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Daniel Sancho y el abogado exótico

Rodolfo Sancho y su abogado, Marcos García Montes, en el aeropuerto Adolfo Suárez Madrid Barajas. JOSÉ RUIZ (EUROPA PRESS)
photo_camera Rodolfo Sancho y su abogado, Marcos García Montes, en el aeropuerto Adolfo Suárez Madrid Barajas. JOSÉ RUIZ (EUROPA PRESS)

SEGUÍ CON gran interés el juicio a Daniel Sancho, ya sabe, el hermoso nieto de Sancho Gracia acusado de asesinar y descuartizar a Edwin Arrieta en Tailandia. Desde algunos meses antes pasaba bastante del tema pues todo transcurría con tailandesa normalidad hasta que entró en escena Marcos García Montes, ya sabe, ese abogado que viste como un bufón y lleva un bigote absurdo que se le dispara hacia las mejillas.

Siempre aparece cuando hay un juicio mediático para embarullarlo todo. A veces le funciona porque en España molan los circos y este lo tiene todo: un criminal confeso hijo de un actor de cierta fama, nieto de otro; alto, rubio, guapo y musculado, que asesinó presuntamente y descuartizó a un cirujano colombiano en una tierra exótica. Si a eso suma usted la presencia del abogado histriónico, el espectáculo está servido.

Hasta la entrada en escena de García Montes, las cosas eran las normales allí, según decían expertos en el sistema legal del país. Sancho estaba representado por el mejor abogado penalista de Tailandia, cuya misión era la de conseguir la cadena perpetua y librar a su defendido de la pena capital. Es el mejor escenario posible para el reo, pues le permitiría ser extraditado a España en cosa de nueve o diez años.

Pero para lograr eso, solo había una manera, dada la cantidad de pruebas acumuladas: que el acusado reconociera el crimen, que se mostrara arrepentido, que pidiera perdón una y otra vez, que resarciera a los familiares de la víctima.

García Montes mandó parar. Cambió al defensor tailandés por uno de oficio que se quedaba dormido en la sala y empezó a pasearse por los platós españoles haciendo lo que siempre hace, sembrar dudas sobre la investigación policial, sobre la instrucción, sobre el trabajo de los fiscales, como si al juez tailandés le importara un carallo lo que dice un abogado excéntrico en las televisiones de España, un hombre que solo dice cuatro cosas, siempre las mismas, en plan: "¡Me he leído el Código Penal de Tailandia!". Ah, vale, Marcos, si te has leído ese tocho ya eres un experto en leyes tailandesas y puedes ir por la vida diciéndole a un juez de Tailandia lo que tiene que hacer, que es absolver a tu cliente porque lo dices tú, que has visto un libro.

Como gran aliada de García Montes supe de Carmen Balfagón, otra abogada sobre la que recayó la enorme responsabilidad de llevar el caso hasta el ridículo extremo, diciendo, por ejemplo, que la sierra de ferretería que compró Daniel Sancho para descuartizar al cirujano planeaba utilizarla para cortar cocos, o que los sacos de bolsas de basura en los que envolvió las partes del cadáver eran por si llovía, para hacerse chubasqueros. Los cuchillos eran para su canal de cocina en Youtube, claro, un canal al que subió siete vídeos en toda su vida: "¡Los cuchillos no aparecieron!", chillaba Marcos García Montes, obviando que no aparecieron porque Daniel Sancho se deshizo de ellos, y todo así.

Tristemente, esos abogados lograron que algunas emisoras españolas compraran sus espectáculos. Empezaron a referirse al acusado como "el joven chef Dani Sancho".

Hubo un momento mágico en el que un contertulio dijo que Sancho había esperado a que la víctima falleciera antes de proceder al desmembramiento: "¡Menos mal que esperó, porque si lo hubiera descuartizado vivo eso sí sería un asesinato!", observó extasiada otra de las presentes.

Carmen Balfagón prometió por activa y por pasiva que iban a presentar como testigos protegidos a dos hombres colombianos que declararían bajo anonimato haber sufrido acoso sexual por parte de Edwin Arrieta. El juez no los admitió, pues García Montes se saltó el capítulo del Código en el que se dice que en Tailandia no existe la figura del testigo protegido ni la declaración anónima. Casi todos los testigos que propuso la defensa se fueron cayendo, empezando por Carmen Balfagón, a quien ni siquiera dejaron entrar en la sala. Marcos, Carmen, no se gana un juicio en Tailandia montando un circo mediático en España. Tailandia queda lejísimos; su legislación nada tiene que ver con la europea, ni su sistema penitenciario; es una monarquía absolutista gobernada por una junta militar. Una dictadura, vaya.

Lo que hagáis vosotros en España, si de algo sirve, es para complicar la situación de vuestro cliente, que está siendo juzgado allá, no en la Audiencia Provincial de Cuenca. Y lo que se juzga es si asesinó premeditadamente a otra persona, la descuartizó y fue deshaciéndose de partes del cadáver por toda la isla. En mi opinión, estáis estafando a Rodolfo Sancho. Si así es, culpa suya por haberos comprado toda esa sarta de milongas. Veremos la sentencia, que se espera para finales de agosto, pero tengo la impresión de que el juez, a la vista de las pruebas que le han mostrado, como los incontables vídeos del acusado yendo y volviendo al lugar de autos y de ahí a las playas y a los vertederos en los que iba tirando el cuerpo troceado; de las compras de sierra, cuchillos, bolsas y elementos de limpieza previos a la muerte, de la primera confesión y de la reconstrucción del crimen que hizo el joven chef Dani Sancho, le va a meter un puro importante. Que a mí me da un poco lo mismo la pena que le caiga al guaperas. No es mi cliente.

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