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Gripalizar la política

Pablo Casado, en una explotación ganadera extensiva, el viernes. EFE
Pablo Casado, en una explotación ganadera extensiva, el viernes. EFE

Ahora resulta que hay que gripalizar. Lo dijo el otro día Pedro Sánchez: "Hay que gripalizar la covid". ¿Qué necesidad había, Pedro? Es que entre eso y lo de Miguel Bosé igual no hay tanta distancia. La pandemia nos hace decir tonterías así, a lo loco. A mí me recuerda a una novela de Fernández Flórez en la que proponía la socialización del fútbol. Significaba eso que todos los jugadores tuvieran el mismo éxito, así que el protagonista, un profesor de Educación Física, formaba dos equipos entre su alumnado y les ordenaba empatar para que nadie se sintiera mejor o peor. Luego, ante las quejas de algunos padres porque otros niños metían más goles que sus hijos, dispuso que todos los jugadores de ambos equipos debían marcar el mismo número de goles.

La gripalización de la pandemia es como la socialización de los goles: una tontería sin significado, un lema. En España no se debe hablar con claridad. Es mejor inventar palabrejas y decir tonterías. Mire usted la que le cayó al ministro de Consumo por exponer una situación tal como es. Llevamos dos semanas hablando de eso. Lo que dijo es que no es lo mismo tener a unas vacas pastando a campo abierto que recluirlas en una fábrica de carne donde son maltratadas, hacinadas, alimentadas con piensos industriales y por todo ello, además de contaminar muchísimo, dan carne de peor calidad. Eso lo entiende hasta una vaca, pero venga a poner a parir al ministro por decir lo que saben todos los ganaderos del mundo y algunos consumidores.

Si Garzón hubiera dicho: "Hay que rodaballizar la ganadería", los titulares elogiosos nos aplastarían, porque como eso no existe y nadie lo entiende, hasta parece una expresión inteligente, una frase sacada de un laboratorio de ideas brillantes. También es verdad que en lo de Garzón, de tanto hablarlo, muchos aprendimos la diferencia entre ganadería extensiva y la intensiva. Pablo Casado no. Pablo Casado fue a una ganadería extensiva, de las menos dañinas para el animal, para elogiar a esa otra ganadería industrial mientras al fondo las vacas rumiaban plácidamente. Le preguntaron por qué convocaba a la prensa en una ganadería extensiva y no en una de las otras y dijo que sin problema, que en breve irá a Palencia y allí volverá a hablar desde una intensiva. Quiero verlo y sobre todo escucharlo, si los mugidos de las vacas tristes y agonizantes me lo permiten. A ver si repite eso de que la ganadería intensiva procesa los procesos, otra frase ingeniosa. Si hasta inventaron la madre de todos los eslóganes: "Ganadería o comunismo", como si nunca el comunismo hubiera dado una ganadería, que es como darnos a elegir entre gripalización o rodaballización.

De Alberto Garzón se puede decir lo que se quiera: que su ministerio carece de contenido, que es comunista, que ataca a la industria, yo qué sé; pero no se le puede acusar de no hablar con claridad, que es, al parecer, lo peor que puede hacer hoy en día un líder, explicar su visión de las cosas de tal manera que lo entienda quien quiera. Lo que ahora se lleva es lanzar mensajes carentes de todo significado para que nuestros cerebros de mosquito puedan rellenar el lema con un poco de imaginación o simplemente aceptar sin más que vamos a gripalizar la covid, a socializar los goles y a admitir que no se puede ser a un tiempo ganadero y comunista.

De tanto estirar el tema, mucha gente, quiero creer, o al menos alguna, habrá entendido a estas alturas que Garzón no dijo ninguna tontería. Así supimos que muchos concellos y comunidades autónomas, del PP entre otras, han impuesto moratorias a la ganadería chunga, la que masifica la producción a costa de provocar al animal un sufrimiento añadido al de su sacrificio. Las imágenes de las granjas intensivas de cerdos, vacas y pollos son estremecedoras. Búsquelas en Youtube, que las hay a cientos. Allí los animales vivos son tratados de una manera inhumana, innecesariamente cruel, como si fueran cajas de galletas industriales o mazorcas de maíz, como si fueran artículos inanimados que no sienten ni padecen.

Han salido también algunos ganaderos de los buenos, de los que cuidan y protegen a sus animales, dándole toda la razón ante la competencia desleal de las macrogranjas. O sea que explicarse con argumentos, a medio plazo, puede estar bien. Ojalá todos y todas lo hicieran, tratar a los electores como adultos con capacidad para discernir y no volver a hablarnos jamás de gripalización, ni darnos a elegir entre ganadería o comunismo, por favor. Un poco de seriedad. Menos lemas y menos palabrejas. Claridad, que ya unos y otras decidiremos a quién dar la razón.

Reducir los mensajes hasta convertirlos en la nada absoluta no es bueno, les digan lo que les digan. La política no se hace a base de frases cortas, que es como a mí me gusta escribir, de ahí que no me dedique a la política. Ya. Es así. Lo sé. ¿Lo ve? Pues eso.

Los argumentos se echan de menos, el pensamiento y el razonamiento. Ya no es cosa de pedir imposibles, como que se nos llenen los parlamentos de gente ilustrada. Quizá haya que gripalizar la política.

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