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Hay que bromear en serio

Ian Anderson. ADP
photo_camera Ian Anderson. ADP

EL VIERNES 7 de enero de 1972, el periódico británico St. Cleve Chronical sacó la noticia en portada. Gerald Bostock, un niño prodigio de 8 años, había recibido un premio de poesía. En la foto sale el pequeño Bostock recibiendo el cheque que venía con el galardón. Continúa el St. Cleve informando de que al poeta, apodado Little Milton en homenaje a Jonh Milton, le habían retirado el premio. Revisados los versos por el jurado, fueron considerados demasiado oscuros y tenebrosos para un niño de su edad. Varias siquiatras habían opinado de que un niño que escribía esas cosas no estaba bien de la cabeza. Por otra parte, en un programa de la BBC dedicado a cultura infantil, Gerald Bostock había pronunciado una palabra malsonante tras recitar su poema. Se completaba la noticia con unas declaraciones del padre quejándose de que no podría atender los vencimientos de la Enciclopedia Británica que le habían comprado al chaval.

Ahora se viene usted al principio. Un año antes, la banda Jethro Tull había publicado su álbum Aqualung, que fue comprado masivamente y muy elogiado por la crítica, pero el líder del grupo, Ian Anderson se enfadó muchísimo, pues los analistas lo habían catalogado como una obra maestra de la música conceptual y del rock progresivo, y según el autor y letrista de todo aquel disco, Aqualung ni era conceptual ni era progresivo. Tan mal le sentó aquello que decidió que su siguiente disco, Thick as a Brick, sería una tremenda parodia de todas aquellas etiquetas de las que renegaba. Si bandas como Yes, Pink Floyd, Genesis o Camel hacían canciones de 12 o 17 minutos, Jethro Tull sacaría un tema de tres cuartos de hora; si todos hacían un uso abusivo de los teclados, ellos lo harían más. Si todas aquellas referencias del rollo conceptual y progresivo escribían letras profundas y crípticas, Ian Anderson se reiría de ellas con un poema que no tendría pies ni cabeza. Sería la gran burla a la crítica y a las bandas que enarbolaban orgullosamente y con todo merecimiento las banderas de la música conceptual y del rock progresivo. Si eso querían los críticos, eso les darían, pero a lo bestia.

Según Anderson, 'Aqualung' ni era conceptual ni era progresivo

La parte conceptual no era demasiado complicada. Ya lo habían hecho Te Beatles con Sgt. Pepper’s y antes los Beach Boys con Pet Sounds. Se trataba de concebir un disco de larga duración como una obra completa, no como un recopilatorio de canciones sueltas. Eran obras que respondían a una temática y a un estilismo uniforme o al menos coherente. Muchas bandas estaban en ello, y por eso en un momento se invirtió la tendencia de sacar singles y luego reunirlos en un LP para hacer lo contrario. Hacer primero el LP y posteriormente extraer y publicar las piezas sueltas. Pero ya que Jethro Tull hacía arte conceptual, llevarían el concepto a su máxima expresión.

En cuanto a lo del rock progresivo, si escucha usted Aqualung, estará de acuerdo conmigo y con Ian Anderson en que Aqualung no es eso ni nada que se le parezca, salvo que nos pongamos a analizar el disco entero buscando atisbos de fragmentos a los que se le pueda colgar esa etiqueta. El rock progresivo pretendía superar las tendencias anteriores y elevarlas a base de virtuosismo y experimentación.

El trabajo de composición y ensayos de Thick as a Brick se realizó en tres semanas. Por las mañanas, Ian Anderson iba escribiendo la música y el poema y por las tardes toda la banda ensayaba sin que ninguno de ellos supieran qué iban a hacer al día siguiente. Total, estaban trabajando en una parodia que no entendían ni algunos de los músicos. Sabían que su líder quería reírse de todas aquellas tendencias de moda, pero no sabían para qué. Creo que ni el propio compositor lo tenía demasiado claro. Estaban forrados y se le ocurrió hacer una burla de todas aquellas tendencias y de la crítica ampulosa que tanto las ensalzaba.

Thick as a Brick se grabó en dos semanas. Con las tres que dedicaron a componer y ensayar esa canción de casi 45 minutos, en poco más de un mes el disco estaba en la calle. Una parodia, una burla, una contracrítica no merecía más dedicación que cinco semanas. La gran burla comenzaba en la carátula del disco. La sacaba usted de la funda y se desplegaba un periódico, el único ejemplar que publicó el St. Cleve Chronical, el de la portada del inexistente niño poeta al que le habían retirado el premio. En páginas interiores se reproduce el poema íntegro, que es la letra de Thick as a Brick y entre otras noticias se cuenta que sobre el niño poeta de ocho años, Gerald Bostock, pesaba la acusación de haber embarazado a una amiga suya de 14. Si quieren un rollo conceptual, pensó Ian Anderson, hasta nos inventamos una historia de un niño poeta y le hacemos un periódico de 16 páginas, y en cuanto al asunto progresivo, lo que hacen los otros lo hacemos improvisando cada día un poco hasta que nos salga la canción más larga, más conceptual y más progresiva.

Hoy, Thick as a Brick es considerada como una de las grandes obras maestras de lo conceptual y de lo progresivo, muy a pesar de su autor. Nadie entendió el chiste. No hace mucho, un frustrado Ian Anderson, para poner las cosas claras, decía que Thick as a Brick es al rock progresivo lo que Aterriza como puedas al cine de catástrofes aéreas. Mejor no se puede explicar, pero a pesar de que nadie lo entendió, ese disco fue número uno en ventas en más de medio mundo, empezando por los EEUU y es la magna obra de Ian Anderson y de Jethro Tull. Hay que tener cuidado con los chistes. Si nadie los entiende, pueden encumbrar al cómico.

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