas clásicos ven lo que hacía este hombre con su instrumento (me refiero, claro está, a la flauta, que ya está usted ahí imaginando cosas). Su interpretación de My God en vivo en la isla de Wight en 1970 es una locura. Los intérpretes clásicos ven esa actuación y en un principio se escandalizan al ver cómo trata a su flauta travesera, utilizándola como el bastón de una majorette, chillando y gruñendo mientras la hace sonar a golpes y manotazos. Tras ese primer momento de estupor, se centran en el sonido y reconocen que Anderson hacía con esa flauta cosas imposibles, le sacaba sonidos nunca antes escuchados. Pues como Hendrix, como Jerry Lee Lewis y como tantos otros a los que les pusieron un instrumento entre las manos y decidieron aporrearlo. 

Por lo general eran chavales sin trabajo y sin dinero. Bultos sospechosos, que decía John Balan, que a su vez aporreaba puertas. Artistas sin maestros y con tiempo de sobra para aprender a tocar por su cuenta, aunque hay excepciones: Sergio Leone decidió aporrear el western y creó un género cinematográfico propio al que ponía música Ennio Morricone, que aporreaba las cuerdas vocales de los intérpretes de sus canciones.

Ojo, que yo propongo el aporreamiento en el que creo con firmeza, pero no como única solución a todos los problemas. Como una de ellas, en todo caso. Un flautista de formación clásica puede sentarse con una partitura delante y ejecutar con precisión y virtuosismo una pieza de Bach, pero jamás podrá tocar Bourée, la versión que hizo Jethro Tull sobre esa obra de Bach. No pasa nada, uno y otro artistas son necesarios y se complementan, que de todo ha de haber en la viña del Señor.

Los genios del aporreamiento suelen surgir de la ignorancia absoluta. Si usted le da una guitarra a un chaval que no tiene nada que hacer, encontrará la manera de tocarla. Jimi Hendrix por fortuna no tuvo un maestro, de ahí que aprendiera a tocar la guitarra con los dientes, o echándosela a la espalda, o desafinando una cuerda mientras sonaba para alcanzar una nota más alta. Todo eso lo aprendió porque no tenía ni idea, pero tenía talento de sobra para reinventar un instrumento. En cuatro años (murió con 27), enseñó al mundo que una guitarra eléctrica puede exprimirse de mil maneras diferentes y que todo vale si se hace bien, sea dentro o fuera de los cánones.

No tenga usted miedo de aporrear algo, incluso la vida. Entiéndaseme. No hablo de aporrear vidas ajenas ni propias, no soy un tarado, hablo de tratar de hacer de vez en cuando algo diferente partiendo de la nada si es necesario. Coja un lienzo y unos óleos y póngase a aporrearlo todo. Nunca se sabe: igual es usted la gran artista del siglo y no lo sabe ni lo sabrá si no se pone a ello. Si le gusta escribir, escriba; si la música, cómprese una pandereta o un violín. No se fije mucho en cómo se hace: se hace como a usted le dé la gana. Aporrear es eso. Luego vienen la experiencia o el oficio, y si de ahí sale algo, bendita usted sea. Si no sale nada, pues bueno, peor no va a quedar, salvo que se arruine comprando coches de lujo para destrozarlos, cosa que yo no le recomiendo en ningún caso. Hablo de buscar límites, cosa que por cierto yo no hago casi nunca, sea por comodidad o por vagancia, porque para aporrear como Dios manda hacen falta muchas horas y no todo el mundo las tiene, pero puede que usted sí. Pruebe usted y aporree lo que quiera, salvo a mí, si es tan amable.

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