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"El discurso y los gregarios"

Vista general de la sala de prensa del congreso de Sevilla. JULIO MUÑOZ
Vista general de la sala de prensa del congreso de Sevilla. JULIO MUÑOZ

Deberá tener en cuenta Núñez Feijóo que los que ayer aplaudían con devoción norcoreana su primer discurso como presidente del PP español, son exactamente los mismos que vitoreaban a Pablo Casado con parecido entusiasmo hace tres años. Y que muchos de ellos lo apoyaron sin fisuras en las redes sociales hasta tres días antes de su defenestración, momento en que se lanzaron en tromba a reclamar a Feijóo. La gente de partido tiene espíritu gregario, lo que es normal. Se sienten parte de un equipo que sigue a un líder incuestionable hasta que se le cuestiona. Es lo que le ocurrió al pobre Casado. A pesar de su manifiesta incapacidad, demostrada desde el primer día, para formar equipos, para hacer campañas, para presentarse como una alternativa, para mantener posiciones y para todo lo demás, gozó del apoyo del partido hasta que la pelea con Ayuso se le fue de las manos. Un líder breve que todo lo que sabía sobre política era anudarse una corbata y dominar con cierta soltura el arte de la oratoria, cosa que enseñan a todos los cachorros importantes del PP en cursos de debates.

Uno de los problemas que tendrá ahora Feijóo es deshacerse uno a uno de todos esos carromeritos de laboratorio que Casado dejó colocados por todas partes y que sólo sirven para eso: para hablar en público y encorbatarse. Pero tampoco dejó el listón muy alto. Feijóo tiene todo lo que le falta a Casado: un aire de naturalidad, experiencia en campañas exitosas y en gestión y un innegable ascendiente entre los suyos soportado por cuatro absolutas, caso único en el sistema solar. Es buen estratega y como parlamentario se ha medido con dos adversarios más temibles que cualquiera de los que hablan ahora en el Parlamento español: Xosé Manuel Beiras, aunque no era ya el mejor Beiras, y Ana Pontón. Una lástima que no tenga escaño, lo que hará que los debates se trasladen a la prensa.

Las elecciones en España siempre las ha ganado quien conquista el centro

Por lo que dijo en su discurso y por lo que dejó caer, éste va disparado a por el centro, huérfano desde que los socios de Sánchez tiraron del PSOE hacia la izquierda y desde que tanto Ciudadanos como el PP escoraron hacia la extrema derecha pensando que así anularían a Vox. Las elecciones en España siempre las ha ganado quien conquista el centro, qué le vamos a hacer. La gente no quiere ideología, al parecer, quiere una clase política previsible que no cause más problemas de los habituales, pues si a situaciones como las que sufrimos hoy añadimos discusiones sobre asuntos no discutibles, como los derechos de los colectivos LGTBI o las reivindicaciones feministas, no sé qué ganamos. Feijóo dijo que no, que él no va a entrar en esas batallas.

Cuenta con que tal y como coge el partido, tiene margen para imponer su estilo. Claro que a muchos les habrán salido ampollas en el cerebro tras escuchar estas cosas, pero a esos Feijóo nunca les ha prometido nada, ni en Galiza ni en España. Aunque hace unos días pegó un patinazo al hablar de violencia vicaria, prestamente rectificado, nunca prometió cuestionar los derechos que niegan los de Vox y negaba cuando podía Pablo Casado.

Fue a Sevilla a presentarse como un tío normal, un buen gestor y un líder potente. Lo sea o no lo sea, que eso ya es opinión de cada quién, resultó convincente, sobre todo si tenemos en cuenta que no se dirigía en realidad a los que estaban ahí. A ellos les vale cualquier discurso. Son gregarios. Lo mismo hubiera dado que dijera algo así: "Aserejé-ja-dejé, de jebe tu de jebere seibiunouva majavi an de bugui an de güididipí". Hubieran aplaudido igual porque para eso estaban ahí, para entronizar al nuevo líder. Pero me dio la impresión de que su discurso iba dirigido más bien a los dubitativos, a los menos comprometidos, a los insatisfechos, a los huérfanos del centro, a los desencantados de la política, a toda esa masa de millones de personas que en cada elección juegan a probar otra cosa o a quedarse en casa.

Será mejor rival para Pedro Sánchez que Casado. A ver, incluso usted o yo lo seríamos, pero Feijóo también. Y previsiblemente dejará solos a los de Vox con sus discursos fascistas. No jugará a ese juego, tampoco lo hizo en Galiza. Así logró eliminarlos, ignorándolos, no prestándose a alimentar y amplificar sus obsesiones. Si consigue rebajar la bronca constante, el insulto como arma y rehuir debates estériles que solamente sirven para crear monstruos ya podremos darnos por satisfechos.

Bien, convenido este asunto a satisfacción del PP, queda por resolver la gran incógnita, que es la de la sucesión en la presidencia de la Xunta. Hasta donde se sabe no hay batalla entre los aspirantes, ni visible ni invisible. Eso es porque nadie sabe nada (hasta donde se sabe), seguramente ni el designado. Todos actúan como si Feijóo no se fuera a ir a Madrid y no dan ni la menor pista. Yo, impaciente por ver al nuevo presidente debatiendo con Ana Pontón.

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