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El premio

Algunos les molestaba al principio que Pontevedra recibiera premios que venían reconociendo el llamado modelo de ciudad. Había quienes decían que eran inmerecidos, que eran de chiripa; otros hablaban de la baja calidad de los premios, decían que eran comprados o directamente acusaban a los entregadores de ser chiringuitos. Tenemos memoria. Aún no hace mucho, cosa de un mes o menos escribía alguien, con toda la razón del mundo, que Lores no había inventado a la infancia; que ya había niños en Pontevedra y eran felices. Lo primero es incuestionable; lo segundo ya no tanto. Que un niño que se crió en tiempos de Franco alabe a aquella Pontevedra gris porque jugaba en su barrio no me hace gracia porque me da pena.

De vez en cuando, los nostálgicos de otros tiempos sacan esos recuerdos que consideran entrañables, como el que tuviéramos a una mona encerrada en una jaula. Hay gente que habla de la mona de Las Palmeras y la echa de menos. ¡Que teníamos a una mona en una jaula, coño! ¿Cómo puede nadie recordar aquello con cariño? Aquella mona lo que daba era mucha pena y hoy debemos verlo como una aberración, arrepentirnos de ello y sólo recordarlo como un ejemplo de la porquería de ciudad en la que vivíamos.

En el pleno del pasado lunes, Lores anunció que Pontevedra había recibido el primer premio de Seguridad Vial Urbana de la Comisión Europea. Es un premio más y no uno cualquiera al que se presentaban 26 ciudades de toda Europa. Cuando alguien hace las cosas bien lo sabe, se nota, pero no está de más que se le reconozca desde fuera. Que la seguridad vial urbana es inmejorable en Pontevedra lo sabemos todos y todas aunque todavía hay a quien le cuesta reconocerlo. En la exposición de motivos, entre otras muchas cosas, el secretario de jurado, destacó la reducción de muertes por accidentes de tráfico, que se ha llevado al cero absoluto, y se mostró sorprendido de que el 80% de los niños vayan al colegio caminando solos. Ese es uno de los grandes logros, el incluir a la infancia como una de las grandes beneficiarias del modelo de ciudad.

Cuando yo era niño y hasta una edad bien avanzada, no podía caminar por Pontevedra sin ir cogido de la mano de un adulto, y si en algún momento me la soltaban era al llegar a A Ferrería o a As Palmeiras a ver a la mona, pero siempre sin que mi padre o mi madre nos perdieran de vista, no fuera a ser que nos saliéramos un milímetro del espacio acotado y nos matara un coche. Hoy los niños y las niñas son tan dueños de la ciudad como cualquiera y la disfrutan como nadie.

No hay que cansarse de repetir que vivimos en una ciudad ejemplar y el mérito, siendo compartido por todos, es de Lores, de su equipo y de quienes en algún momento fueron sus socios. Tampoco es cosa de olvidar que hasta hace muy poco, los líderes de la oposición renegaban una y otra vez de aquel modelo. Lo hizo Tere Pedrosa, lo hizo Telmo (q.e.p.d.) durante dos campañas y Moreira durante otras dos. No fue hasta la llegada de Rafa Domínguez cuando el PP de Pontevedra entendió que no era buena estrategia enfrentarse a un modelo urbano que el pueblo apoyaba una y otra vez mayoritariamente.

Este premio es uno más. No hay vitrina para tanto galardón, y a veces ya los recibimos con cierta desgana, como algo natural. Pero no lo es, no es normal. Son premios a la movilidad, a la sostenibilidad, a la lucha contra el CO2, a un diseño urbanístico que prácticamente hemos inventado nosotros, a la seguridad vial, a la recuperación para las personas de los espacios públicos; a una ciudad modélica, en definitiva.

Cuando empezó todo muchos nos preguntábamos qué pretendían estos del BNG. Es verdad que no se molestaban demasiado en explicarlo. Ellos y ellas iban haciendo y nosotros íbamos vislumbrando las ventajas que aportaban aquellas actuaciones. Tardamos varios años en adquirir una visión de conjunto sobre qué ciudad estábamos reconstruyendo y para qué servía todo aquello. En ver que se trataba de un proyecto integral, de una ciudad imaginada por Mosquera que Lores construía día a día.

Hoy lo sabemos de sobra, pero no está de más que alguien venga de fuera a reconocérnoslo. Escribía hace poco que hoy todos los pontevedreses somos un poco urbanistas. Hoy cualquier pontevedrés podría explicarle a un concejal o a una alcaldesa de Huelva o de Toledo las ventajas de la peatonalización y hasta podrá contar, sin entrar en detalles demasiado técnicos, la forma de hacerlo y el objetivo: los coches hacen cosas que no hacemos los humanos cuando caminamos por la ciudad: no hacemos ruidos de motores ni pegamos bocinazos, no expulsamos toneladas de CO2 a la atmósfera, no ocupamos durante horas un espacio que disfrutan las personas, no damos vueltas sin parar para encontrar un sitio en que aparcarnos, no atropellamos a nadie y permitimos que los niños disfruten de la ciudad.

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