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La lengua vehicular

El presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo. EFE
El presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo. EFE

De entre todas las cuestiones que definen a Galiza como un país diferenciado de los demás, el idioma es la más destacable por razones obvias. No vamos a perder el tiempo en razonar algo que es evidente y en lo que todo el mundo está de acuerdo. Por eso sorprende que el primero de los gallegos, el que nos representa a todos por haber ganado justamente unas elecciones con mayoría absoluta, no haya perdido ni un segundo en anunciar que en Galiza no se aplicará el articulado de la Ley Celaá en lo que se refiere a la eliminación del castellano como lengua vehicular.

Yo no lo entiendo. Siempre les digo a los de fuera que el PP gallego arrasa en las autonómicas porque desde tiempos de Albor, luego de Fraga y hoy de Feijóo se presenta como un partido galeguista y la mayoría de la población gallega es galeguista. En campaña no se ve una bandera española, los lemas y los símbolos que se exhiben son gallegos y en gallego, como los discursos y los mensajes del candidato en las redes sociales. Por eso decepciona comprobar que es un galeguismo de salón y de ida y vuelta. Este presidente que gana elecciones por galeguista propone un galeguismo cambiante. Me pregunto qué necesidad tenía de hacer esas declaraciones negando al gallego como lengua vehicular en la educación.

Puede que lo haga por mantener una puerta abierta en Madrid, pero no lo creo. Ese tren ya le pasó y lo dejó marchar. No cabe otra explicación que la de echarle una mano a Casado, que el pobre no lo está pasando bien en su nuevo viaje al centro. Pero había mil otros motivos de la Ley de Educación a los que el presidente gallego podía aferrarse para echar un capote a Casado. Que haya elegido precisamente el de la lengua es algo desconcertante que me mantiene en vilo. A ningún president catalán ni a un lehendakari se le ocurriría saltar a defender el castellano como lengua vehicular ni aunque fueran del PP, que nunca lo han sido ni lo serán.

Comprar el mensaje de Hablamos Español es un error de garrafa. Puede que un murciano o un extremeño se crean la milonga de que el castellano pierde terreno en Galiza frente al gallego, pero no hay gallego ni gallega en Galiza que crea que el gallego se impone y el castellano corre el peligro de desaparecer. La líder de Hablamos Español, Gloria Lago, es un personaje que arrastra una cantidad de traumas, creo yo, y quiere convencer al mundo de que en los países del Estado español con lengua propia adoctrinamos a los niños para convertirlos en independentistas que odien a todo lo que nos venga de España.

No es la primera vez que el PP gallego se arrima al discurso antigaleguista y ultraespañolista de Gloria Lago. La última vez que lo hicieron no gobernaban y se entiende que quisieran arañar un puñado de votos por ese camino, pero ahora de verdad que no se entiende. Bien nos vendría recordar al Padre Sarmiento, quien en carta a su hermano Luis le pedía que antes de enseñar ni media palabra en castellano a su hijo le enseñara a hablar y escribir su lengua nativa, el gallego. Eso ya no era pedir que el gallego fuera vehicular, sino poner al castellano a la altura del inglés o del alemán.

Es el gallego el que lleva siglos vilipendiado y menospreciado

No, el castellano no corre ni correrá peligro en Galiza ni en Euskadi ni en Catalunya ni el Valencia. No es la lengua que hay que proteger. Es el gallego el que lleva siglos vilipendiado y menospreciado cuando no directamente prohibido, tratado como lengua de paletos. Y ahora es cuando usted se preguntará por qué esto no lo escribo en gallego. Pues yo se lo explico: viví mi infancia y mi adolescencia en México. Allí aprendí a hablar gallego, que era la lengua que a mis hermanos y a mí nos enseñó nuestro padre. Hablo, pienso y sueño en gallego, pero nadie me enseñó a escribirlo ni yo, culpa mía, me tomé la molestia de aprenderlo. Y eso me duele porque es mi gran asignatura pendiente. Me cuesta horrores. Escribí un par de libros en gallego y los guiones de dos cómics muy celebrados, de un documental y de cuatro cortos de animación infantil. Ya quisiera yo escribir un gallego como el de María Varela, Ramón Rozas, Belén López o Jaureguizar, por citar a unos pocos compañeros, aunque bien podría hacer una lista con cientos de autores y autoras.

Por eso mismo, porque a mí nadie me lo enseñó, es por lo que reclamo que se le enseñe a los niños y niñas gallegas. Y al que me venga con el consabido argumento de «es que el gallego no sirve de nada fuera de Galicia», ya ni me molesto en explicar que en cualquier país lusófono es muy útil. Me basta con que sea útil en Galiza, que es donde uno tiene la oportunidad de hablarlo a diario, como los noruegos, que hablan en noruego para entenderse entre ellos, que es con los primeros con quienes se tienen que comunicar.

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