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Feijóo y Madrid

Ni Rajoy se mueve de Moncloa ni Feijóo se va de Madrid

Alberto Núñez Feijóo. EFE
Alberto Núñez Feijóo. EFE

ES ALGO que ocurre con una cadencia poética: el PP se mete en líos, los analistas se ponen nerviosos y proponen a Feijóo para suceder a Rajoy al frente del partido. He visto a redactores y tertulianos que llevan 30 años siguiendo a Rajoy y que una vez y otra caen en su propia trampa. Si ellos no dimiten tras un historial de errores tan notorio, ¿por qué creen que debiera hacerlo el protagonista principal de sus crónicas? ¿Alguien ha visto a Rajoy yéndose de un sitio para dirigirse a un lugar peor? La evolución de un personaje envuelto en un conflicto es algo casi irrenunciable en cualquier argumento de ficción. Es lo que nos permite creer que la gente cambia y se dispone al sacrificio en momentos decisivos.

Los que de verdad conocen a Rajoy saben que ni el percebeiro más experto sería capaz de sacarlo de la roca a la que se aferra. Y menos ahora. Si en algún momento Rajoy no pensó en tirar la toalla fue cuando se publicaron sus SMS a Bárcenas. Lo mismo sucede ahora. Tras el batacazo histórico en Catalunya, con Albert Rivera adelantándole en las encuestas, el caso Gürtel en pleno apogeo y Puigdemont buscando una investidura, es precisamente cuando Rajoy no se va. ¿Porque es resistente?, se preguntará usted. Sí, en parte porque es resistente y en parte porque todo eso a Rajoy le importa un carajo. Rajoy está más preocupado ahora mismo por la falta de pegada de Cristiano Ronaldo que por todas las crisis que avanzan hacia Moncloa.

Eso en cuanto a la primera parte del pronóstico. En cuanto a la segunda, la de que Feijóo puede coger un avión a Madrid de un momento a otro es todavía más delirante. Feijóo no llegó a donde llegó metiéndose en líos ajenos que no le van ni le vienen. Goza de la mayoría absoluta más holgada de Europa. ¿A quién se le ocurre que va a dejarlo todo para irse a Madrid a liderar un partido en demolición? Ello supondría deshacerse de toda la panda que rodea a Rajoy, refundar el partido y estar cuatro u ocho años trabajando como un burro para volver a ganar. Eso ya lo hizo una vez en Galiza y sabe lo que le costó. En aquel momento lo hizo porque era o aquello o nada. Y ahora que lleva diez años disfrutando de aquella hazaña lo va a dejar todo para empezar de cero, como si fuera tonto.

Hay una hipótesis más delirante. Ante una posible crisis de Gobierno, Rajoy podría llamar a Feijóo y ofrecerle un ministerio. Pues tampoco va a ser. Como si le ofrece cuatro vicepresidencias. No parece muy probable que Feijóo deje Galiza para irse a Madrid a morir con Rajoy, en medio de Soraya, de Cospedal y del resto de monjes y monjas de clausura que se mantienen fieles al presidente y que están dispuestos a acampar a su lado hasta el instante final. ¿Qué haría Feijóo entre toda esa gente si aquí le va divinamente? ¿Ser ministro durante un par de años y luego presentarse a la alcaldía de Os Peares?

La única sucesión de acontecimientos que llevarían a Madrid a Feijóo sería más o menos la siguiente: Rajoy se hunde en las próximas elecciones, que serán cuando él lo decida porque nadie le va a poner una moción de censura que pueda prosperar y puede prorrogar los presupuestos si le da la gana; con él, caen todos sus fieles, los que podrían disputarle el poder. Y de la nada resultante emerge la figura de Feijóo. El partido, que se ve al borde del abismo llama a Feijóo y uno a uno los militantes pasan por su despacho a besarle el anillo mientras se cierra la puerta. Y con todo y eso, Feijóo tendría que ver un horizonte despejado, con manos libres para actuar a su antojo y posibilidades reales de recuperar el poder en cuestión de poco tiempo. Y para ello tendría que tener asegurada su sucesión en Galiza, pues no sería una gran idea ir a recuperar Madrid mientras entrega su feudo a un pacto entre izquierdas y nacionalistas.

Ni Rajoy se mueve de Moncloa ni Feijóo se va a Madrid. Si no lo han conseguido todas las catástrofes que han rodeado a PP en los últimos años, menos lo va a conseguir la voluntad de dos hombres que se encuentran muy a gusto donde están: el uno por irresponsable, pues no hay persona en el mundo capaz de aferrarse a un cargo como Rajoy; el otro, Feijóo porque ni lo quiere ni lo necesita. Si algún día Feijóo da el paso será para presidir España, no para ver cómo su partido se disuelve mientras él trata de salvar cuatro muebles.

Los que quieren ver a Feijóo en Madrid como única posibilidad de salvación no se dan cuenta de que a Feijóo le va estupendamente porque es el único que no ha querido irse a Madrid. En las últimas autonómicas, Feijóo sacó las siglas del PP de su campaña y mandó a Rajoy a hacer campaña a Avión. Eso es Rajoy para Feijóo: el que le hace campaña en Avión.

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