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El Capitolio, Xosé Lois y Celia

Asalto al Capitolio en Estados Unidos. EFE
Asalto al Capitolio en Estados Unidos. EFE

Dicen de EE .UU. que es la democracia más antigua del mundo. Los más certeros apuntan que es la democracia vigente más antigua del mundo, por no olvidar a los griegos antiguos, que le llevan miles de años de ventaja. Pero sí, aceptemos que es una democracia antigua, lo que significa un problema. Mejor estarían si la modernizasen. Una democracia en la que la policía tiene licencia para matar a los negros sin motivo, que ejerce la pena de muerte, que discrimina a latinos o asiáticos, que endeuda a una familia de por vida si uno de sus miembros tiene una apendicitis que no cubre el seguro médico; que está plagada de milicias armadas, pues qué quiere usted que le diga. ¿Que es muy antigua? Pues vale. Eso, por lo que se ha demostrado esta semana no solo no es bueno, sino que es tan malo y tan antiguo que un presidente tarado puede alentar un asalto al Capitolio en el momento en el que los congresistas lo relevan para nombrar a su sucesor, el que le ha vencido en las urnas.

Este sábado comimos con una pareja amiga, Xosé Lois y Celia, y con sus hijos, Elba y Breogán. Todos buena gente. Y allí, en presencia de mi señora, la familia le dio un injustificado golpe de Estado a Xosé Lois. La conversación, que arrancó sobre temas culinarios, una cosa de lo más natural y pacífica, acabó con los otros tres miembros acusando a Xosé Lois de que cuando cocina abusa del pimentón de la vega y de la pimienta negra. El momento culminante llegó cuando Elba lanzó una acusación gravísima: «El otro día mataste al salmón», mientras el resto de la familia asentía. Yo imaginé que Xosé Lois había cogido a un salmón vivo y lo había asesinado echándole pimentón de la vega en presencia de toda su familia, lo cual me pareció de una crueldad innecesaria. Luego, a medida que la conversación evolucionaba, resultó que el salmón ya había sufrido la muerte antes de llegar a la cocina y que Xosé Lois lo había cocinado excediendo las especias, con resultado desigual: la familia sostenía que el salmón no sabía a salmón, sino a pimentón, mientras el cocinero sostenía que había enriquecido al pez dotándolo de condimentos que exaltaban el sabor.

Los de Trump, como los de Tejero, entraron por la fuerza

Bien, tenemos ahí un desencuentro y hay cientos de maneras de resolverlo amistosamente: que si no vuelves a hacer salmón, que sí lo hago pero le echo menos pimentón, yo qué sé. En una familia democrática, como la que fundaron Celia y Xosé Lois, el diálogo suele ser la solución. El perdedor asume la derrota o busca una nueva victoria. Por las buenas todo tiene arreglo. Pero si en ese momento hubieran entrado en el bar una horda de milicianos comandados por Xosé Lois, armados hasta las orejas, exigiendo la supremacía blanca y pidiendo a tiros que el salmón debe ser sazonado con exceso de pimentón de la vega y pimienta negra y provocando media docena de muertes, cosa que llegué a temer, se polarizaría la situación hasta el extremo de que se acabaría para siempre el salmón, el pimentón de la vega y la pimienta negra.

Es un poco lo que pasó en el Capitolio. Los amantes del salmón ultrasazonado asaltaron el edificio a lo loco. Eran una panda de imbéciles incapaces de reconocer una derrota. Claro que ahí no se discutía el punto del buen salmón, sino la presidencia del país que fue durante décadas el más poderoso del mundo, pero en esencia es lo mismo: Xosé Lois cedió y aceptó preparar un nuevo salmón prescindiendo del exceso de especiado, que es lo que tiene que hacer cualquier persona inteligente como él cuando se encuentra en minoría.

Mientras tanto, en Estados Unidos, Donald Trump lanzaba a sus fanáticos a asaltar el Capìtolio. Me extraña que poca gente en España lo haya comparado con Tejero. Los de Trump, como los de Tejero, entraron por la fuerza y a tiro limpio. Tejero dejó los techos del Parlamento español llenos de agujeros, que a mí una vez me los enseñó en persona Ana Pastor, cuando presidía el tinglado. Un día le preguntaré a Ana Pastor por qué ha cambiado su registro de toda la vida que la hacía tan adorable, pero eso es otro tema.

Estos del Capitolio, además, provocaron cinco muertes de momento, que igual la cosa no acaba aquí. La semejanza, aparte de los muertos, es que Tejero decía que actuaba en nombre del Estado y los asaltantes del Capitolio también. Me da un poco igual. Yo prefiero, como usted, que los grandes problemas sean si Xosé Lois sazona o no bien el salmón, y que su esposa y sus hijos hagan piña y él se resista, pero siempre sin armas ni asaltos ni muertos.

Lo que importa en esta vida, hágame caso, es que todos y todas actuemos como Celia, Xosé Lois, Breo y Elba. Si al final todos somos una familia. La mejor manera de evitar un asalto al Capitolio es diciendo las cosas a la cara y sin complejos. Hablando y escuchando, de buen rollo. Nos queda eso o una guerra mundial, que ganaría la familia de Celia y Xosé Lois, benditos y benditas sean.

El Capitolio, Xosé Lois y Celia
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